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Murió Jorge Messi a los 68 años en Rosario: quién era el padre de Lionel 

A las 2 de la madrugada del sábado 8 de agosto, el Sanatorio Centro de Rosario confirmó la muerte de Jorge Horacio Messi. Tenía 68 años, un cáncer que peleó en silencio durante meses y un bar con una pizarra que esta mañana decía: "Hoy permanecerá cerrado."

Hay una imagen que define a Jorge Messi mejor que cualquier foto de archivo: un padre y su hijo, solos, en un avión con destino a Barcelona. El año era 2000. Lionel tenía 13 años y una hormona de crecimiento que su cuerpo no fabricaba en cantidad suficiente y que el sistema de salud argentino no podía costear.

Jorge tenía 42, un trabajo en la metalúrgica Acindar de Villa Constitución con turnos rotativos que empezaban a las 4 de la mañana, y una certeza que nadie más en ese momento tenía tan clara: su hijo era distinto.

Los dos solos se subieron a ese avión. La familia esperó en Rosario. Y esa decisión —tomada por un obrero metalúrgico rosarino con la valentía y la fe que da el amor de padre— terminó cambiando la historia del fútbol mundial.

Jorge Messi falleció este sábado a las 2 de la madrugada en el Sanatorio Centro de Rosario, donde permanecía internado desde hacía días. El sanatorio comunicó el fallecimiento y aclaró que, por respeto a la privacidad de la familia, no daría más detalles sobre las circunstancias médicas del deceso. 

Tenía 68 años. Luchó contra el cáncer durante varios meses en absoluto hermetismo. Hacia el final, su cuadro incluyó complicaciones cardíacas y neurológicas que se agravaron durante su último año.

Jorge Horacio Messi, en Barcelona.

Jorge Messi y su apuesta arriesgada por Lionel

Quienes visitaban la casa de los Messi en Rosario y se encontraban con un asado, un domingo, y todos sentados a la mesa, escuchaban a Jorge decir siempre lo mismo: «Nosotros somos una familia de clase media y siempre quise que seamos así». 

Era la frase de alguien que había trabajado con las manos antes de aprender a negociar contratos millonarios. Y que nunca olvidó cuál era el orden de las cosas.

En la metalúrgica Acindar de Villa Constitución, Jorge tenía turnos rotativos incluso los fines de semana. 

Leo lo describió en una entrevista de 2019 con la precisión de quien guarda eso con más cuidado que cualquier trofeo: «Mi viejo se levantaba a las 4 de la mañana y volvía a las 9 de la noche para cenar todos los días. Nos veíamos poco y cuando nos veíamos, me disfrutaba, no me cagaba a pedos nunca. Yo lo disfrutaba muchísimo a él porque lo extrañaba y esperaba que llegara para poder abrazarlo».

Fue Jorge quien tomó la decisión de llevar a Lionel a Barcelona a los 13 años para hacerle el tratamiento hormonal que en Argentina era difícil de costear, la piedra basal que años más tarde llevaría al niño rosarino a la cima del fútbol mundial. 

Desde las inferiores de Grandoli en la zona sur de Rosario, pasando por Newell’s Old Boys, hasta los despachos del FC Barcelona. Jorge fue siempre el primero en creer y el último en soltar.

«Vos sabés muy bien que hemos pasado muchos momentos buenos y no tan buenos. Sobre esos momentos no tan buenos vos sabés que siempre salimos reforzados y pretendemos que esto continúe así porque esto nos ayuda a ser más fuertes ante la vida y a vos te ayuda a ser lo que sos, porque yo creo que por encima de ser un buen jugador de fútbol sos una excelente persona», le dijo Jorge a su hijo Leo en una entrevista en 2007.

El llanto de Lionel en el debut del Mundial: la historia detrás

El delicado estado de salud de Jorge Messi se hizo público a mediados de junio de 2026, durante el inicio del Mundial de los Estados Unidos, Canadá y México. 

Era habitual ver a los Messi llegar en grupo a los Mundiales —la postal del palco con Celia, los hermanos, los nietos y Jorge— y por eso llamó la atención la ausencia de imágenes de la familia en Estados Unidos durante la Copa del Mundo. Solo Antonella estuvo con sus hijos Thiago, Mateo y Ciro.

Tras anotar en el triunfo 3-0 frente a Argelia en el debut, Lionel Messi rompió en llanto sobre el césped

Lo que siguió fue una de las declaraciones más honestas y más opacas a la vez en la historia de las zonas mixtas mundialistas: «Es por una cuestión totalmente ajena a lo deportivo. Pasé unos días difíciles y complicados. Agradecido a la delegación y a todos mis compañeros. Siempre estuvieron a mi lado y me dieron fuerza para que esté bien», dijo.

Messi rompió en llanto tras el debut ante Argelia, en el Mundil 2026.

Horas después del partido, la familia Messi emitió un comunicado para desmentir los rumores de fallecimiento que ya circulaban y confirmar que Jorge recibía tratamiento por un cuadro médico. 

Tras permanecer varios días en un centro de salud porteño, Jorge fue dado de alta el 26 de junio y regresó a Rosario. 

Leo, que no viajó con la delegación al terminar el torneo, también volvió a Rosario para el reencuentro familiar. El abismo entre lo que ocurría en los estadios de Estados Unidos y lo que pasaba en el sanatorio de Rosario era el secreto más cuidado de ese Mundial.

Jorge Messi: el bar Vip, la oficina y los asados

En sus últimos años, Jorge había regresado a Rosario y desarrollado proyectos inmobiliarios. También compró el bar Vip, un local emblemático que funciona cerca del Monumento a la Bandera. Ahí tenía una oficina, desde donde manejaba los contratos de Lionel, la vida de la familia y las inversiones. 

Era la versión adulta y próspera del mismo hombre que en los años noventa volvía en colectivo desde Villa Constitución para buscar a Leo y llevarlo a entrenar.

Más allá del parentesco, la dupla formada por Jorge y Lionel Messi revolucionó la forma de gestionar la imagen de un deportista de élite.

Durante años de negociaciones al más alto nivel, Jorge supo defender los intereses de su hijo frente a las corporaciones más grandes del planeta. 

Y sin embargo, su voz casi no se conoció. Le escapaba a las entrevistas. Alguna que otra vez esbozó unas palabras en un aeropuerto o después de firmar contratos megamillonarios. Pocas veces aparecía en público.

La discreción no era pose. Era carácter. El mismo carácter que llevó a un obrero metalúrgico a subirse a un avión rumbo a España con su hijo de 13 años y convencer al Barcelona de que valía la pena apostar por ese niño que no crecía.

La misma discreción que hizo que, mientras su hijo se convertía en el mejor jugador del fútbol, Jorge Messi siguiera prefiriendo los asados del domingo a las ruedas de prensa.

El fútbol y Rosario lo despiden

Jorge Messi no quiso ser el padre del más grande. Quiso ser padre, simplemente. Y esa distinción, que para él era lo más natural del mundo, es la que hace que su historia sea difícil de contar sin que algo se mueva.

Porque la épica del fútbol suele estar llena de héroes que buscan el protagonismo. Jorge fue todo lo contrario. Fue el hombre que hizo todo lo posible para que su hijo brillara, y se mantuvo exactamente en el lugar que eligió: a su lado, pero en la sombra.

La mañana de este sábado 8 de agosto, en la puerta del bar Vip de Rosario, una pizarra decía que hoy estaba cerrado.

Afuera, la ciudad donde todo empezó seguía con su domingo. Adentro, quedaba la oficina desde la que un padre manejó la carrera del mejor futbolista del mundo.

Y en algún estadio de Estados Unidos, o en Miami, o en Rosario, Lionel Messi va a saber exactamente cómo honrar eso.

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