Una falsa creencia de nuestra sociedad, de larga data por supuesto, es aceptar que con la sola publicación de una ley se solucionaron todos los problemas que dicho dispositivo legal regula.
Una Ley contra el Terrorismo Urbano es necesaria e importante, claro está, y justo con ese nombre para tener claro el tratamiento que deben tener los que infringen esta pospuesta ley, saber qué conductas se encuentran penadas por esta norma (asalto, robo a mano armada, extorsión, sicariato, etc.) modalidades, consecuencias y un largo etc.

Sin embargo, esto no dará resultados sino se acompaña de todo un engranaje, estructura o sistema que englobe múltiples acciones que debe desplegar el Estado a través de nuestras autoridades y sus diversos poderes u operadores que lo conforman.
Ley contra el Terrorismo Urbano
Debemos entender la necesidad y como requisito sine qua non para iniciar la lucha contra este flagelo social, la voluntad de nuestras autoridades para hacer su trabajo, en absoluta comunión de criterios y unidos con un solo objetivo: la derrota completa de quienes se han dedicado a matar y extorsionar impunemente, a cualquier persona y en cualquier momento, sin distinción. Sin esta unión, cualquier acción caerá en saco roto.

Crear un sistema de inteligencia tanto en la policía y la Fuerzas Armadas que, juntamente con una dirección especializada implementada dentro de estas instituciones se dediquen exclusivamente a perseguir a los cabecillas de cada banda criminal y se encarguen de desmantelarlas y extinguirlas.
Esto no dará resultados sino se acompaña de todo un engranaje, estructura o sistema que englobe múltiples acciones que debe desplegar el Estado a través de nuestras autoridades y sus diversos poderes u operadores que lo conforman.
Con el apoyo paralelo del Ministerio Público y el Poder Judicial, modificando el Código Procesal Penal para este tipo de delitos, siempre protegiendo los derechos fundamentales del debido proceso y a la defensa.
Todo ello debe funcionar en perfecta simetría como las piezas de un reloj, estructurar un sistema que traslade a la realidad nuestra tranquilidad. Si el Estado es incapaz de brindarnos para lo único que fue creado, esto es, seguridad, entonces su existencia se convierte sólo en una mera utopía.
Carlos Talledo Manrique
Abogado Constitucionalista
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