María López inicia su jornada cuando Trujillo aún duerme. A las cuatro y treinta de la mañana verifica con ansiedad el grifo de su casa, ubicada en los arenales de Alto Trujillo.
«Cuatro días sin agua es normal; cuando llega está turbia, pero la guardamos: lo más sucio para el baño; lo ‘más limpio’ para cocinar», relata mientras muestra ocho baldes de plástico, alineados como soldados.
En su hogar viven ocho personas, por eso el agua se raciona con precisión militar: dos
bidones (de 20 litros) para beber y cocinar, que le cuestan 52 soles semanales, (más de lo que gana en un día de trabajo), tres baldes para lavar la ropa y regar su pequeña huerta, y cero litros para duchas completas.
El ritual del baño (que implica un cuerpo lleno de espuma de jabón y shampoo, y enjuagado con agua a chorro), es una ilusión.
«Nos lavamos por partes, como en época de sequía extrema«, confiesa.

En el siguiente pódcast, la sed de María.
Geografía de la exclusión
En el mundo, 2 200 millones de personas carecen de acceso a agua potable; en Perú, 3.4 millones, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En Alto Trujillo, uno de los distritos más pobres de La Libertad, María es una de las más de 90 mil habitantes que sueña con agua a domicilio. «El agua es casi una desconocida en este desierto habitado«, detalla la fundación AQUAE.

En estas zonas altas, los camiones cisterna dejan estelas de barro seco; mientras que en el centro urbano, las piletas públicas acumulan agua estancada con larvas de mosquito.
Según el Plan de Sedalib, la empresa que administra el valioso recurso hídrico, solo el 68 % del distrito tiene acceso continuó a agua potable; el 32 % de las redes de distribución presentan fugas críticas.
Esto explica por qué, en sectores como El Milagro (otro de los distritos más pobres de La Libertad), el agua llega cuatro días a la semana y con turbiedad que supera las 5 unidades de turbidez nefelométrica (NTU), según un estudio de la Universidad Nacional de Colombia.
La crisis hídrica transita por un circuito perverso: en 2024, se excavaron 150 pozos ilegales en laderas de Trujillo, según la investigación denominada «Evaluación fisicoquímica y microbiológica del agua de consumo humano en seis comunidades rurales altoandinas de Perú» que, además, arrojó contaminación del agua por arsénico en niveles cinco veces superiores a los límites establecidos por la OMS.
Piura: el espejo de un posible futuro
Piura sufrió una grave crisis hídrica en octubre del 2024. Las provincias de Piura, Talara, Paita y Sullana, fueron las más afectas debido a la sequía que afectó el río Chira.
El agua era escasa que, entre más tiempo pasaba, la necesidad básica se convertía en un privilegio, solo el mejor postor podía comprar el derecho de acceder a agua potable, al menos para los alimentos.
La situación en Piura contiene paralelismos críticos con Trujillo: en la región del limón, las represas de Poechos y San Lorenzo alcanzaron solo el 9 % de capacidad, en 2024. Trujillo rosa un futuro parecido: depende del río Santa.
En la Ciudad de la Eterna Primavera, la escasez de agua se relaciona, de manera primaria a los cortes programados de Sedalib (por trabajos de saneamiento) o por la contaminación del río Santa: como informó Buena Pepa, en agosto de 2024, las aguas de los ríos Santa y Tablachaca fueron declaradas no aptas para el consumo humano.
El problema se originó en la vecina Ancash. Un estudio reveló la presencia de elevados niveles de hierro, arsénico y manganeso en estas fuentes hídricas, sustancias que, según las autoridades, tienen su origen en la actividad minera de la región.

”El que no aprende su historia esta condenado ha repetirla” y ambos departamentos
comparten patrones: mercados negros de agua con precios inflados hasta un 300% en verano, y respuestas estatales tardías.
Los más preocupante ya está en marcha. Según la revista The Economist, Trujillo es una de las cuatro de América Latina en riesgo extremadamente alto de padecer escasez de agua.
En abril del 2024, explicó: «Se prevé que, para este año (2025), 1900 millones de personas vivirán en países o regiones que enfrentan una escasez absoluta de agua, y dos tercios de la población mundial podrían estar en una situación de estrés hídrico».
El Estado peruano estima que Trujillo tiene 1 millón 100 mil habitantes y que «el 60 % se abastece con la actual planta de tratamiento de Chavimochic y la diferencia se atiende con pozos de Sedalib, pero hay una gran demanda insatisfecha por atender».
Impacto en la salud
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que “cerca de un millón de personas fallecen cada año a causa de enfermedades diarreicas contraídas como resultado de la insalubridad del agua, de un saneamiento insuficiente o de una mala higiene de las manos”
El Instituto Nacional de Salud (INS) reporta que La Libertad registró 12 500 casos de enfermedades diarreicas agudas (EDA) en 2024, el 30 % de los afectados eran menores de 5 años.
Frente a esta situación, el proyecto «Agua para Trujillo 2030» promete plantas de tratamiento modularizadas; sin embargo, María confía más en su fuerza y en la naturaleza que en las estrategias ediles.
«El camión de la municipalidad pasa cuando puede. Los que vivimos lejos de las avenidas nos volvimos expertos en recolectar lluvia… cuando cae».

Prácticas como las de María fomentan criaderos de zancudos, el mosquito vector del dengue. Según el INS, en el primer trimestre de 2025, se registraron 120 casos de esta mortífera enfermedad.
El binomio pobreza y escasez de agua también dinamita la salud con otras enfermedades: el 25% de hogares peruanos tiene agua de consumo humano contaminada con bacteria Escherichia coli (E. coli), según un estudio de la Universidad Científica.
«Esto representa un problema de salud pública, ya que el consumo de agua contaminada con heces (la presencia de E. coli es un indicador de ello) puede ocasionar enfermedades como el cólera, diarrea, disentería, hepatitis A, fiebre tifoidea y poliomielitis», detalla.

Desde el mismo Estado, el INS señala que «las enfermedades infecciosas relacionadas con el agua son un serio problema de salud pública en el país», y resalta la urgencia de abordar esta crisis.
Mientras tanto, los habitantes sin acceso agua potable y de calidad, continúan en su lucha diaria por acceder a un recurso que debería ser continuo y de bajo costo. La comunidad espera que, con mayor visibilidad del problema, se generen cambios significativos que mejoren su situación.
En tanto llega la solución, María camina cuesta abajo, baldes en mano, a esperar la cisterna: llenarán sus recipientes, pero vaciarán sus bolsillos.
Por Ami Flores Custodio.


