Cada día que transcurre en el devenir, disque de nuestra política nacional, me convenzo más que no existe la política en el Perú y por ende los políticos. Para ello, me formulo una singular pregunta: ¿un partido político tiene dueño, es propiedad exclusiva de una determinada persona?
La respuesta cae de madura, por supuesto que no, en estricto, un partido político no tiene ni debe tener dueño, pues su esencia es ser la representación de un ideario que comparte, convive y practica un grupo de personas. Esa es la naturaleza y propósito de un partido político.

Los partidos políticos y la democracia
Sin embargo, nuestra realidad peruana es absolutamente contraria. En la actualidad casi todos los llamados partidos políticos en Perú sí tienen dueño y este dueño decide de mutuo propio, asimismo, carece de ideario y simplemente es utilizado por su dueño, para fines puramente comerciales y mercantilistas en busca de obtener una ganancia económica personal.
En otras palabras, hoy en día en el Perú el llamado partido político no es otra cosa que una empresa puramente mercantil que busca –como toda empresa mercantil– lucrar, es decir, ganar dinero negociando espacios y prebendas.

El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha registrado más de 40 movimientos políticos inscritos con aspiraciones presidenciales. Esta atomización electoral revela no una vitalidad democrática, sino una ausencia total de cohesión política.
Cada elección se convierte en una competencia de egos individuales antes que en una confrontación de ideas. En consecuencia, los gobiernos resultantes carecen de mayorías parlamentarias, lo que profundiza la ingobernabilidad y debilita el sistema político.
A ello se suma una crisis de legitimidad sin precedentes, consecuencia de los grandes casos de corrupción como Lava Jato, que implicaron a expresidentes, ministros, empresarios y partidos enteros. Más de 100 alcaldes y gobernadores regionales se encuentran presos o bajo investigación penal. El sistema político, así, ha perdido la confianza de la ciudadanía y se ha convertido en sinónimo de impunidad.

Esto es realmente la decadencia y prostitución de la denominada y mal llamada democracia que se pregona.
El sistema político se desmorona
En efecto, la consecuencia de pisotear e irrespetar la Constitución Política del Perú, interpretarla de acuerdo a personales conveniencias comerciales, desinstitucionalizar y prostituir nuestro sistema electoral, destruir todo el sistema de justicia peruano, entiéndanse Poder Judicial, Fiscalía, Policía Nacional e Instituto Nacional Penitenciario y, por supuesto, y no menos importante, la prostitución, inmadurez e indolencia de diferentes medios de comunicación que juegan un rol preponderante y central en todo este tinglado, nos ha llevado a conformar un Perú bananero, irrespetuoso, informal, indiferente y por sobre todo, antidemocrático.

Efectivamente, desarrollo la idea: los mal llamados partidos políticos, agazapados y escudados en la democracia, se han encargado justamente de destruir la democracia para crear caos, desorden y una falsa idea y concepto de democracia.
La democracia, por definición, es el empoderamiento de la mayoría. ¿Realmente la mayoría está gobernando o gobierna una minoría? La respuesta cae de madura, es meridianamente clara.
Esta minoría que nos gobierna, bajo el paraguas de democracia, lo único que busca es su personal y exclusivo beneficio personal sin importarle en absoluto el bienestar común y facilita este sometimiento el poco o nulo conocimiento y discernimiento de la mayoría, que simplemente sigue al instigador, disfrazado de demócrata, sin cuestionarlo en absoluto y lo peor de todo, sin entender ni saber siquiera el propósito, por qué y para que lo hace.
La democracia, por definición, es el empoderamiento de la mayoría. ¿Realmente la mayoría está gobernando o gobierna una minoría?
Lamentablemente la democracia en el Perú ha sido destruida con una mayoría complaciente, la que en su momento no vislumbró el caos e inmenso daño que la acción propuesta ocasionaría en un cercano futuro.
Me permito cuestionar: se puede entender como democracia la presencia de más de 45 partidos políticos que postulan para la presidencial del año 2026. Nos hemos preguntado si es realmente factible y posible que coexistan 45 diferentes idearios políticos, que tengamos 45 corrientes y pensamientos políticos distintos y disimiles unos de otros. Personalmente lo creo imposible.

Lo que sí creo y estoy seguro es que existen 45 empresas comerciales mal llamadas partidos políticos- que están buscando «ganar una licitación pública» para beneficio exclusivamente personal, sin importarles en absoluto el bienestar y desarrollo de nuestro querido Perú y sus habitantes, eso positivamente lo creo.
De otro lado, personalmente no creo en derechas e izquierdas en el Perú.
¿Qué es ser de derecha y de izquierda en Perú?
Afirmo esto porque lo vivido me ha llevado a esta reflexión. Lo que llamamos o denominamos derecha en el Perú son los grupos económicos, aquellos que producen y generan comercios fabriles, los que, en su gran mayoría, ven su personal interés comercial y crecimiento económico, no les importa quien gobierne, simplemente la preocupación está dada en los réditos que puedan lograr.
De otro lado, la llamada izquierda, son ausentes de la parte productiva, no manejan, por lo general, empresa alguna, simplemente su trabajo se centraliza en generar caos, convulsión y confrontación social.
Lo que llamamos derecha en el Perú son los grupos económicos, aquellos que producen, los que, en su gran mayoría, ven su personal interés comercial y crecimiento económico, no les importa quien gobierne, simplemente la preocupación está dada en los réditos que puedan lograr.
Dicho esto, paso a referirme a los hechos que hemos vivido en la semana pasada y especialmente lo relativo a la vacancia presidencial.
Consecuencia directa de lo antes explicado es que los dueños de los mal llamados partidos políticos promovieron la vacancia a la presidente de la república, un calculo puramente mercantilista y que nada tiene que ver con la política ni nada que se le parezca. Todo se refiere y resume a ganar la licitación pública llamada presidencia de la república.
la llamada izquierda, son ausentes de la parte productiva, no manejan, por lo general, empresa alguna, simplemente su trabajo se centraliza en generar caos, convulsión y confrontación social.
Veamos, pensemos e interioricemos como empresarios.
Si estoy participando en la ejecución de una obra y veo que el subcontratista al cual le he subcontratado la obra la viene ejecutando mal, y ya tengo el ofrecimiento de que se me otorgue una nueva obra dependiendo de la ejecución de la actual obra, ¿cuál sería la reacción natural si mi subcontratista está desarrollando mal su trabajo? Simple, le resuelvo el contrato, pues de otra manera perderé la posibilidad que se me otorgue una nueva obra.
Con esta analogía resumo la vacancia de la presidente Boluarte.
Dina ya no sirve
Mientras la presidente Boluarte fue útil a los intereses personales de los llamados partidos políticos, la mantuvieron; pero cuando vieron que ya les estaba causando daño y que consecuencia de su deficiente desempeño y amplia desaprobación y faltando escasos 6 meses para las elecciones podría costarle una probable elección, la desecharon, así de simple y sencillo, esto no es cálculo político es pura y dura estrategia mercantil.

Ahora bien, pensemos qué estrategia podrían utilizar las empresas mercantiles llamadas ahora partidos políticos.
No hay que hacer mucho esfuerzo para ello, es simple: generar caos y desorden para beneficio personal, recordemos el viejo dicho: «a río revuelto, ganancia de pescadores».
Es de esperar que se generen marchas y desorden popular contra el actual presidente Jerí, al mejor estilo de los profesionales en agitación social, «ayudados por las pelotudeces democráticas», es bueno recordar quien acuñó esta frase, para sacar de la presidencia a Jerí y colocar algún mequetrefe que sirva a los intereses mercantilistas de la empresa con mayor poder económico o en su defecto algún movimiento comunista que aún está tras bastidores.
La actual situación de caos, inestabilidad, agitación y difusión en algunos de los medios de comunicación es la mejor herramienta para promover una nueva vacancia presidencial, la misma que siempre será manipulada y apoyada, lamentablemente, por jóvenes que no tienen idea de lo que están haciendo y cual es el verdadero propósito, serán la carne de cañón y por supuesto hay que tener la máxima siguiente presente:
“Toda marcha social para que tenga éxito debe producir muertos, sino caerá en el olvido y no tendrá repercusión alguna”.

Lamentablemente es cierta esta máxima y con seguridad sucederá, tendremos muertos en una nueva marcha y estos muertos serán producidos por los propios agitadores sociales, quienes utilizando las propias armas robadas o alquiladas de la Policía Nacional, serán utilizadas para este propósito, asumiendo la responsabilidad de los muertos la Policía Nacional, con la consecuente escalada violentista de la marcha, que con probable y calculada estrategia, conseguirá su propósito de vacar al actual presidente y poner a un títere de momento que les sea útil para el propósito mercantilista que buscan.
Es momento de tomar una pausa, estamos viviendo ciegamente y siguiendo una euforia nacional sin razonar, sin analizar, sin siquiera pensar, estamos en una vorágine de euforia irracional, en la que se busca linchar a quien sea, con tal de destruir, ello se ve a diario a través de las distintas redes sociales, en donde cualquier ciudadano escudado de intelectual o analista político, lanza odio sin medir las consecuencias, buscando única y exclusivamente generar violencia desmesurada y descontrolada, obviamente que son dirigidos y pagados por los grupos mercantiles que buscan su personal beneficio.
¿Todo está perdido?
Hay que recuperar el principio de respeto y autoridad del Estado peruano, pues la delincuencia ha cosechado grandes logros y ventajas a través del Congreso, que, anulando y liquidando leyes que sometían la delincuencia y crimen organizado ha favorecido la importación y desarrollo de organizaciones criminales en nuestro territorio, quienes actúan con seguridad e impunidad.
Debemos generar una legítima democracia, forjar auténticos y verdaderos partidos políticos y por ende una clase política hoy casi extinta, dejemos la banalidad e irresponsabilidad con que elegimos a nuestros gobernantes y autoridades, ayudemos a recuperar el respeto y autoridad del estado peruano.
En medio de la crisis, José Jerí intenta posicionarse como un líder fuerte frente a la delincuencia, prometiendo «acabar con la criminalidad», una promesa irreal sin reformas estructurales. El populismo punitivo se convierte así en una estrategia de supervivencia política, pero sin resultados concretos.
La seguridad ciudadana se ha convertido en el principal problema del país, con una delincuencia nacional y extranjera desbordada, extorsiones, sicariatos y corrupción policial. El Estado, debilitado, no logra articular una política integral de seguridad.
Expertos coinciden en que la reforma policial debe ser prioritaria, con inversión sostenida en inteligencia, equipamiento y profesionalización, al estilo de la transformación policial colombiana en los años 2000, que logró resultados positivos mediante liderazgo civil, transparencia y planificación.
La situación actual refleja un Estado sin autoridad moral, donde las instituciones han sido capturadas por intereses privados y redes corruptas. La existencia de cuatro expresidentes en prisión (Fujimori, Toledo, Humala, Castillo) y otros procesados por corrupción (como Kuczynski) demuestra que la crisis no es coyuntural sino estructural.
El reto para el Perú no es solo elegir un nuevo presidente en 2026, sino refundar su sistema de partidos sobre la base de transparencia, meritocracia y representación real.
Finalmente, mientras los partidos sigan siendo instrumentos de caudillos y refugios de corrupción, y mientras el Congreso siga siendo cómplice de la descomposición del Estado, el Perú continuará atrapado en su ciclo infinito de inestabilidad y desconfianza.
Cesar Ortiz Anderson
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Reflexión en esta coyuntura de crisis social que sufre el Perú, por César Ortiz Anderson
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