La Navidad es una fecha para recordar a los seres queridos que ya no están. Por eso, muchos familiares acuden al cementerio para llevar flores, velas y oraciones a las tumbas de sus difuntos. Un gesto de amor y respeto que trasciende la muerte. “La muerte no es el final de todo. Es solo el fin de una forma de existir”, escribió Víctor Hugo.
El cementerio se convierte así en un espacio de encuentro, de nostalgia y de esperanza. Los familiares comparten recuerdos, anécdotas y sentimientos con los que se fueron.
También expresan sus deseos, sus proyectos y sus sueños con los que se quedan. Una forma de celebrar la vida y la memoria. El poeta chileno Pablo Neruda rimó que “no hay muerte, hay mudanza. Y al otro lado te espera la gente que amas”.

La Navidad, entonces, es una fecha para reflexionar sobre el sentido de la existencia, el valor de las relaciones y el propósito de la felicidad. Una oportunidad para renovar la fe, la esperanza y el amor. “La vida es un regalo de Dios, y la muerte es otro”, dijo Friedrich Nietzsch.
En Trujillo se ponderan todas las expresiones de Navidad y la muerte. Por esos los camposantos son lugares bastante visitados en estas fechas.













