El escritor trujillano Ricardo Alarcón Bazán ha construido un universo literario donde el suspenso, la inquietud y la condición humana se entrelazan. Autor de Poemario 29 (2018), Cuentos para adultos (2019), Cuarenta días en cautiverio (2020) y Caminos Oscuros (2025), se declara admirador confeso de Edgar Allan Poe, influencia que atraviesa su obra y le permite beber del oscuro láudano narrativo para dar vida a historias intensas y perturbadoras.
En su habitación conviven libros ilustrados, juguetes y reliquias que alimentan su imaginación. Ha impartido talleres de escritura creativa y actualmente cursa una maestría en Docencia Universitaria, convencido de que la literatura también se enseña desde la experiencia vital.

Alarcón se describe como adicto a la cafeína, al vino tinto, al Spritz, al hip hop y al fútbol. Entre bromas asegura ocultar bajo su cama el Necronomicón y algunas tentaciones azucaradas.
Cuando las historias se resisten, sale a caminar para despejar la mente; cuando el cuerpo exige movimiento, cambia las páginas por el asfalto y corre en busca de nuevas medallas. Para él, tanto la literatura como el deporte son formas distintas de desafiar los propios límites.

—¿Cómo nació la idea de Caminos Oscuros y qué fue lo que te motivó a escribir un thriller psicológico?
—La idea nació de una inquietud personal: entender hasta dónde puede llegar una persona cuando el miedo, la culpa o la soledad empiezan a gobernar sus decisiones. Siempre me ha fascinado la complejidad de la mente humana. El thriller psicológico fue el vehículo ideal porque me permitió explorar esos conflictos invisibles que, muchas veces, resultan más aterradores que cualquier amenaza física.
—¿Cómo trabajaste la psicología de tus personajes?
—Partí de una premisa muy simple: nadie es completamente bueno ni completamente malo. Todos tenemos luces y sombras. Antes de escribir una escena procuré conocer el pasado, los temores y las motivaciones de cada personaje. Quería que el lector pudiera comprenderlos, incluso cuando no compartiera sus decisiones.
—Eres admirador confeso de Edgar Allan Poe, ¿de qué manera su obra influyó en la atmósfera y el estilo de Caminos Oscuros?
—Poe me enseñó que el verdadero horror nace de la conciencia. Sus relatos demuestran que la culpa, la obsesión y la locura pueden ser más perturbadoras que cualquier monstruo. Esa idea marcó la atmósfera de Caminos Oscuros, pues es un espacio donde la tensión surge del mundo interior de los personajes y donde la incertidumbre acompaña al lector hasta la última página.
—¿Qué retos encontraste al escribir este libro y cómo fue tu rutina durante el proceso creativo?
—El mayor desafío fue mantener el equilibrio entre el suspenso y la profundidad emocional. No quería que la intriga eclipsara a los personajes. Durante el proceso escribía casi todos los días, generalmente por las noches, acompañado de una taza de café. Más que esperar la inspiración, aprendí a confiar en la disciplina.
—Más allá del suspenso, ¿qué reflexión o mensaje esperas que el lector se lleve después de leer la novela?
—Espero que el lector termine el libro haciéndose preguntas. Creo que la literatura no está para ofrecer respuestas definitivas, sino para incomodarnos y obligarnos a mirar hacia dentro. Si después de cerrar la novela alguien reflexiona sobre sus propios miedos, sus decisiones o las batallas silenciosas que todos enfrentamos, sentiré que el libro cumplió su propósito.

—Comparando con tus primeras publicaciones, ¿qué cambios notas en tu estilo y en tu manera de abordar las historias?
—Con el tiempo he aprendido que escribir no consiste en demostrar cuánto sabe uno, sino en emocionar. Hoy soy más paciente, más cuidadoso con el ritmo y mucho más interesado en construir personajes que permanezcan en la memoria del lector. Mi escritura ha ganado serenidad, pero también profundidad.
—¿Tienes alguna manía o hábito cuando te sientas a escribir?
—Siempre hay café. También suelo trabajar con música instrumental porque me ayuda a aislar el ruido cotidiano. Antes de comenzar releo lo escrito el día anterior; es una forma de volver a entrar en el universo de la historia y recuperar el tono narrativo.
—¿De dónde proviene tu inspiración para crear historias que exploran los límites de la mente humana?
—De la vida cotidiana. Me interesa observar cómo reaccionan las personas frente al dolor, la pérdida, la culpa o el amor. Estoy convencido de que las historias más inquietantes no nacen de lo sobrenatural, sino de aquello que ocurre dentro de nosotros y que casi nunca nos atrevemos a decir en voz alta.
—¿Qué viene después de Caminos Oscuros? ¿Estás trabajando ya en una nueva obra o proyecto literario?
—Sí. Actualmente trabajo en nuevos relatos donde el suspenso y la psicología siguen siendo el eje central. Mi propósito es continuar explorando las zonas más complejas de la condición humana, porque creo que allí es donde la literatura encuentra sus preguntas más honestas y sus historias más memorables.
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