En un escenario literario donde las rivalidades suelen nublar el horizonte creativo, la generosidad de Mario Vargas Llosa brilló como un faro intelectual.
Mientras muchos se enredan en la competencia por el aplauso, él no dudó en tender la mano a voces emergentes: desde su entusiasta respaldo a Leila Guerriero con Plano americano hasta su impulso decisivo a Irene Vallejo y El infinito en un junco.
Su generosidad nos recuerda que la literatura es, antes que nada, un acto de comunión. En un mundo donde abunda el encono, estos gestos de Vargas Llosa cubren de fraternidad y esperanza a lectores y escritores.
Gratitud en plano americano
La argentina Leila Guerriero publicó, en 2013, Plano americano, en el cual despliega la maestría del periodismo narrativo a través de perfiles de personalidades emblemáticas.
Entre ellos, el retrato de Pedro Henríquez Ureña destaca por la precisión, el rigor y la capacidad de reconstruir, con una mirada casi humanística, el temple de un pensador que trasciende su tiempo.
Filólogo, ensayista y humanista dominicano, Henríquez Ureña (1884–1946) fue un intelectual defensor de la unidad cultural hispanoamericana y figura clave en la historia del pensamiento crítico de la región.
Su vida estuvo marcada por el cosmopolitismo y una incesante vocación pedagógica.
La argentina Leila Guerriero publicó, en 2013, Plano americano, en el cual despliega la maestría del periodismo narrativo a través de perfiles de personalidades emblemáticas.
La historia escrita por Guerriero le llegó a Mario Vargas Llosa, como tantos libros le llegan. Aún no conocía a su autora. Cuenta que hojeó la obra y se encontró con el capítulo de Ureña. Entonces, empezó a leer.
Para el Nobel peruano, el humanista dominicano representaba lo mejor de la inteligencia latinoamericana: una figura que trabajó por tender puentes entre países, culturas y generaciones mediante un compromiso con la verdad.
El eximio escritor encontró en el tratamiento de Guerriero una convergencia entre la investigación periodística y la belleza literaria.
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En su afamada columna Piedra de toque —diario El País— del 14 de julio del 2014 titulada Periodismo y creación: Plano americano, el ilustre arequipeño se sumerge en dicho compendio y se conmueve ante la capacidad de la escritora argentina para recrear la vida de sus sujetos con una exactitud casi matemática.
El descubrimiento del capítulo sobre Henríquez Ureña lo detuvo en seco: su fascinación por esa figura intelectual lo llevó a leer sin interrupciones el resto del libro.

“No pude parar la lectura hasta la última página”, confesó Vargas Llosa en su artículo, maravillado por la forma en que Guerriero rescataba al maestro dominicano, reconstruyendo con elegancia su muerte solitaria en un tren de Buenos Aires y su vida educativa.
Varguitas resaltó cómo la escritora logra transformar la labor de informar en un acto artístico. Su admiración no solo se dirige a su libro, sino también al personaje que ella perfila. Vargas Llosa decía que Ureña encarnaba una forma de militancia cultural que no conocía el oportunismo ni el cinismo.
La generosidad de Vargas Llosa con dicho libro se consuma en un acto de reconocimiento sin ningún interés más que el saber por saber. A partir de ese gesto, las próximas obras de Guerreiro serán de gran acogida para toda Latinoamérica.
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Tras el fallecimiento del maestro el 13 de abril de 2025, la periodista juninense publicó en El País la columna nombrada Mario Vargas Llosa, un hombre hecho de literatura.
Allí, además de repasar con sensibilidad la vida del Nobel de Literatura, contó lo que significó para ella aquel elogio súbito y luminoso que él le dedicó. Su testimonio no es solo el de un prójimo agradecido, sino el de una escritora consciente del raro valor de la generosidad entre el mundo de la élite literaria.
El infinito gracias a Varguitas
En un gesto inesperado, Mario Vargas Llosa respaldó cuando aún era casi desconocida a la escritora Irene Vallejo con su obra El infinito en un junco (2019). De esta manera, contribuyó capitalmente a su expansión internacional.
Según relata Vallejo en un emotivo post de Instagram tras el deceso del peruano: “Mario Vargas Llosa, sin conocerme, apoyó públicamente El infinito en un junco, casi recién salido de la imprenta, cuando apenas nadie había oído hablar de ese libro extravagante ni de mí”.
Aquella recomendación, pronunciada desde su inmensa autoridad literaria, abrió puertas de distribución en España y alentó traducciones en múltiples idiomas, convirtiendo la obra en un éxito global que parecía improbable.

Vallejo, filóloga y ensayista zaragozana, concibió El infinito en un junco como un homenaje a la historia del libro y la escritura desde el mundo antiguo.
Gracias al aval de Vargas Llosa —“un regalo que no me hubiera atrevido a pedir”, confiesa— su ensayo encontró lectores en más de veinte países, consolidando a la autora como una voz imprescindible de la lengua española.
“Mario es tanto que es difícil resumirlo con el nudo en la garganta […] Recuerdo sus libros y sus novelas desde siempre. En la familia eran motivo de conversación, las pasábamos de mano en mano, las discutíamos apasionadamente.
Tengo una prima que se llama Aída por Conversación en la catedral. El último libro que leyó mi padre antes de morir fue La fiesta del chivo. Con Mario aprendimos que la historia no es un telón de fondo, sino la materia misma de lo humano.
Gracias a sus libros recordamos que, aunque la historia tienda a ser desastrosa, en la lectura de los buenos libros encontramos archipiélagos de auténtica felicidad”, expresó en la décima edición del Hay Festival Arequipa en 2024.
Contarlo todo de Marito
Vargas Llosa fue uno de los primeros lectores de la novela de Jeremías Gamboa: Contarlo todo (2013). Gamboa fue «bendecido” por Marito debido al estilo de la prosa y la historia descarnada de esta novela. Este reconocimiento temprano fue crucial para establecer una fama sobre el escritor.
El respaldo público de Llosa a Gamboa lo posicionó como un posible sucesor del reconocido autor peruano ante el mundo literario.
El artículo Jeremías Gamboa: ‘Un par de veces, Vargas Llosa me tiró de las orejas sugiere que Vargas Llosa le brindó consejos y críticas.

El apoyo de Vargas Llosa elevó el perfil de Gamboa, tanto a nivel nacional como internacional. Todos los dominicales del Perú y del mundo posicionaron el ojo mediático en el novel escritor.
«De todas las cosas que he leído me ha impresionado mucho la novela Contarlo todo, del joven peruano Jeremías Gamboa. Se trata de una novela ambiciosa, probablemente basada en la vida del autor», dijo el premio nobel en la Feria del Libro de Guadalajara.
Vargas Llosa le presentó a Gamboa a su legendaria agente, Carmen Balcells, quien ordenó el desarrollo de una intensa campaña de márketing para promocionar la novela Contarlo todo.
A partir de este hecho, Gamboa empezó a recibir invitaciones a festivales y eventos literarios, como la Filba de Buenos Aires y la Feria Internacional del Libro de Viña del Mar.


