InicioFruta frescaEntrevistaJosé Lalupú: “Todos los días escucho cumbia y veo el Chavo del...

José Lalupú: “Todos los días escucho cumbia y veo el Chavo del 8”

El escritor piurano, coautor del libro "Cumbia – 5 escritores en concierto", pondera el poder de la música en la identidad de los peruanos.

La cumbia piurana es más que un género musical; es un reflejo de las vivencias, emociones y narrativas que forman parte de la cultura peruana.

De este modo, florece el libro Cumbia–5 escritores en concierto que ha encontrado un espacio fértil para entrelazarse con la música, creando un diálogo danzable que permite explorar temas como el desamor, la infidelidad, la amistad, el amor juvenil y la bohemia.  

Los autores de la obra utilizan las letras de canciones de cumbia piurana como pretexto para contar historias que son parte de la fusión entre la música y la literatura que no solo enriquece el contenido cultural, sino que también ofrece nuevas formas de expresar otros artes.

Por ello, la cumbia piurana se ha vestido de un quinteto de plumas tropicales. Si antes la literatura solo eran romances clichés, crímenes policiales o aventuras mágicas; ahora, es un escenario donde se canta para atraer a los fanáticos del género más escuchado en el Perú —según el Centro Peruano de Investigación (2024).

La última Encuesta Nacional de Lectura (2022) reportó que el 18 % no lee por falta de interés.

Los autores de la obra utilizan las letras de canciones de cumbia piurana como pretexto para contar historias que son parte de la fusión entre la música y la literatura que no solo enriquece el contenido cultural, sino que también ofrece nuevas formas de expresar otros artes.

En este caso, la cumbia se presenta como una expresión que nos pertenece porque la vivimos en cada letra. Su relevancia es cotidiana.

José Lalupú, oriundo de Chuculanas, docente, nacido en 1981, es uno de los narradores que forma parte de Cumbia–5 escritores en concierto.

BuenaPepa conversó con él, quien ofreció una visión sobre cómo la literatura es un cuerpo que baila y goza para todos.

—¿Cómo llega a la literatura?
—Creo que el origen está en mi niñez. Crecí en Chulucanas y era una sociedad oral. No había internet, televisión por cable, celulares y computadoras. ¿Qué hacíamos? Jugábamos, contábamos historias y nos aprendíamos cumananas.

Por otra parte, mi padre que era comerciante era un gran contador de historias. Cuando llegaba de viaje, traía una maleta cargada de caramelos, porque era su rubro laboral, pero también con muchas historias entretenidas. Era una persona vivaz y creativa. Creo que era escritor, pero él no lo sabía.

Pero un momento capital creo que fue cuando estaba en el colegio. Tuve una muy buena profesora de literatura, Johana Paico. Ella me dio libros. Ya cuando tuve 17 años, se me metió la loca idea de ser cura.

Estuve en un seminario, ubicado en Iquitos. Los agustinos, que aman el conocimiento, tenían su biblioteca. Allí descubrí a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo. Decidí que quería ser escritor.

—Entonces, ¿qué es la literatura para José Lalupú? ¿una catarsis, una vía de escape, una fuente para retratar la ciudad?
—Es todo lo que has dicho y mucho más. La literatura puede ser muchas cosas. Lo que no debe ocurrir es que deba ser una cosa. Esas imposiciones nunca me han gustado. La literatura tiene un compromiso con el arte mismo. En esencia, crear belleza a través de la palabra.

Textos con mucha cumbia

—¿De dónde surge la idea de expandir ciertas letras cumbiamberas en cuentos que recorren la ciudad?
—Esa idea parte del editor, Gerardo Temoche. Él presentó el proyecto al Ministerio de Cultura y ganó una subvención. Luego, nos convocó y nos dio la libertad para elegir nuestras cumbias y traducirlas a cuentos.

A mí la invitación me cayó muy bien porque a mí me encanta la cumbia: Agua Marina, Grupo 5; pero, sobre todo, Armonía 10.

—Tu primer cuento en el libro es ¿A qué volviste mujer? ¿Cómo recuerdas o valoras a la orquesta Armonía 10?
—Creo que la historia de estos grupos traza, también, la historia de nuestros prejuicios porque recuerdo que, en los ochenta, a la gente se le hacía difícil aceptar que escuchaba cumbia. Después de los noventa, recién llega a popularizarse. Es como decir: “Antes de los noventa era música de cholos”. Y como en el Perú somos bien autoracistas hasta los cholos no querían aceptar que escuchan este ritmo.

Estuve en un seminario, ubicado en Iquitos. Los agustinos, que aman el conocimiento, tenían su biblioteca. Allí descubrí a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo. Decidí que quería ser escritor.

Ahora, a todo el mundo le encanta. Sobre Agua Marina, capto las frasecitas porque la gente dice: “Agua Marina es más elegante, Armonía 10 es más callejero y popular”. Pero, justamente, por eso me gusta más Armonía 10 porque es más fuerte e intenso.

Por otro lado, en las letras de la cumbia piurana hay una poesía de lo cotidiano. Por ejemplo, en una composición de Mallanep: “Te voy a preguntar que ha sido de mí / y donde está el amor que te entregué”.

A veces la poesía es subvertir el orden del lenguaje convencional y lo convencional es preguntar: “¿Qué ha sido de ti?”. Es como si dijera: “En todo este tiempo, ¿has pensado en mí?”. 

Hay una poesía sencilla, pero eso explica porque le gusta tanto a la gente. La música popular expresa esos sentimientos que son comunes a todos: el amor, la traición y la no correspondencia.

Cumbia para toda la vida

—¿Qué tanto escucha cumbia?
—Todos los días escucho cumbia y veo el Chavo del 8. No puedo vivir sin esos dos elementos.

—¿Considera a Piura como capital de la cumbia piurana?
—Sería muy arbitrario decirlo, pero sí.

—¿Cuáles son las cualidades que más distingue de la cumbia piurana?
—Hay muchas referencias al mar en las cumbias de Armonía 10 y Agua Marina. Creo que eso te posiciona, culturalmente, en un espacio. Siempre pensamos en el mar cuando escuchamos a Agua Marina. Una de sus canciones dice: “Yo quisiera ser como el mar / y que entre mis olas te vinieras a bañar / para poderte retener / hasta el fin…”.

Eso es muy poético porque hay una metáfora. Es él queriendo ser el mar para poder abrazarla de una manera plena. Luego, el término de ese estribillo, en esos puntos suspensivos donde no sabemos a qué “fin” se refiere.

¿Hasta el fin de que?, ¿de los tiempos?, ¿de nuestras vidas? Es lo que decía Octavio Paz: “El amor parece eternizar a las personas”. La gente que se jura amor eterno aún sabiendo que su vida misma no es eterna, pero ese momento lo es.

—El primer relato de su autoría en Cinco escritores en concierto es un amorío y se titula ¿A qué volviste mujer? Narra la inestable relación de un profesor/escritor y una alumna. El móvil es la publicación de un libro donde se cuenta su última cita y esta es leída por Milagros. La chica se queda impactada y lo busca nuevamente para reclamarle sobre la veracidad de la obra. ¿Este cuento es parte de alguna experiencia suya? ¿Ha sido alguna vez el profesor Alejandro?
—(Risas) No podría decir que soy yo, exactamente. Pero sin duda, hay algo de mí en ese personaje. Ese cuento plantea una cuestión interesante: los textos literarios no podemos tomarlos como verdad.

La chica ve el libro, lo ojea y se da cuenta que es su propia historia. Es ella la que está retratada en el libro y va a reclamarle al autor que ha mentido. Pero es obvio que es una mentira porque toda ficción es una mentira en cierto nivel.

Milagros quiere que él cuente las cosas como han sido y, luego, en una especie de tiempo cíclico, empiezan a salir las cosas como, supuestamente, han ocurrido. Hay una despedida al final que se repite y sella ese amor que no ha podido ser.

Leer más: ¿Piura es la capital de la cumbia peruana?: 4 razones para bailar

Por esa época, salió el libro y tenía una pareja. Ella había vuelto y tomó el libro con la expectativa de que el cuento fuese sobre ella y se dio cuenta de que no era así. Empezó a reclamarme por la chica que aludía en el cuento que, obviamente, no se llama Milagros.

El drama del cuento también lo viví porque me estaba reclamando por algo que había escrito. Como decía Vargas Llosa: “La literatura es la más hermosa de las mentiras”.

—Estos dos protagonistas se conocen a partir de un intercambio en clase. Milagros completa una frase del docente sobre el amor y sus límites. ¿Para usted el amor es algo imposible?
—Tantos siglos de filosofía y no sabemos qué es el amor. En el cuento, el personaje da una definición muy biologista: “El amor es el disfraz que usa la biología para reproducirse”. Pero, al final, lo que se busca es la reproducción. En ese sentido, el amor es una suerte de estrategia.

Ahora se habla mucho de que cuando sentimos que nos enamoramos es un tema hormonal en la que nuestro cerebro produce feromonas que sumergen al cerebro en una enorme sensación de placer. Si la otra persona, también, produce feromonas, se origina eso que llamamos amor.

Tantos siglos de filosofía y no sabemos qué es el amor. En el cuento, el personaje da una definición muy biologista: “El amor es el disfraz que usa la biología para reproducirse”.

Hay un momento en el que el cerebro recobra la lucidez y se da cuenta que el otro no era ni tan bonito e inteligente.

Además, el amor es algo que nos hace humanos. El resto de animales va directo a la reproducción: cortejo y apareamiento. Nosotros sentimos que hay una transcendencia. Hay una dimensión mucho más profunda y abstracta. Creo que es parte del mundo de fantasías que nos hace humanos.

En fin, para mí, sigue siendo una gran incógnita. Mi siguiente libro se llama La estación de los amores imposibles y es un conjunto de historias donde las personas no llegan a ser reales.

—¿Podría comentarnos sobre el cuento Lágrima por lágrima? Parte de una problemática local, pero lo conecta con una rencilla amorosa.
—Se me ocurrió a partir de una noticia que publicó la periodista Teo Zavala en sus redes. Una noticia antigua aparecida en el diario El Tiempo. En los años donde Piura tenía tren y se decía que venía este vehículo de Paita, infestado de ratas. Entonces, se habían comunicado con Piura y habían pedido que recluten a todos los gatos para que estuvieran ahí en el momento que llegara.

El cuento se basa en este hombre que recibe dicho encargo de los gatos, pero cada gato forma parte de una familia y cada familia tiene una historia. En este proceso de reclutar a dichos animales, hay un repaso de una sociedad, de sus miedos y de sus vicios.

José Lalupu, autor del libro Cumbia cinco escritores en concierto.

Y el descubrimiento de una parte de la historia del personaje. Se va armando un rompecabezas que lo lleva a enterarse que hay una traición. Es entonces cuando la llegada del tren cobra ese dramatismo.

Esa imagen me gusta mucho: la del hombre solitario, esperando el tren, sabiendo que llega el amor de su vida a la que ya ha perdido.

Cumbia para mi muerte

—El final del cuento es un acercamiento fatal. ¿Cómo concibe la muerte?
—Para nosotros, la muerte es algo trágico. Alguien me hizo notar que la muerte está presente en casi todos mis cuentos. Y, probablemente, se deba a que viví la muerte de mi padre cuando era niño. Yo lo vi morir. Fue una experiencia muy difícil a los 11 u 12 años.

Casi todos los cuentos que he escrito incluyen el acto de la muerte. Incluso tengo un cuento que se llama Celebración de la muerte, que es un texto que aparece en mi libro Perra memoria. Está basado en el campeonato de Cienciano gana la Recopa. 

Por este evento, hay toda una celebración en donde la alegría de la vida se mezcla con la muerte de una manera sutil; como si ambas estuvieran hermanadas. Pero ese cuento surgió porque, al día siguiente del triunfo, compré el periódico y estaba la noticia que, en un bar chimbotano, los hinchas ganadores habían destrozado todo el lugar y el cocinero, cuchillo en mano, había matado a uno de los hinchas.  

—El fútbol despierta pasiones, pero ¿qué opina de la política deportiva?
—Lamentable. Para muestra tenemos el estadio Miguel Grau. Hemos vistos imágenes de su deplorable estado. La inversión en divisiones menores es casi nula. Vivimos de milagros como Gareca que sacaba agua de las piedras y armó una selección competitiva.

—¿El fútbol no solo es entretenimiento?
—No. Borges decía que el fútbol era “22 hombres infantilizados detrás de una pelota”. Y alguien le refutaba afirmando que “decir eso es como decir que el Quijote es un kilo de papel y tinta”. No es así.

Casi todos los cuentos que he escrito incluyen el acto de la muerte. Incluso tengo un cuento que se llama Celebración de la muerte, que es un texto que aparece en mi libro Perra memoria. Está basado en el campeonato de Cienciano gana la Recopa.

El juego representa la vida misma, una pugna donde, a veces, ganas o pierdes.

Mi amigo, Héctor Castro, sociólogo, hace notar que cuando gana la selección hay un optimismo en la gente. Los políticos, a veces, sacan partido, pero me parece un sentimiento genuino en la medida en que la selección encarna los deseos del pueblo. Ese deseo de triunfar en una vida que, generalmente, está llena de derrotas. 

Lo opuesto son los tiempos electorales donde hay discursos racistas y clasistas.

La cumbia del Chino

—Hablando de actualidad, ¿en qué lugar de la historia queda Alberto Fujimori?
—Creo que queda como el dictador que ha sido. En su gobierno hubo algunos hechos positivos, pero los hechos negativos son innegables. Hubo una violación de la institucionalidad democrática, una perversión de los medios, una enorme corrupción, torturas, asesinatos, fugas, renuncia por fax. La gente parece olvidarse de eso.

Por estos días, citaba a Borges que decía: “Un rufián muerto sigue siendo un rufián”. La muerte no vuelve buena a la gente. Creo que eso se aplican en el caso de Fujimori.

—¿Por qué Piura siempre ha sido complaciente con el fujimorismo?
—En aquellas elecciones, Vargas Llosa fue mostrado como el candidato de los blancos y, luego, venía este chinito que era del pueblo en su tractor. Era muy hábil para usar esas artimañas de la demagogia. Cuando Piura se inundaba, él salía con el agua hasta la cintura.

Por otro lado, remató a las empresas nacionales a precio de ganga y construyó escuelas. Robó millones de soles, pero la gente se queda con ese colegio que nunca tuvieron pero que se construyó en su zona.

—Volviendo al libro que propone disfrutar la cumbia desde relatos que respiran el sentimiento de sus letras, ¿cómo ha sido el recibimiento de Cumbia – 5 escritores en concierto?
—El libro tiene una presentación atractiva. Reproduce la forma de un caset, o sea, te remite a los años 80 o 90, con su lado A y B. Eso ha tenido un gran impacto en la gente. Esa edición se ha agotado rápido. Siempre le estoy diciendo al editor para sacar una segunda edición.

A la gente le gusta porque la cumbia es popular y está reuniendo pasiones junto a la literatura. Hay gente que sigue buscando el libro y es muy difícil de encontrar.

—¿Alguna anécdota especial donde la cumbia ha estado presente?
—No lo recuerdo ahora, pero en mis clases de literatura, a veces, se me salía alguna letra de cumbia mientras explicaba figuras literarias. O cuando suena una cumbia, exclamo: “Pero ahí hay poesía”. En esta búsqueda de que haya poesía en lo cotidiano.

Leer más: El mural del que todos hablan en Piura: homenaje a la cumbia o banalización cultural

—¿Cómo escoge a sus personajes?
—Un personaje debe tener peso físico. Pienso que el escritor triunfa cuando el lector tiene la impresión de que este personaje está vivo, que realmente ha existido, que suda y que tiene necesidades fisiológicas.

Cuando estoy con mis amigos en un bar o cualquier lugar, siempre estoy escuchando las historias. Así es como se me ocurren las tramas de mis cuentos. Una va conociendo gente que es literaturizable.

—Como pregunta vargasllosiana, ¿qué libro salvaría de un incendio?
—Los libros son como los hijos. Uno los quiere sea como sea. Creo que me quedó con «Es la garúa», los haikus. Como es breve es más fácil de llevar.

Con ton y son

—Le voy a decir una lista de palabras y me va a decir lo que se le venga a la mente.
—Como un ping pong.

—Piura.
—Calidez.

Cumbia
—La vida.

—Amor.
—Imposibilidad.

Literatura.
—Belleza.

—Poesía.
—Más belleza.

—Familia.
—Imprescindible.

—Perú.
—Un dolor.

—Mario Vargas Llosa.
—Ídolo.

—Miguel Gutiérrez.
—Ídolo, también.

—¿Cómo es la presencia de este escritor no tan reconocido en Piura?
—Así es. Es un escritor casi desconocido en Piura, porque sé que en otros lugares y países lo aprecian mucho. Es un novelista colosal. Si Colombia tiene a García Márquez, nosotros tenemos a Miguel Gutiérrez.

En sus novelas hay una serie de referencias a la cultura y tradición piurana, pero no convertidas en estampa. Sino que están imbuidas dentro de una trama. Además, los contrastes sociales y los dramas de la discriminación de Piura están ahí. Es una obra, como él llamaba, suma.

Por ejemplo, La violencia en el tiempo es una novela, pero, a la misma vez, son varias novelas que se entrecruzan. Eso es algo novedoso en términos literarios.

El drama de la difusión de su obra es que es tan colosal, compleja y sofisticada que creo que, por eso, nunca llegará a ser popular. Ojalá que lo fuera, pero creo que es un poco más difícil de difundir y consumir. Ahora, el público quiere lo inmediato, breve y superficial.

—José María Arguedas.
—El mundo andino.

—Fútbol.
—Pasión.

—Docencia.
—Mi vida.

—Luis Neyra León.
—Resulta un desconocido.

—Dina Boluarte.
—Una traidora.

—Alberto Fujimori.
—Dictador.

—¿Un sueño?
—Volar.

—¿Un miedo?
—Que dañen a mis seres queridos.

—¿Un logro?
—Ser docente nombrado en la casa que me formó.

—Su lisura favorita.
—Tengo varias. Puede ser: ¡puta madre!

Escribe Johan Fiestas Chunga