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Jorge Messi estuvo a punto de llevarse a Lionel de vuelta a Rosario: una servilleta lo detuvo en Barcelona

Esa noche, en un restaurante de club de tenis en la ladera de Montjuïc, un padre recibió 52 palabras escritas a mano y decidió que su hijo se quedaría en Barcelona.

Hay objetos que no valen nada y lo cambian todo. Una servilleta de papel de un restaurante de club de tenis no tiene precio de subasta, no tiene valor legal, no tiene membrete oficial ni sello institucional.

Y sin embargo, la servilleta que Carles Rexach garabateó en el restaurante de La Reial Societat de Tennis Pompeia de Montjuïc, en Barcelona, la noche del 14 de diciembre de 2000, vale hoy casi un millón de dólares y es el documento fundacional del club más exitoso de la primera mitad del siglo XXI.

No porque la haya escrito un hombre importante. Sino porque la leyó un padre que estaba a punto de irse.

Ese padre era Jorge Messi. Tenía 42 años, meses de espera acumulados, y un hijo de 13 que había dejado todo en Rosario para probar suerte en el Barcelona.

Y esa noche, en un club de tenis, con la frustración ya instalada en el cuerpo y los pasajes de vuelta rondando la cabeza, Jorge recibió esas 52 palabras en papel y decidió quedarse.

Lo que ocurrió después ya lo sabe el mundo: su hijo se convirtió en el mejor futbolista de la historia. Pero eso, esa noche, nadie lo sabía todavía.

Jorge Messi: River le dijo que no, Rosario dijo que sí a dos agentes

La historia tiene su origen en Argentina, en 1998, cuando el agente argentino Horacio Gaggioli, residente en Barcelona, recibió una llamada de dos contactos de Rosario: Fabián Soldini y Martín Montero, que le hablaron de un chico de Newell’s Old Boys que hacía cosas que no hacían los otros.

Lionel Messi tenía entonces 11 años y ya llevaba un tiempo en tratamiento hormonal —una hormona de crecimiento que su cuerpo no producía en cantidad suficiente— con el costo que eso implicaba y la incertidumbre sobre quién lo pagaría.

River Plate lo había visto y pasado. El club no quiso asumir el gasto del tratamiento. 

Dos años después, en septiembre de 2000, Gaggioli, con la colaboración de Josep Maria Minguella —un reputado agente que había trabajado ya con el Barça en fichajes tan grandes como el de Diego Maradona— y de Carles Rexach, lograron llevar a la familia Messi a Barcelona. Jorge y Lionel viajaron solos. El resto de la familia esperó en Rosario.

Los meses de espera: el ninguneo del club, los nervios de Jorge Messi

Durante los entrenamientos, el desempeño del rosarino llamó la atención del cuerpo técnico del FC Barcelona. Sin embargo, la dirigencia de la institución catalana demoraba la decisión sobre su incorporación a las divisiones formativas. 

El problema no era el talento —ese era evidente para cualquiera que lo viera cinco minutos en una cancha— sino el dinero. En el club no estaban del todo convencidos en fichar a Messi por el costoso tratamiento médico que necesitaba el jugador.

En 2000, la situación económica del club no era la mejor, de ahí las demoras en la decisión.

La incertidumbre comenzó a preocupar a Jorge Messi. El padre del rosarino había realizado un enorme esfuerzo para acompañar a su hijo y necesitaba respuestas concretas.

Con el paso de los días y sin avances en las negociaciones, la posibilidad de regresar a Argentina comenzó a ganar fuerza. Jorge Messi era un obrero metalúrgico de Rosario, no un empresario acostumbrado a esperar indefinidamente en hoteles de una ciudad extranjera a que un club de fútbol se decidiera.

Cada día sin respuesta era un día en que la alternativa —volver a casa, seguir con Newell’s, olvidar Barcelona— se volvía más razonable.

«Si esto no se arregla pronto nos vamos. Tengo que volver a Buenos Aires y no veo nada», le dijo Jorge a Carles Rexach, secretario técnico del FC Barcelona, por teléfono.

La noche el club de tenis: la servilleta y las 52 palabras

Carles Rexach reveló años después cómo vivió ese momento: «Yo no estaba y no sé exactamente cómo fueron las cosas, pero cuando decidí que nos lo quedábamos, Jorge ya no lo tenía nada claro. Supongo que no se fiaba. Parecía tan desesperado que una noche, estando junto a Minguella y Horacio en el club de tenis Pompeya, hablamos por teléfono y me dijo: ‘Si esto no se arregla pronto nos vamos. Tengo que volver a Buenos Aires y no veo nada’. Entonces es cuando, sobre la marcha, lo decidí todo».

El 14 de diciembre de 2000, se organizó una reunión para destrabar la negociación. Ante la falta de papel oficial en el recinto, el secretario técnico tomó una servilleta y redactó un documento. No había papel membretado, no había abogados presentes, no había notario.

Había un hombre convencido —Rexach— y un padre agotado de esperar —Jorge— y una servilleta de papel que estaba ahí por casualidad. En ese triángulo de circunstancias nació el primer contrato de Lionel Messi.

«En Barcelona, a 14 de diciembre del 2000 y en presencia de los Sres. Minguella y Horacio, Carles Rexach, secretario técnico del FC Barcelona, se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra a fichar al jugador Lionel Messi siempre y cuando nos mantengamos en las cantidades acordadas», decía la hoja.

Aunque no tenía validez contractual, fue suficiente para transmitirle tranquilidad a Jorge Messi y convencerlo de continuar las negociaciones. 

El papel no tenía fuerza legal. Pero tenía algo que Jorge necesitaba más que una cláusula penal: la palabra de un hombre que se comprometía «bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra».

Esa frase —»a pesar de algunas opiniones en contra»— es la que más dice sobre ese momento. Dentro del propio Barcelona había gente que no quería fichar a Messi.

Lo que vino después: casi un millón de dólares y 20 años de historia

Poco después de la servilleta llegaron los acuerdos formales y Lionel Messi comenzó definitivamente su historia en Barcelona, el club en el que se formaría y terminaría convirtiéndose en una leyenda mundial. 

Disputó 782 partidos oficiales, convirtió 674 goles y conquistó la Champions League, además de numerosos títulos nacionales e internacionales. La servilleta de Montjuïc fue el primer ladrillo de ese edificio.

La famosa servilleta también terminó convirtiéndose en una pieza de colección. Había permanecido durante años en poder de Horacio Gaggioli, exrepresentante de Messi, quien estuvo involucrado en las negociaciones originales. Finalmente fue adquirida por un comprador cuya identidad no trascendió por casi un millón de dólares.

La servilleta vale casi un millón de dólares hoy. Pero el 14 de diciembre de 2000, su valor era otro: era lo que separaba a Jorge Messi de tomar a su hijo y volver a Rosario.

Esa noche, en un restaurante de club de tenis en la ladera de Montjuïc, un padre recibió 52 palabras escritas a mano y decidió que su hijo se quedaría en Barcelona.

Dos décadas después, ese padre murió en Rosario, a los 68 años, habiendo visto a ese hijo levantar la Copa del Mundo, ganar ocho Balones de Oro y firmar contratos con los clubes más grandes del planeta.

Con papeles en regla, con sellos oficiales, con abogados presentes. Nada de eso hubiera existido sin la servilleta del club de tenis de Montjuïc. Y la servilleta no hubiera existido sin la impaciencia de Jorge.

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