InicioFrutos ExtrañosLos tres potajes del tío Pancho, un cuento de Gerson Ramirez

Los tres potajes del tío Pancho, un cuento de Gerson Ramirez

Escribe Gerson Ramírez Ávila

                                                                  1

Toc toc toc toc.

––¿Quién es?

––¡Yo, ábreme!

––¡Jesús y María!, ¿no era que ya te habías muerto?

Así le preguntó su mujer al tío Pancho la primera vez que regresó de la muerte convertido en una lechuza.

––¡Zulema! ––la llamó ese día.

––¡Que quieres! ––le dijo, sin dejar de atizar el fuego; más molesta que asustada, porque ya era muy vieja como para estar teniéndole miedo a los difuntos.

––He venido porque el último día que estuvimos juntos yo había querido comer un dulce de guayabas y como tú no lo preparaste, todavía estoy con las ganas. Hazlo, por favor, Zulemita, y repártelo entre todos los que vengan mañana a visitarte. A mí me dejas mi parte al pie de la hamaca.

––¡Jesús y María!, ¿no era que ya te habías muerto?

Así le preguntó su mujer al tío Pancho la primera vez que regresó de la muerte convertido en una lechuza.

Zulema preparó una olla de dulce y cumplió con su palabra; pero el tío Pancho no quedó conforme con eso y no tardó mucho tiempo en regresar.

––¿Zulema?… ¿Viejita? ––la llamó sin que ella sepa de dónde venía esa voz.

––¡Aquí estoy, mujer!, ¡ya deja la cama!…

Salió del cuarto y lo encontró parado sobre una vaca, porque aquella vez regresó convertido en un guardacaballo. Zulema se acercó y lo miró con ojos de reproche.

––¿Y ahora?

––Ya vine de nuevo porque me sueño todos los días con ese dulce de chiclayo que hacías los domingos. ¡Prepáralo, Zulemita!, y déjame mi parte entre los guabos más viejos que están cerca del camino.

La tía Zulema se negó al principio.

––¿Tú crees que yo me he quedado a zanganear? Quién crees que parte la leña y corta el pasto para los animales…

El tío Pancho alzó el vuelo y se posó en un viejo guabo.

––¡Zulemita!, qué quieres que haga, si solo a ti puedo pedirte un favor como este…

Zulema se rascó la cabeza y a regañadientes prometió cumplir con el encargo.

                                                              

 2

Llegó el invierno. Los pájaros se regodeaban taciturnos entre la fronda de los árboles por la ola de frío que cubrió el campo de monotonía. Una noche, mientras su esposa se alistaba para dormir, el tío Pancho regresó convertido en un peche rojo.

––¿Estás despierta todavía?

––¡Claro! ¡Y seguro que vuelves por otro favorcito!

El peche rojo voló desde la rama del mango donde se había posado hasta el pie de la cama.

––¡Y qué quieres ahora! ––le preguntó, recostándose.

––Me gustaría probar por última vez una chichita de ciruela… Tú la preparabas para mi cumpleaños, ¿recuerdas? A mí me dejas un poto grande entre los sacos del maíz de la última cosecha.

––¡Ya veré, viejo antojado y quita sueño! ––le dijo, antes de cubrirse de pies a cabeza con la frazada.

Zulema tuvo que esperar hasta el verano para recoger los primeros frutos y cumplir con su promesa. Cuando la chicha estuvo lista, le acomodó un poto entre los sacos del maíz y encontró una bolsita de tela oscura; quiso abrirla, pero el tío Pancho se apareció al pie de la ventana convertido en chisco.

––¡Déjame ahí la bolsita, Zulemita!, ¡déjame ahí la bolsita!

––¿Qué guardas en esa bolsa mohosa? ––preguntó.

––Es mi checo…

––¿Tu checo?

Me gustaría probar por última vez una chichita de ciruela… Tú la preparabas para mi cumpleaños, ¿recuerdas? A mí me dejas un poto grande entre los sacos del maíz de la última cosecha.

––Sí. ¿Acaso ya no te acuerdas que yo siempre decía que cuando me vaya iba a llevarme mi checo? No recordaba dónde lo había soltado, si entre los espinos, los guabos viejos o los sacos del maíz… Pero no podía decírtelo porque las cosas que aquí se quedan deben buscarlas los vivos. Ahora sí, échalo en el río y él me lo dará mañana. Adiós, Zulemita…

Cuando el tío Pancho extendió las alas para marcharse, su esposa lo detuvo de un grito:

––¡Espérate, Francisco!

Y mi tío se detuvo, porque ella solo le decía Francisco cuando tenía que hablarle de asuntos muy serios.

––Háblame pronto, mujer, que ahora sí tengo apuro…

Zulema frunció el ceño y juntó sus manos a la espalda.

––Ya tengo ochenta y dos años, Francisco, y a veces me siento muy cansada. ¿No quieres que te acompañe?

Gerson Ramírez, cuento Los tres potajes del tío Pancho

El tío Pancho se inclinó sobre la rama y un instante ocultó la cabeza entre las alas. Luego de un breve silencio le preguntó:

––¿Estás segura, Zulemita?

––Claro, hombre… Yo nunca hablo por las puras…

El chisco abrió las alas y se posó en el hombro de Zulema.

––Entonces, ya no lleves mi checo al río; esta noche acuéstate en mi hamaca y mañana me verás…

––¿Tan fácil, hombre de Dios? ¡Entonces, hasta mañana!

Y como Pancho y Zulema amaron siempre la campiña, aparecen cualquier día en lo que fueron sus chacras y se alegran de su nieto que todavía cultiva la tierra. Él llega convertido en chisco y ella, en una hermosa cucula.


*Gerson Ramírez Ávila  / Laredo, 1969

Docente de Educación Secundaria con mención en Lengua y Literatura egresado de la Universidad Nacional de Trujillo y Magíster en Educación con mención en Didáctica de la Educación Superior egresado de la UPAO. 

I Premio, Juegos Florales Universitarios «Luis Hernández Camarero» (1996); Finalista, Concurso Internacional de Microrrelatos «Bibliotecuento» (2016). 

Ha publicado los libros de cuentos Los intrusos (2005), Cenaremos en Madrid (2009); los libros de relatos infantiles Cuentos de la campiña (2015), Filomeno, el oso guardián (2018); las novela El oráculo de Diofanto (2012) y El nombre de los días (2023). Desde el 2011, dirige en Laredo el proyecto de difusión del libro y la lectura «A leer se ha dicho».

Los tres potajes del tío Pancho forman parte del libro Cuento liberteño / Panorama actual 1 de Carlos Santa María.

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