Cientos de contenedores de basura permanecieron durante unas horas en la plaza mayor de Trujillo. La municipalidad provincial, durante la actual gestión del alcalde Mario Reyna Rodríguez, utilizó nuevamente el principal ícono monumental de la ciudad como un improvisado patio de maniobras.
De paso violó su propia norma municipal.
Esta práctica —llenar la plaza de depósitos de basura— replica una costumbre que ya había sido ampliamente criticada en la administración de su antecesor, Arturo Fernández.
En aquel entonces, el parque sirvió para fines impensados: ferias comerciales, vitrinas de productos, estacionamiento de vehículos e, incluso, cocina de chancho al palo.
La excusa de esta vez fue logística. La MPT anunció la llegada de un nuevo lote de 300 contenedores de residuos domiciliarios de 1 100 litros de capacidad y, antes de distribuirlos a los puntos críticos de la ciudad, decidió concentrarlos durante unas horas en la Plaza de Armas.
Hoy, la imagen es otra, pero el fondo es el mismo: la Municipalidad sigue tratando el espacio público más valioso de Trujillo como un depósito, aunque sea temporal.
La excusa de esta vez fue logística. La MPT anunció la llegada de un nuevo lote de 300 contenedores de residuos domiciliarios de 1 100 litros de capacidad —adquiridos para el Servicio de Gestión Ambiental de Trujillo (Segat)— y, antes de distribuirlos a los puntos críticos de la ciudad, decidió concentrarlos durante unas horas en la Plaza de Armas.

“Hay contenedores que han cumplido su ciclo y se van a retirar para cambiarlos con los que están llegando”, dijo el gerente de Gestión Ambiental del Segat, Paul del Carpio Sedano, quien pidió a los vecinos que ayuden a cuidarlos, porque hay muchos que fueron quemados.
Las imágenes de los flamantes depósitos de polietileno de alta seguridad ocupando el frontis de la comuna dieron la vuelta, gracia a las redes.
Pero el hecho de que la estancia haya sido breve no justifica el mal precedente: el centro histórico no puede convertirse cada vez que haya una recepción de materiales en un centro de acopio improvisado.
Trujillo: con violación a norma edil
Resulta aún más contradictorio si se recuerda que la Ordenanza Municipal N.° 009-2018-MPT que aprueba el Reglamento de Zonas y Vías de Restricciones de Transporte de Mercancías y de Pasajeros al Continuo Urbano de la Ciudad de Trujillo.
El dispositivo regula la circulación de vehículos de carga pesada dentro del Centro Histórico y restringe el ingreso de transporte de mercancías en el perímetro de la avenida España a horarios nocturnos, perso solo de algunos vehículos:

La norma es clara. Al centro histórico solo puede ingresar camiones, furgones, cisternas, tanques, quillas, volquetes de hastas 3,5 toneladas; pero no un trailer de remolque como el que ha usado la comuna.
El propósito de restringir el paso de unidades pesadas en algunos sectores de la ciudad está relacionado con la reducción de situaciones negativas generadas por el transporte, como son la congestión de las vías, contaminación ambiental por emisiones de gases tóxicos y contaminación sonora, exceso de carga bruta que dañas las pistas y alta accidentabilidad, entre otros aspectos.

La plaza termina convertida así en un escenario donde la gestión municipal desprecia su propio ordenamiento y somete el patrimonio histórico a las prisas logísticas.
Si la actual administración edil realmente quisiera distanciarse de los «usos impensados» y las malas prácticas de la gestión de Arturo Fernández, bastaría con una elemental planificación logística y voluntad política: recepción directa en los puntos críticos, uso de patios municipales alejados del centro para las fases de acopio o, al menos, el traslado inmediato sin hacer escala en la plaza.
Mientras siga repitiendo el mismo libreto de su antecesor, la historia solo cambiará de protagonista, pero los golpes al patrimonio seguirán siendo los mismos.


