Los profesores tiene buena pepa
Los profesores tiene buena pepa porque nadie se libra de ellos. Todos, en algún momento o circunstancia de la vida, nos vamos a cruzar con estos señores que mantienen a la sociedad en funcionamiento. ¿Cómo aprendemos a hacer lo que hacemos si no es por un profesor?
Los profesores toman muchas formas, encuentran la manera de llegar a sus alumnos y destinan parte de su vida para el bienestar de otros. Es, incluso, injusto que los significados Diccionario de la Lengua Española sean tan pobres para uno de los trabajos más significativos y nobles: “Persona que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo”.
A veces, es impagable lo que el profesor ha despertado en el estudiante. Alejandero Magno lo supo: «Estoy en deuda con mi padre por vivir, pero con mi maestro por vivir bien».
El oficio de un profesor tiene buena pepa porque los grandes hombre siempre se acuerdan de ellos. Albert Camus escribió una carta a su profesor Louis para reconocer lo importante que había sido en su vida. Tan indispensable que fue la segunda persona en la que pensó luego de ganar el Premio Nobel de Literatura, solo después de su madre. “Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto”.
Mario Vargas Llosa, en su discurso cuando recibió el Nobel, confesó que lo mejor que le habia pasado en la vida fue aprender a leer a los cinco años, gracias a las clases del hermano Justiniano, un profesor del colegio de la Salle en Cochabamba, Bolivia.
A veces, es impagable lo que el profesor ha despertado en el estudiante. Alejandero Magno lo supo: «Estoy en deuda con mi padre por vivir, pero con mi maestro por vivir bien».
Los grandes maestros son recordados por transformar a los otros. Antenor Orrego inspiró al Grupo Norte a plantearse la realidad de otra forma, sumó sus ideas sobre la libertad de pensamiento y, posteriormente, le dio una forma de enseñar a César Vallejo, el poeta universal. Ciro Alegría, su alumno del Colegio Nacional San Juan de Trujillo, lo rememora con una frase “vamos a conversar”. Una expresión que no buscaba imponer datos, sino despertar ese carácter curioso y observador de un niño.
Los profesores tienen buena pepa porque siempre hacen algo distinto. Un profesor de Educación Física cuidando los exámenes de Matemática, otro intentando encender un proyector en sus ansias de adaptarse a las nuevas tecnologías, un maestro sacándonos a una excursión donde conoceríamos la magia de las clases en cerca de la naturaleza.

En anécdotas que se cuentan con cierta extrañeza, se encuentra una historia de Richard Feynman, el Premio Nobel de la Física, quien intentó explicar los conceptos de la física cuántica a unos alumnos del primer año. Se preparó con mucho esmero durante bastante tiempo y en sus propias palabras no lo logró. Ahí nace una nueva metodología de aprender lo suficiente para poder explicar cualquier concepto a un niño y demuestra que un maestro aprende de sus alumnos tanto como ellos aprenden de él.
Los profesores son buena pepa porque muestran a sus estudiantes que los sueños son alcanzables. El pensar y el soñar están tan cercanos como describiría el profesor John Keating de La sociedad de los poetas muertos, una cinta de 1989; no basta con idear y planear si es que no se vive. Ese es el verdadero carpe diem, cuando un noble humano ejerce su libre albedrío para revelar, dar una nueva forma de vida e inspirar a llegar a nuevas realidades.
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Detrás de una gran persona hay un gran maestro y esto es aceptado hasta en las ficciones. Harry Potter tenía un mentor sabio y compasivo como Albus Dumbledore; pero, también, contaba con una profesora exigente y protectora como McGonagall. El cine no eliminó ese gran sentido de la forja de la personalidad a través de los maestros. Por ello, no podemos olvidar al señor Miyagi enseñándole a luchar a un timorato Daniel Larusso; o a la maestra Miel, quien es la primera adulta que comprende y protege a la brillante Matilda.
El profesor es buena pepa porque enseña incluso fuera de las aulas. Los profesores no siempre se encuentran detrás de un gabinete lleno de certificados, títulos o posgrados. Es lícito mencionar que los maestros más recordados de la antigüedad sostenían grandes ideas desde un pensamiento constante, mucho más allá de lo que podría justificar un papel. “Cuando el alumno está listo, el maestro aparece” menciona una frase popular.
Platón, Aristóteles, Cicerón, Jesús, Diógenes, Confucio, Epicuro, Buda, etc. Todos ellos enseñaron fuera de las aulas y dejaron marcas en distintas facetas del ser humano. El famoso método de la mayéutica socrática cumplió un papel de incentivar a crear propias respuestas en el siglo V a. C.
El profesor tiene buena pepa porque se vuelve la segunda familia después de convivir tantos momentos dentro de un aula. Las vivencias que uno experimena en el colegio o la universidad, tal vez, no vuelvan y los años sigan avanzando sin retorno, pero las enseñanzas que escuchamos en algún momento de un profesor siguen retumbando en los pensamientos de muchos.
Esas ideas buenas que guían nuestro actuar tal vez no sean propias, pero a nuestra forma las interiorizamos; y tal vez en algún momento sea nuestro turno de poder dejar una marca en una persona, de pasar de alumnos a maestros y de ser eternos en la mente de un salón. (Un homenaje de Franklin Oblitas)
Los profesores tiene mala pepa
Los profesores tienen mala pepa porque quienes deberían ser un ejemplo terminan ocupando titulares por razones equivocadas. Entre inicios de abril y finales de julio del 2025, el Ministerio de Educación separó a 944 docentes que registraban condenas o procesos judiciales por delitos graves. Además, 2 472 maestros fueron bloqueados del sistema de contratación para impedir que ingresaran a aulas mientras enfrentaban investigaciones por agresiones, vínculos con el terrorismo, tráfico de sustancias psicoactivas y otras faltas de extrema gravedad.
Los profesores tienen mala pepa porque, como advirtió Charles Dickens hace más de un siglo, algunos todavía se empeñan en formar pequeños loros y pequeñas máquinas de calcular. Docentes formando una escuela que desanima la imaginación y obliga a los alumnos a repetir información sin comprenderla; producen personas obedientes, pero incapaces de pensar por sí mismas. «Los discípulos son la biografía del maestro», apuntaló Domingo Faustino Sarmiento.
Esa crítica sigue vigente, pues aún existen pedagogos que creen que enseñar consiste en dictar o leer diapositivas tan extensas y cargadas de información que producen somnolencia, llenar cuadernos de información y evaluar cuánto memorizó un estudiante a lo largo de un año. Aquellos educadores no ven que la verdadera educación debería despertar la curiosidad del alumno, fomentar el análisis y prepararlos para cuestionar el mundo que los rodea.
Esta forma de enseñanza puede verse reflejada en la película Whiplash, donde la figura del docente se construye desde la exigencia extrema, la presión constante y la humillación como método de corrección
Los profesores tienen mala pepa porque como en la canción Another Brick in the Wall de Pink Floyd, todavía existen docentes que convierten el aula en un espacio de control más que de aprendizaje, como un sistema educativo rígido y autoritario donde hay maestros que humillan, imponen miedo o reducen la enseñanza a la obediencia y la repetición, y así los estudiantes se sentían como otro ladrillo en la pared.
Y como al ritmo de Los Auténticos Decadentes esta problemática también llevaría al extremo del no querer trabajar ni estudiar por el desinterés y cansancio frente a métodos repetitivos o poco motivadores, donde el estudiante se desconecta del proceso educativo y pierde las ganas de aprender, estudiar e incluso de proyectar un futuro.
Los profesores tienen mala pepa porque hay quienes entran al salón con el ceño fruncido y cara de pocos amigos, responden una duda con un «eso ya deberían saberlo», humillan con sarcasmo a aquel que levanta la mano para participar y se equivocan, y disfrutan ver que más de la mitad del salón desaprueba un examen, como si eso fuera una medalla y no una señal de que algo fallaba en su forma de enseñar.

Esta forma de enseñanza puede verse reflejada en la película Whiplash, donde la figura del docente se construye desde la exigencia extrema, la presión constante y la humillación como método de corrección. En ese tipo de dinámica, el error se percibe como una falla inaceptable que debe ser corregida de forma inmediata y, muchas veces, dolorosa; incluso el aula se convierte en un espacio de tensión permanente, donde aprender se transforma en una prueba constante de resistencia.
Los profesores tienen mala pepa porque, muchas veces, el cansancio y la rutina hacen que pierdan el interés por enseñar, con ello transforman su trabajo en tarea completamente mecánica. Esto se puede ver muy bien en el personaje de Edna Krabappel de Los Simpson. Ella representa a esos docentes que han dejado de lado sus labores tras años de completa frustración. Su actitud, siempre acompañada de un cigarrillo y una falta total de entusiasmo, es una crítica a esos profesores que ya no buscan inspirar a nadie y que permiten que el salón se vuelva un desorden donde aprender ya no es lo más importante.
Todo aquello es un síntoma de un sistema que comienza a agonizar poco a poco, pues mientras la enseñanza dependa de figuras que han renunciado a su vocación o que imponen miedo por encima del ser un ejemplo a seguir, las aulas serán lugares de tránsito forzado en lugar de espacios de transformación. (Un desquite de Giovanni Castillo Arroyo)


