
El beso en público no tiene buena pepa
El beso en público tiene mala pepa porque nos hicieron creer que es el idioma universal del amor, pero la ciencia no cree en la omnipresencia de esa caricia. Un estudio publicado en American Anthropologist, en el cual se analizaron 168 culturas, concluyó que solo el 46 % practica el beso en la boca, el 54 % restante expresa el afecto de otras maneras.
También el beso en público es mala pepa porque la intimidad pierde su magia cuando aparecen las cámaras y los espectadores. Vivimos en una época donde todo deber exhibirse para que tenga relevancia. Por ejemplo, un lonche sin foto nunca existió, unas vacaciones que no aparecen en Instagram no ocurrieron. En medio de esa lógica, el amor sube al escenario y empieza a moverse como un espectáculo.
Guy Debord advirtió de este fenómeno en La sociedad del espectáculo, donde plantea que la vida moderna transforma las experiencias en imágenes destinadas para ser observadas por otros, es decir, que vivir el momento dejó de ser lo importante. La práctica compartida entre dos personas se convierte en una puesta en escena para quienes miran desde afuera.
El beso en público es mala pepa porque el ósculo no siempre logra representar toda la realidad que existe detrás de una relación. Un instante capturado por las cámaras puede construir mil historias en la mente de las personas, aunque quienes aparecen en esa fotografía atraviesen circunstancias complejas.
El beso en público es mala pepa porque este simple gesto puede adquirir una dimensión insospechada e inesperada. En la era de los medios y el entretenimiento ciertos momentos dejan de ser simples y las acciones pueden convertirse en titulares. Además, la sorpresa de aquello ocupa más espacio que el propio contexto donde ocurrió un hecho.
La cultura popular alimentó durante décadas esa idea. Uno de los casos más claros ocurrió en los MTV Video Music Awards de 2003, cuando Madonna besó a Britney Spears y a Christina Aguilera frente a millones de espectadores y aquella escena recorrió numerosas portadas en el mundo, pero lo curioso es que casi nadie recuerda al ganador del Video del Año de esa noche.
Leer más: La Buena Pepa y Mala Pepa: el cebiche
Además, el beso en público es mala pepa porque el ósculo no siempre logra representar toda la realidad que existe detrás de una relación. Un instante capturado por las cámaras puede construir mil historias en la mente de las personas, aunque quienes aparecen en esa fotografía atraviesen circunstancias complejas.
Un suceso es el famoso beso entre Carlos y Diana en el balcón del Palacio de Buckingham, una escena que fue interpretada por millones como la representación del amor ideal, sin embargo con el paso de los años se conoció que detrás de aquella imagen existían conflictos personales, tensiones matrimoniales y una relación más complicada que incluía a una tercera persona.

El beso en público es mala pepa porque olvida que el amor también está condicionado por la sociedad donde se expresa, pues para algunas personas representa una muestra de cariño y para otras puede convertirse en una conducta que resulte incómoda o inapropiada dentro del espacio que comparten.
La sicóloga Dagna Kocur y sus colegas compararon las demostraciones públicas de afecto en Indonesia, Nepal y Polonia, y encontraron diferencias en la forma en la que las personas reaccionan. Los participantes asiáticos demostraron incomodidad frente a estas expresiones y declararon que reprenderían a los protagonistas por aquella exposición de afecto, pero en Europa estas amenazas fueron menos comunes.
El beso en público es mala pepa porque tiene el estigma de la traición. Lo usó Judas para entregar a Cristo a los romanos. También Michael Corleone, en El padrino, para notificarle a su hermano Fredo que lo matarían porque traicionó a la familia: «Sabía que fuiste tú, me rompiste el corazón».
En la antigua Mesopotamia además de expresar intimidad romántica también se usaba para el afecto familiar y amical. Con los romanos, sus funciones resaltaron por la existencia del ius osculi, para comprobar si una mujer bebía vino cuando estaba sola en casa, lo cual era considerado como un adulterio.
Paradójicamente, en BoJack Horseman se representa al BoJack intentando besar por sorpresa a Diane, prometida de Mr. Peanutbutter, quien lo considera su amigo y le tiene cariño y respeto inmenso. En la vida real, algo similar ocurrió en 2012, cuando unas fotografías de un beso entre Kristen Stewart y Rupert Sanders se convirtieron en evidencia pública de una infidelidad, pues ambos mantenían una relación con otras personas.
También, el beso en público tiene mala pepa porque, de acuerdo a la historia, su significado es cambiante. Según Troels Pank y Sophie Lund, en la antigua Mesopotamia además de expresar intimidad romántica también se usaba para el afecto familiar y amical. Con los romanos, sus funciones resaltaron por la existencia del ius osculi, para comprobar si una mujer bebía vino cuando estaba sola en casa, lo cual era considerado como un adulterio.
Por su parte, Katie Barclay señala que durante la Edad Media el beso, incluso, adquirió funciones religiosas y políticas. Por ejemplo, el osculum pacis funcionaba para sellar acuerdos o como un gesto simbólico de hermandad y reconciliación. Mientras que el beso de vasallaje expresaba fidelidad entre un señor y su sirviente.
Cabe resaltar que el beso en público es mala pepa porque son responsables de canciones tan ridículas como Beso en la boca de Axé Bahia, un himno fiestero que declara que el ósculo ya pasó de moda y ahora se enamora sin ropa, mientras te manda a moverte como si de una clase de aeróbicos se tratase.
Asimismo, Besitos Mua Mua de Miranda León, que con un sonido repetitivo de onomatopeyas transforman el beso en una caricatura absurda. Y no puede faltar AriGameplays, que pide «besos flow minty» con una letra tan dispersa y de ralo significado. Ni Kunno se salva con Crush, en la cual presume que sus besos dan rush y advierte que no hay que enamorarse demasiado, como si fuese una receta peligrosa. (Un desprecio de Giovanni Castillo Arroyo).
El beso en público tiene buena pepa
El beso en público tiene buena pepa porque constituye la más pura expresión de amor, lejos de la rigidez de la normatividad excesiva.
Al encontrarnos frente a frente con una pareja que demuestra su amor en público, quizás nos sintamos un tanto incómodos y, tal vez, nuestro humor cambie, pero esto no es más que una prueba directa de la continua deshumanización a la que se está sumergiendo nuestra sociedad. El beso es un tabú.
El beso en público tiene buena pepa porque se enfrenta de manera contundente al vasto conjunto de normas sociales que establecen como actos obscenos el juntar los labios como símbolos del amor. Recordemos que George Orwell ya había definido este gesto como antisistema en su obra 1984; cuando Winston Smith y Julia se besaron para escapar de todo lo que definía la sociedad como correcto.
Una vez se entrelazan los labios, ya no se sabe quién besa o es besado, o si somos nosotros mismos quienes nos besamos, como describía Alonso Azahara. No hay tiempo para determinar el lugar en un acto tan complejo y lleno de significado como un beso.
Desde los matrimonios de la antigua Roma hasta la actualidad, el beso en público ha servido para sellar declaraciones de un amor legítimo frente a los ojos de la sociedad. En la actualidad, tal como decía Vilém Flusser en su libro Hacia una filosofía de la fotografía, el humano “ya no descifra sus propias imágenes, sino que vive en función de ellas; la imaginación se ha vuelto alucinación” y por lo tanto todo aquello que no se ve, no existe. Un punto a favor de un acto tan demostrativo como un beso en público.
El beso en público tiene buena pepa porque esconde un profundo sentir ontológico. Las otredades retroceden a través de esa caricia porque, una vez se entrelazan los labios, ya no se sabe quién besa o es besado, o si somos nosotros mismos quienes nos besamos, como describía Alonso Azahara. No hay tiempo para determinar el lugar en un acto tan complejo y lleno de significado como un beso.
Este mismo autor enumera tres tipos de besos: el primitivo, que es la antesala del acto sexual; el metafórico, aquel que significa la bendición de un ser divino y, finalmente, el trascendental, donde los seres entrelazan sus almas por medio de un acto físico que nos acerca a lo divino; en pocas palabras, el beso que nos hace sentir en las nubes.
El beso en público es buena pepa porque besamos con todo el cuerpo. Nuestra anatomía se coordina para que 34 músculos de la cara adicionados a otros 134 de otras partes del cuerpo hagan posible besar. Los días del gimnasio han quedado atrás, un hociqueo activa más músculos y de una manera más placentera.

El beso en público tiene buena pepa porque significa mucho más de lo que vemos. Uno de los más destacados ejemplos es el Beso de la Victoria en Times Square, una foto tomada por Alfred Eisenstaedt, donde se logra visualizar a un marinero sintiendo los labios de una enfermera en una de las calles más icónicas de Nueva York. Su trascendental sentido se constituye en la coyuntura del fin de la Segunda Guerra Mundial y la felicidad inconmensurable de aquellos que vieron su barbarie.
Así mismo, se puede mencionar el beso del VIH en 1991, cuando el inmunólogo italiano Fernando Aiuti besó en la boca a Rosaria Lardino, una joven con VIH. El rechazo social era tan fuerte hacia aquellos que eran portadores de este virus que la única forma de salvarlos de la crueldad era un beso en público; ese fue el fin del mito de la transmisión por medio de la saliva.
Leer más: La Buena y la Mala Pepa: mundial de fútbol
El beso en público es buena pepa porque es la justicia más grande después de una larga espera. Erich Fromm decía que todos estamos sedientos de amor y nos preocupa el saber si somos dignos de él. El problema no está en saber amar, sino en si realmente somos amados. Lo que sigue a una declaración de amor después de tantas vivencias es la respuesta con un beso que sea visible para todo el mundo.
Al estilo de Jarabe de Palo, todos hemos tenido un momento donde quisiéramos decir “por un beso de la flaca daría lo que fuera… aunque solo uno fuera” y es que la sensación de querer con tantas ganas un beso no obedece a los espacios ni a las normas. Es un sufrimiento que ha carcomido a propios y extraños y la respuesta a tal sentimiento es un acto de compasión que, según Marco Aurelio Denegri, es la última consagración del amor y acaso el amor mismo.
Existen tantas cotizaciones de lo que debe cumplir un buen amor y un buen beso que las elecciones son casi robóticas. Entonces son preferibles las perspectivas como las de Peter Sloterdijk: primero besamos y luego somos.
El beso en público es buena pepa porque provoca cantarle en todos los ritmos. Bolero: “Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez”. Salsa: “Déjame un beso que me dure hasta el lunes”. Tango: “Y aquí vengo para eso. A borrar antiguos besos. En los besos de otras bocas”. Vals criollo: “Te estoy buscando, porque mis labios extrañan tus besos de fuego”. Rock: “Me estoy enamorando, sé que para toda la vida. Tu voz sobre mis labios, yo la respiro todavía”.
El beso en público es buena pepa porque es prueba de lo imposible. Octavio Paz describía que el amor es una experiencia casi inaccesible porque la moral, las clases, las leyes, las razas y los mismos enamorados se oponen a ello. Existen tantas cotizaciones de lo que debe cumplir un buen amor y un buen beso que las elecciones son casi robóticas. Entonces son preferibles las perspectivas como las de Peter Sloterdijk: primero besamos y luego somos.
El beso en público es buena pepa porque nos hace dignos de recibir cariño frente a los demás. Por más que el amor sea présbita o tenga significativas complicaciones, las demostraciones de cariño no deberían situarse exclusivamente en lo oculto. Si Sancho le daba muchos besos cervantinos a su rucio con tanto cariño y lo hizo digno, como menciona Pablo Sol Mora, no escapemos de los besos cargados de mucho significado y tallados con materia de libertad. (Un arrumaco de Franklin Oblitas).

