InicioFruta de exportaciónEspecialesReal Plaza Trujillo, 4 meses después: una mujer y sus 2 hijas...

Real Plaza Trujillo, 4 meses después: una mujer y sus 2 hijas viven ‘atrapadas’ en los escombros

Una madre y sus hijas de Iquitos disfrutaban de sus vacaciones en Trujillo cuando el techo del establecimiento comercial se les vino encima.

Una mujer llora y ya no quiere recordar.

Todos en su lugar quisieran lo mismo.

Recordar es volver a pasar por el corazón, y no siempre es grato.

La mujer está en casa. Se cubre la cara, se seca las lágrimas. “Las lágrimas son el sagrado derecho del dolor”, escribió Franz Grillparzer. 

El llanto siempre ha sido considerado como un síntoma de debilidad. Sin embargo, la filóloga Irene Vallejo, en su ensayo Llorad, llorad, valientes, recuerda que las lágrimas son, además, una manifestación de coraje, una forma de enfrentarse a la realidad con honestidad.

Es un sábado familiar en una vivienda en Iquitos, la ciudad más grande de la selva peruana.  Y ella está frente a una pantalla contando, una vez más, la desgracia que la golpeó, a miles de kilómetros, en Trujillo, la ciudad más poblada del norte del Perú.

Han pasado cuatro meses desde esa fatalidad y la mujer busca lo que toda víctima busca: sanar, justicia, resarcimiento. Sin embargo, ha encontrado lo que toda víctima encuentra cuando se enfrenta a un sistema infectado: revictimización, indiferencia e injusticia.

Real Plaza Trujillo

Por eso tiene que volver a pasar por el corazón —por su corazón maltrecho— todo lo que vivió con sus dos hijas de 7 meses y 12 años. “La vida no es lo que es, sino lo que sentimos al recordarla”, aclara Alejandro Palomas.

—Ya no quiero recordar —dice, se pasa las manos para secarse las lágrimas. Lleva los lentes acomodados en la cabeza.   

Parece que se va a rendir.

Sin embargo, lo cuenta todo. Lo vuelve a contar todo.

Real Plaza: pasar por el corazón

El 21 de febrero del 2025, Pricila Álvarez Yuiyarima y sus hijas disfrutaban de sus últimos días de vacaciones en Trujillo, ciudad en la que vivió 15 años y a la que regresa con frecuencia.

A modo de despedida, en la tarde-noche de aquel viernes, fueron al Real Plaza, junto con unas amigas, en busca de sano esparcimiento, como lo hicieron las seis personas que, minutos después, morirán en ese espacio. Es un dolor dos veces atestiguar la muerte en un lugar construido para reír.

Jugaron en el Mr. Joy. Hay videos en los cuales  se les ve a su hija y a sus amigas disfrutar del tobogán. Después, caminaron al patio de comidas para cenar.

Leer más: Yekyll Iparraguirre, «el mejor padre del mundo»: soportó el techo del Real Plaza para salvar a su hijo de 2 años

De pronto, el estruendo desde lo alto, el polvo escalofriante y gris “un color desahuciado” y todo se derrumbó. Pensaron que era un terremoto.

Pricila se guareció en el puesto de Bembos con sus hijas. Perdió de vista a sus amigas. Nunca escuchó gritar tanto a su niña de 12 años. Nunca vio caer tanta agua de un techo. «Nunca vi tantos cuerpos aplastados». Nunca vio tanto miedo condensado en pocos metros cuadrados.

Un grupo de trabajadores del centro comercial se asomó por el ingreso al baño. Y volvieron a entrar. Los siguió y encontró un pasaje aterrador. Sintió que escapaba de una guerra.

Alcanzó la parte exterior. Todo era un caos. Su hija seguía gritando. Jamás la había visto en ese trance. Con su bebé de 4 meses en brazos —el cochecito se quedó entre los escombros—, gritaba por ayuda.

Los primeros paramédicos que llegaron en las ambulancias, les respondieron que la prioridad eran las personas con lesiones físicas, ellas no.

De pronto, el estruendo desde lo alto, el polvo escalofriante y gris “un color desahuciado” y todo se derrumbó. Pensaron que era un terremoto. Pricila se guareció en el puesto de Bembos con sus hijas. Perdió de vista a sus amigas.

De la muchedumbre apareció alguien que se identificó como médico y la ayudó a calmar a su hija. Respira, le pidió el hombre. La tomó de la cabeza con firmeza. La niña lloraba. ¡Respira! La niña gritaba, temblaba. Las secuelas son evidentes hasta ahora. En el colegio, hay días, en los que no juega en los recreos. 

Real Plaza: «Juegan con nuestros sentimientos»

En los siguientes días, fueron los representantes del Real Plaza, parte del conglomerado Intercorp, quienes la buscaron y la encontraron. «Solo para jugar con nuestros sentimientos», afirma Pricila.

«Nos decían que nos iban a pagar, me preguntaban qué me falta. Hasta ahora, me mandan mensajes al WhatsApp, me acosan; pero, cuando mi abogado conversa con ellos, cambian todo, dicen otras cosas. ¡Son puras mentiras!», lamenta.

Real Plaza se ha jactado que siempre ha mantenido comunicación con todas las víctimas. Confunden información con comunicación. Comunicación, distingue Dominique Wolton, no es transmitir datos, sino establecer una relación de entendimiento. Si no hay comprensión, no existe comunicación.

Han pasado cuatro meses y Pricila sigue siendo una víctima redundante: víctima del colapso del techo y víctima de un sistema que no le reconoce sus derechos.

En el camino, víctima de una empresa que nunca actuó como la responsable de la mayor tragedia en el norte del Perú de los últimos años, sino como una organización preocupada en seguir haciendo negocios.

Fiscalía: para hoy no, señora

Seis días después del colapso del techo, Pricila Álvarez acudió al Ministerio Público para acreditar que es víctima.

Regresó a Iquitos el 17 de marzo.

El 16 de abril, argumentó ante la fiscal Carmen Varas Valderrama que sufre severos daños tanto ella como de sus hijas, con la finalidad de que se le tome su manifestación. No fue atendida.

El 19 de mayo, solicita a  la fiscal una cita para brindar su declaración. El 29 de  mayo reitera el pedido y exige la intervención de la unidad de víctimas de la fiscalía provincial penal.

A decir de su abogado, hasta la fecha, la fiscal Varas Valderrama no ha convocado a su patrocinada ni le ha tomado manifestación ni le ha contestado los pedidos. Incluso, fueron a la Policía Nacional del Perú y les respondieron que debían sacar una cita.

En paralelo, Real Plaza Trujillo le pide que demuestre los daños ocasionados por el colapso de una estructura que solo tenía 8 años de construida, donde murieron 6 personas y resultaron con heridas físicas más de 170.

Pricila y sus hijos no terminaron con daños físicos, pero sí con deterioros sicológicos, esas patologías silenciosas que carcomen. 

Hasta en la forma de llamarla, el Real Plaza comete violencia. La empresa escribe mal el nombre de la madre de familia.

En su investigación sobre epidemiología de la salud mental en desastres, la especialista Carlo S. North, estima que, en promedio, 150 millones de personas son afectadas al año por un desastre.

De todos ellos, aproximadamente el 33 % desarrollarían un trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el 20 % algún otro trastorno de salud mental comórbido: dos o más trastornos al mismo tiempo.

El TEPT obliga a revivir el evento doloroso una y otra vez. Las víctimas sufren recuerdos intrusivos, pesadillas y reacciones físicas al exponerse a situaciones que les recuerdan el trauma. Evitan lugares, personas o conversaciones relacionadas con lo ocurrido. Como Pricila que llora y pide no recordar.

El estado de ánimo de la paciente cambia: pierden la capacidad de disfrutar, se sienten culpables sin razón y su memoria falla selectivamente.

El cuerpo permanece en alerta constante —sobresaltos, insomnio e irritabilidad se vuelven cotidianos—. Lo que comenzó como una reacción normal al trauma, se convierte en una prisión sicológica cuando persiste por meses.

Mientras Pricila Álvarez experimenta ese cóctel emocional, el Ministerio Público no recibe su declaración y el Real Plaza le pide que muestre pruebas del daño que les provocó el techo que les cayó encima.

Las víctimas sufren recuerdos intrusivos, pesadillas y reacciones físicas al exponerse a situaciones que les recuerdan el trauma. Evitan lugares, personas o conversaciones relacionadas con lo ocurrido. Como Pricila que llora y pide no recordar.

La especialista Belén Loyaga se pregunta, ¿se debe acreditar daño moral o físico con boletas, facturas y recibos? El Código Civil menciona en su artículo 1969 “aquel que por dolo o culpa causa un daño a otro está obligado a indemnizarlo».

«No se trata de respuestas con lenguajes diplomáticos y argumentar que se hicieron responsables con la mera activación de seguros, se trata de cubrir los gastos realizados por las víctimas y de analizar si hay ‘culpa o dolo’ en la supervisión y mantenimiento de un centro comercial tan concurrido», señala Loyoga.

Diversas voces, entre ingenieros estructuralistas y abogados, han afirmado que existen pruebas preliminares que apuntan a la negligencia y dolo de parte del Real Plaza.

Las tres evidencias más importantes son: a) existían advertencias previas sobre el mal estado del techo, según reportes de inspectores. b) la estructura presentaba corrosión, lo que indica una falta de mantenimiento adecuado y c) El centro comercial no implementó medidas preventivas, como cerrar el área afectada o realizar reparaciones oportunas.

Asimismo, la abogada Loyoga considera que es preocupante que el centro comercial se jacte de que hace un seguimiento constante a las víctimas que sí lograron atenderse en sus seguros en clínicas y centros de Intercorp (dueña del Real Plaza).

«¿Y los perjudicados que estaban de visita y no residen en el lugar donde están ubicados sus centros de atención médica?, ¿acaso no son merecedores de un seguimiento constante hasta su total recuperación?».

Tal como es el caso de Pricila Álvarez y sus hijas, quienes radican en Iquitos, la ciudad más cara del Perú, según un estudio del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) de setiembre del 2024.

—Sí, sí, me gusta Trujillo — responde Pricila Álvarez una pregunta que parece tonta.  

Nació el 15 de diciembre de 1981. Tiene tres hijos. El mayor ya cumplió 21 años.

La educadora Edith T. Aristizábal, la filósofa Kimberly Howe y el sicólogo Jorge Palacio coinciden en que una de las condiciones que más vulnera, fragiliza y rompe el equilibrio síquico de un sujeto es el sometimiento a experiencias o acciones violentas.

Leer más: Real Plaza: el dolor no tiene techo (versión pódcast)

Han pasado cuatro meses y Pricila y sus hijas continúan soportando el peso del aquel techo. Sin resarcimiento ni justicia, esos escombros, como esquirlas, descomponen sus vidas.

Mientras tanto, sigue evocando a Trujillo como un lugar cerca de sus afectos, tan parecido a un verso de Alejandra Pizarnik: «Eso tan terrible. Lleno de hermosura»..

César Clavijo Arraiza
César Clavijo Arraiza
Nació en un desierto frente al mar, donde solo crecen árboles de algarrobos. Dice que le gustan todas las frutas, pero en los últimos meses se ha decantado por el pepino, de origen andino; pero con una mala fama: se cree que si se consume después de beber licor puede causar la muerte. Periodista, escritor, docente, padre y esposo. Es torpe con la pelota, pero ama jugar fútbol. En el 2018 publicó "Tercera persona"; en el 2023, "No todo se queda en la cancha". Terminó un doctorado en comunicaciones.
🎁
×

¡Jo Jo Jo! 🎅

¡Gracias por visitarnos!

Mensaje navideño:

"Que esta Navidad te traiga alegría y buenas noticias."