InicioFruta de exportaciónPenas y glorias rumberas: historias poco conocidas de salseros con ¡azúcar!

Penas y glorias rumberas: historias poco conocidas de salseros con ¡azúcar!

Héctor Lavoe, Melcochita, El Gram Combo y Celia Cruz, además de ser grandes cultores de los ritmos caribeños, qué tienen en común.

La salsa no es solo un ritmo que hace vibrar las caderas; es un festejo a la vida. Quizá sea el único género donde se puede vivir, morir y revivir riendo. Detrás de los salseros que han marcado épocas, están anécdotas desconocidas, luchas silenciadas y gestos de solidaridad que moldearon el alma del género. 

Desde Héctor Lavoe, cuya voz quebrantada por las adicciones encontró redención en una canción inédita, hasta Melcochita, el sonero peruano que endulzó la salsa del mundo con su carisma criollo.

Entérate cómo las figuras más icónicas navegaron entre el triunfo y el caos.

El cantante

Héctor Lavoe cantaba sus postrimerías. A finales de los años 70, su carrera había sufrido un sinfónico declive debido al abuso de drogas, la depresión y problemas legales. Muchos en la industria especulaban que se acercaba el final de su trayectoria artística.

En 1977, Rubén Blades se encontraba grabando con Willie Colón los primeros temas de su disco Siembra. Había compuesto El cantante, una canción que él planeaba grabar. 

Ese mismo año, Colón contactó a Blades después de que Lavoe fuera encontrado en un automóvil sufriendo una sobredosis. Le explicó que necesitaba «un buen tema» para ayudar a revitalizar la carrera del puertorriqueño.

Salseros, Héctor Lavoe

Willie propuso a Blades ceder la obra a Lavoe con la fe de que fuera la fórmula para el repunte de su carrera. Blades accedió a este gesto, que terminaría concretando una de las mejores interpretaciones en el mundo de la salsa.

El cantante fue lanzado en 1978 como el primer sencillo del álbum Comedia de Héctor Lavoe. La canción fue un éxito inmediato que dio un soplo de vida a la carrera de Lavoe y le valió el apodo de El Cantante de los Cantantes

Dicho álbum alcanzó el estatus de disco de oro, una distinción que se repetiría años después con la recopilación de éxitos El cantante – The Originals.

La canción aborda la vida de un artista famoso al que el público exige que actúe y entretenga, sin importar las dificultades personales que pueda estar atravesando. 

Esta temática resonó en los párpados latentes de Lavoe, quien luchaba con sus adicciones mientras mantenía una tambaleante vocación por la música.

Willie propuso a Blades ceder la obra a Lavoe con la fe de que fuera la fórmula para el repunte de su carrera. Blades accedió a este gesto, que terminaría concretando una de las mejores interpretaciones en el mundo de la salsa.

Años después, Blades admitió que su decisión de ceder la canción no fue únicamente para ayudar a un colega, sino porque reconocía que solo Héctor Lavoe podía imprimirle a la composición el sentimiento ideal, ya que el tema encerraba «un callado dolor». 

El Cantante trascendió hasta convertirse en un símbolo de la vida y sus luchas.

No es solo la historia de una canción, sino un testimonio del poder transformador de la música y la solidaridad entre genios.

¿Melcochita?

Pablo Villanueva Branda, conocido como Melcochita, nació el 17 de septiembre de 1936 en el distrito limeño de La Victoria (Perú) en una familia con inclinaciones artísticas, ya que su madre tocaba la guitarra y cantaba.

En la década de 1950, Melcochita comenzó su carrera musical formando junto a sus hermanos el grupo Son Cubillas, con el que empezó a experimentar en géneros tropicales y criollos, mostrando desde joven su talento de cantante y músico.

En sus inicios fue conocido como Pacocha. Fue pionero en la escena limeña, donde a los 18 años ya tocaba bongó en la Sonora Cubillas, una orquesta que interpretaba ritmos afrocubanos y tropicales. Ahí se cultivó como sonero.

Durante los años 60, Melcochita incursionó también en el boom del rock and roll y garage rock peruano y colaboró con bandas como Los York’s y Traffic Sound, donde aportó con voces y percusión. Su versatilidad era genética.

En 1970, lanzó su sencillo La cosecha de mujeres nunca se acaba, una versión de un tema tradicional colombiano y en el lado B incluyó La reforma, que refleja su compromiso con asuntos sociales como la reforma agraria peruana de la época.

Su incursión en la salsa se consolidó en la década de ese año cuando grabó con boogaloo Karamanduka y lanzó el LP Acabo con Lima huyo pa’ New York, bajo la prestigiosa disquera Fania Records, sello legendario de la salsa.

Melcochita no solo se destacó como cantante, sino también como compositor y productor. Ha grabado más de 70 temas a lo largo de su carrera, lo que lo posicionó como uno de los soneros peruanos más prolíficos a nivel internacional.

En la década de 1980 emigró a Estados Unidos, donde se vinculó con grandes figuras de la salsa neoyorquina como Celia Cruz, Willie Colón, Tito Puente y Johnny Pacheco.

Fue el primer artista latino en ser invitado al programa nocturno de gran audiencia Late Night with David Letterman en 1983, un hito que evidenció su alcance y la apertura de espacios para artistas peruanos en la salsa global.

Melcochita no solo se destacó como cantante, sino también como compositor y productor. Ha grabado más de 70 temas a lo largo de su carrera, lo que lo posicionó como uno de los soneros peruanos más prolíficos a nivel internacional.

Su estilo como sonero se caracteriza por extraordinaria improvisación vocal y el carisma en el escenario con un toque de humor criollo.

Su nombre artístico, Melcochita, se lo impuso el presentado peruano Augusto Ferrando, quien lo bautizó así por su capacidad para «endulzar» al público. Ferrando hizo un juego con la palabra «melcocha», un dulce tradicional de Perú.

En mayo de 2025, lanzó el álbum El Sonero Llegó, en el cual reinterpretó grandes éxitos de la salsa como Pa’ Bravo Yo, El Cantante y Goza Negra, buscando revivir el sabor clásico de la salsa con su estilo pícaro.

Melcochita fue reconocido en Nueva York con su inclusión en el Museo de la Salsa, un honor que refleja su importancia en la historia del género.

Su legado como sonero peruano es fundamental para entender la expansión de la salsa fuera del Caribe y su perseverancia es un símbolo de que nadie triunfa en su propia tierra.

Combos de oro

El Gran Combo de Puerto Rico, la emblemática orquesta, tiene una historia llena de méritos que reflejan su conexión con el público. Una de las más recordadas ocurrió en sus primeros años, cuando la agrupación apenas comenzaba a consolidarse tras la ruptura del Combo de Rafael Cortijo en 1962.

Por esos años, Rafael Ithier, pianista y fundador del Gran Combo, reunió a un grupo de músicos para acompañar al cantante dominicano Joseíto Mateo en una grabación.

Este proyecto inicial fue el germen de la orquesta que pronto se convertiría en un fenómeno musical. Sin embargo, el lanzamiento de su primer disco enfrentó un inesperado obstáculo: dos días después de que salió a la venta, fue asesinado el presidente John F. Kennedy.

El luto nacional que siguió al asesinato del mandatario llevó a que los productores del disco, los hermanos Álvarez Guedes, decidieran detener la promoción en Puerto Rico.

En cambio, enviaron la producción a países como Panamá, Venezuela y México, donde tuvo un éxito rotundo. Esta situación paradójica marcó el inicio de la fama internacional del Gran Combo, que en Puerto Rico tuvo que esperar un poco más para ser reconocido.

La primera presentación en público de la agrupación fue en el Club Rock and Roll de Bayamón el 26 de mayo de 1962, un evento que pasó a la historia de la salsa.

Un episodio primordial ocurrió durante una de sus primeras giras en Nueva York, donde la orquesta tocó en el famoso Palladium Ballroom. Allí, el público neoyorquino, en su mayoría inmigrantes latinos, recibió con entusiasmo la música del Gran Combo, lo que les abrió las puertas para futuras presentaciones en escenarios internacionales.

En 1969, la orquesta enfrentó cambios importantes en su alineación cuando varios miembros fundadores, como Roberto Roena y Elías López, decidieron formar su propio proyecto: Apollo Sound.

Este proyecto inicial fue el germen de la orquesta que pronto se convertiría en un fenómeno musical. Sin embargo, el lanzamiento de su primer disco enfrentó un inesperado obstáculo: dos días después de que salió a la venta, fue asesinado el presidente John F. Kennedy.

Una anécdota memorable ocurrió en 1973. El Gran Combo se presentó ante 50 000 personas en el Yankee Stadium de Nueva York.

Este concierto fue la apertura del espectáculo de los Fania All Stars y representó un momento de consolidación para la orquesta, que ya era considerada una de las mejores del género.

En 1977, Andy Montañez, uno de los cantantes emblemáticos del grupo, decidió retirarse para unirse a la Dimensión Latina. Su reemplazo, Jerry Rivas, logró ganarse el cariño del público y mantener el nivel vocal del Gran Combo.

Durante los años 70, el Gran Combo lanzó varios discos exitosos, entre ellos En Las Vegas (1978), que alcanzó disco de oro y alivió las preocupaciones sobre la estabilidad del grupo tras los cambios de integrantes.

Un momento emotivo en la historia del grupo fue la muerte del timbalero Mike ‘Malaret’ Marrero en 1978. Su sustituto, Edgardo Morales, aportó un nuevo sonido rítmico que renovó el estilo del Gran Combo.

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Rafael Ithier incluso le dedicó la canción Timbalero, un clásico permanente de su repertorio.

En 1983, la canción Y no hago más na, interpretada por Jerry Rivas, se convirtió en un himno jocoso que reflejaba una realidad social de Puerto Rico.

En una ocasión, Rafael Ithier contó que, durante una grabación en estudio, un problema técnico obligó a la orquesta a improvisar una pieza completa sin ensayar, lo que resultó en una de las grabaciones más exitosas de su carrera.

La historia del Gran Combo está llena de momentos que reflejan no solo su talento musical, sino un verdadero homenaje a la música, apto para todo público.

¡Azúcar!

Celia Cruz, la Reina de la Salsa, nació en Cuba en 1925 y comenzó su carrera en los años 40 y se consolidó como la voz femenina principal de la Sonora Matancera en la década de 1950.

Su talento y carisma la llevaron a convertirse en una de las figuras más emblemáticas de la música latina. Sin embargo, detrás de su fama, hay historias que muestran su fortaleza para superar crisis personales.

Una de ellas ocurrió poco después de su llegada a Nueva York, en los años 60, cuando ya había abandonado Cuba tras la revolución. En esa época, ella estaba tratando de abrirse camino como solista en un mercado competitivo y dominado por grandes orquestas y cantantes masculinos.

Durante una presentación en un club nocturno, el sonido comenzó a fallar justo cuando ella iniciaba una canción importante. En lugar de detenerse o perder la compostura, improvisó con su voz y ritmo a capela.

Celia siempre defendió la autenticidad y el sentido del humor en la música. En muchas de sus presentaciones, incluía momentos espontáneos donde improvisaba y jugaba con el público.

En los estudios de grabación, exigía la perfección, pero también sabía cómo hacer que sus compañeros se sintieran parte de un equipo. Su esposo, Pedro Knight, fue una pieza clave en su vida y carrera, apoyándola en cada paso y ayudándola a mantener el equilibrio entre la fama y lo personal.

Johan Fiestas Chunga
Johan Fiestas Chunga
Desde muy chico abrazó su soledad para jugar y crear historias. Dice que el amor es imposible, pero es purito miedo al compromiso. Se enamoró del periodismo cuando le informó a la directora de su colegio sobre el bully del salón. Tiene calle por el barrio de su abuela materna y cultura por embutirse libros en vez de merendar. Se la da de antisocial, pero tonea como cumpleañero. Su fruta selecta es el kiwi de sabor agridulce como su infancia en Paita.