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Haya o no haiga regla, habrá lógica en la conjugación

Escribe Luis Quispe Palomino*

Soy de los que likea cada tuit que postea la RAE a través del hashtag #RAEconsultas, se entretiene revisando las novedades del Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) llegado el domingo, consulta los artículos de la Fundéu seguidamente y compra libros de estilo y cuidado de edición a fin de mejorar sus escritos. 

Se puede decir, entonces, que soy un adepto al idioma español y su sistema de corrección, aunque no siempre coincida con alguno de sus preceptos.

Hace unos años, en las redes sociales, me apareció el siguiente titular: “RAE incluyó haiga en su Diccionario”; lo cual, para sorpresa de muchos, dibujó una sonrisa en mi rostro. Porque, sí, estoy a favor de la incorporación de la 3° persona de singular del presente de subjuntivo del verbo “haber” en su variante “haiga”. 

Para desdicha mía, el titular fue amarillista y solo narró lo que ya sabía: “haiga” es un término válido como sinónimo de automóvil en España; por ende, cualquier uso distinto al registrado deviene en vulgarismo, incluso, diría yo, en palabra malsonante.

Porque, sí, estoy a favor de la incorporación de la 3° persona de singular del presente de subjuntivo del verbo “haber” en su variante “haiga”. 

Si acaso he despertado su curiosidad, ahondemos en el tema de por qué existe un tipo de “haiga” recogido en el Diccionario de la Lengua Española (DLE) y otro, que es vilipendiado, no forma parte de la llamada lengua culta.

Sucede que el origen del término “haiga”, entendido como coche, se remonta al escenario de posguerra de la Guerra Civil española (1936-1939). Los emigrantes españoles (indianos), que se habían refugiado en Norteamérica tras la contienda, gozaron de una bonanza económica a diferencia de sus demás compatriotas. 

Al retornar a su país, se establecieron como la nueva clase adinerada de España, llevando consigo ostentosos automóviles como Chevrolet, Chrysler y Cadillac. Por ese entonces dicho sector, en los concesionarios, volvió popular la frase “(Deme) el más grande que haiga”, cuyo uso evidenciaba su gran poder adquisitivo e instrucción escasa.

Al respecto, la lexicógrafa María Moliner, en su Diccionario de uso del español (1967), anotará que este neologismo era propio de las personas toscas e ignorantes que podían adquirir coches lujosos entre los años 40 y 50. Con el tiempo, debido al fenómeno de la metonimia (nombrar a una cosa por otra), “haiga” pasa de verbo a ser sustantivo y llega a asentarse como un término común del habla popular español a mediados del siglo XX. En la actualidad, la RAE conserva tal definición: “Automóvil muy grande y ostentoso (utilizado con sentido irónico), normalmente de origen norteamericano”.

Por otra parte, la aparición de “haiga” como verbo se remonta al siglo XIV, donde “aiga” era frecuente en el español antiguo a inicios de la Edad Media. También hay otros casos similares, por ejemplo, la evolución de “traho” por “traigo”. 

Quiero suponer que, por una suerte de pronunciación para evitar un hiato raro (a-o), el habla reemplazó la “h” por la “y” dándonos la palabra “trayo”. Es así como de ella tenemos registro en la literatura de 1270: “Marauillar te as de las (cosas) que te yo trayo” (General estoria de Alfonso X, el Sabio). Asimismo, existen dos formas más de evitar la formación del hiato: “trago” y “traigo”, imponiéndose este último por ser biensonante.

Precisemos que el modo subjuntivo del verbo expresa una posición incierta del hablante, por ejemplo, los deseos: “Ojalá traiga cena Juan”. Desde una situación analógica, si a “haber” le corresponde el subjuntivo “haya”, para “traer” debiera ser “traya”, pero, no, es “traiga”. 

Y, si faltara menos, el subjuntivo de “caer” es “caiga”, de “oír” es “oiga” y de “roer” es “roya” y su variante “roiga”. Por consiguiente, me parece lógicamente válido que el vulgo use “haiga” en vez de “haya”. Como dice el DPD, esta conjugación no pertenece a la lengua culta, claro que no, pero a la lengua popular sí. Y tiene muchos hablantes. 

¿Existe algún argumento sólido para nunca más pronunciarla? A mi parecer, ninguno. Solo tuvo la mala suerte de no sonar bien fonéticamente. ¿Merece ser catalogado como barbarismo? No. Hay que tener en cuenta que no hay ninguna regla sobre la formación de verbos, a lo mucho un modelo de conjugación, subido en la página oficial de la institución matritense. ¿Debe ser recogido en el Diccionario la variante “haiga”? 

En su labor descriptiva de la lengua, la RAE debiera incluirlo por tres fuertes razones: a) su uso es histórico y antes a la forma “haya”; b) su exclusión obedece a una arbitrariedad motivada por el sistema de corrección de la época; c) existe un gran sector de hablantes que la pronuncia, y no necesariamente personas vulgares, sino personas que ante la ausencia de reglas utilizan la lógica.


*Luis Quispe Palomino (Barrios Altos, 1999). Estudia la carrera de Derecho en la Universidad Privada Antenor Orrego. Ha publicado artículos de opinión y divulgación en las revistas Los Contemporáneos (México) y Taquicardia (Trujillo). En 2020 inauguró el proyecto Disicultura, el cual se ha convertido en la primera editorial de textos de no-ficción, de forma autogestionada, de La Libertad. Actualmente, se desempeña como docente de Lenguaje y corrector de estilo. Reside en Laredo.

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