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Progresismo y la cultura woke, por Carlos Talledo Manrique

Ambas ideologías buscan destruir la unidad cultural con la que se ha articulado la igualdad ante la Ley, empujando, no solo a la autodestrucción individual, sino, a la sociedad y la cultura que nos sostiene y fundamenta.

En el espectro político ideológico actual, y a nivel global, escuchamos permanentemente términos como progresismo y cultura woke o wokismo, refiriéndose a dos tendencia políticas que se desarrollan en la narrativa actual, promovidas a nivel mundial, principalmente en el área occidental, y que suelen confundirse entre sí; pero, que conllevan intrínsecamente una enorme diferencia, aunque sirven al mismo propósito, el globalismo que grandes corporaciones, públicas y privadas, intentan implantar en la agenda de cada país, minando o erosionando las bases o fundamentos sobre los que fueron fundados.

En ese sentido, es necesario realizar, brevemente, una diferencia entre ambas narrativas, su finalidad y su nocividad.

El progresismo en Perú

El progresismo puede dividirse en dos corrientes o subclases, cultural y jurídica. En lo cultural el progresismo es una ideología que proclama la superioridad moral de todo lo nuevo o actual frente a lo arraigado en el tiempo en nuestras sociedades; es decir, a todo lo viejo.

Por lo tanto, todo lo que heredamos de nuestro pasado histórico, todo el desarrollo social de nuestra cultura viene cargado de amenazas y retrocesos, de prejuicios y opresiones, contaminando, supuestamente, las normas, valores, instituciones, costumbres, creencias y conocimientos adquiridos y arraigados en nuestro espacio-tiempo. Por ello, su intención es destruir todo lo que entendemos por cultura, comunidad y civilización.

A este proceso de destrucción se le conoce como «deconstrucción», entendida como la renuncia a cualquier vínculo social, económico, cultural, moral, religioso y hasta biológico. El aparente objetivos sería realizar una «limpieza estructural» para una nueva autonomía. En pocas palabras, un vaciamiento de nuestra personalidad y características intrínsecas y heredadas culturalmente.

La otra dimensión del progresismos es jurídica, tema desarrollado en un artículo anterior, pero que se resume en la inflación retórica de derechos fundamentados en los deseos, anhelos o sensaciones personales de cada individuo, olvidando, la contraparte de todo derecho, el deber, permitiendo para su protección la intervención y expansión del Estado.

¿Qué es el woke?

El wokismo; sin embargo, promueve la multiplicación infinita de la dialéctica opresor/oprimido; es decir, cualquier diferencia cultural o biológica, presente o pasada, real o autopercibida sirve para producir categorías políticas de supuesta opresión, trasladando la discusión sobre asuntos, inclusive, cotidianos o mínimos de la vida diaria y los politiza, los convierte en narrativa de conflicto y lucha.

El wokismo permite una emersión de pequeños relatos que descubren, de un momento a otro, relaciones de opresión por donde vaya, identificando así, un sinfín de sistemas de opresión que dependen de la mera existencia de diferencias y de los que surgen opresores y oprimidos de distinta naturaleza y variedad.

A pesar de sus diferencias, ambas ideologías buscan destruir la unidad cultural con la que se ha articulado la igualdad ante la Ley, empujando, no solo a la autodestrucción individual, sino, a la sociedad y la cultura que nos sostiene y fundamenta, para, de esa manera, crean un hombre nuevo, el viejo y utópico objetivo del socialismo y sus diferentes tonalidades totalitarias, para implantar una agenda global en la cual todos se sientan protegidos e identificados, denostando la soberanía y particularidad de cada sociedad.

Carlos Talledo Manrique

Abogado constitucionalista

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