InicioFruta frescaActualidadPerú vende barato y compra caro: el fracaso silencioso del modelo petrolero

Perú vende barato y compra caro: el fracaso silencioso del modelo petrolero

Aunque aumenta la producción de crudo, el país sigue importando combustibles a mayor costo, lo que evidencia una brecha estructural sin resolver en su modelo energético.

Perú está produciendo más crudo en relación a hace unos dos años, pero sigue importando más combustibles de los que genera.
 
En 2025, el país alcanzó una producción promedio de 44 150 barriles de petróleo por día (bpd), un crecimiento del 8,6 % frente a los 40 630 bpd de 2024, según datos de Perupetro y la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH).
 
Sin embargo, la demanda interna se mantiene por encima de 300 000 bpd, lo que obliga al país a seguir comprando gasolina, diésel y fueloil al exterior, mientras discute si apuesta a convertirse en exportador de derivados del petróleo o se resigna a ser un importador de energía de alto costo.

Cada año, Perú aumenta su producción en crudo; sin embargo, sigue importando más combustible de lo que genera.

Datos que contradicen la retórica oficial

Las cifras de 2025 muestran que la producción de petróleo ya no sigue en caída libre, pero tampoco despega.
 
“El país logra mantener cierta producción, pero no se acerca ni a la mitad de lo que consume. Eso significa que el discurso de ser ‘exportador de petróleo’ es más aspiracional que real”, señala Luis Miranda, analista de energía en el sector privado, citado por medios de gestión económica.
 
Los envíos de crudo se contraponen con la dependencia de derivados terminados, porque el país carece de suficiente capacidad de refinación y de un mercado de exportación configurado.
 
“Se vende el crudo y se vuelve a comprar refinado a precios internacionales; es como vender la materia prima y pagar el valor agregado”, comenta Fernando Luján, experto en comercio exterior de energía.

Minem y la promesa de una matriz energética moderna

El Ministerio de Energía y Minas (Minem) ha anunciado un plan de inversión energética de más de 5 100 millones de dólares en proyectos viabilizados, con foco en minería y eficiencia energética.
 
Al mismo tiempo, la visión oficial apunta a una matriz energética 81 % renovable hacia 2030, con la minería impulsando la transición hacia energías limpias.
 
Ese escenario complica aún más la decisión de apostar a las exportaciones de derivados del petróleo, porque el discurso político cada vez más se inclina hacia la electrificación y las energías renovables.
 
“El Minem quiere que el país sea un referente de energía limpia, pero no ha articulado un plan claro para el sector petrolero», afirma Carla Méndez, consultora de energía en el sector financiero.
 
Agrega que si no se define un rol estratégico para el petróleo y sus derivados, el Perú podría quedar en la zona de peligro: dependiendo de importaciones de combustibles mientras pierde oportunidades de exportar productos refinados.

El Minem anunció un plan de inversión energética de más de 5 100 millones de dólares en proyectos viabilizados en Perú, con foco en minería y eficiencia energética.

La oportunidad de los nichos internacionales

En el mercado global, la demanda de derivados del petróleo no se ha desvanecido, sino que se ha reconfigurado hacia productos de alta calidad y menor contenido de azufre.
 
Países de América Latina, Asia y Europa buscan gasolina y diésel que cumplan con estándares de eficiencia energética y certificaciones ambientales.
 
“Perú podría encontrar nichos en mercados exigentes siempre que invierta en tecnología de refino y en certificación internacional. La calidad de los productos es clave”, indica Manuel Flores, experto en comercio internacional.
 
La industria de hidrocarburos en Perú ya cuenta con siete refinerías, con una capacidad de procesamiento de más de 216 000 barriles diarios, centradas en La Pampilla y la Nueva Refinería Talara.
 
“Si el Gobierno orienta parte de esa capacidad a la exportación de derivados, el país puede diversificar su matriz exportadora y reducir la vulnerabilidad frente a crisis globales”, sostiene José Rodríguez, analista de energía en el sector privado.

El camino de Lima como centro de procesamiento

En este contexto, la pregunta es si Lima puede convertirse en un centro de procesamiento de hidrocarburos, importando crudo y exportando derivados de petróleo.
 
La costa norte, con sus refinerías modernas, tiene la ventaja de una infraestructura portuaria que permite exportar productos a mercados de Latinoamérica y Asia.
 
“El modelo de país debería ser exportador de valor agregado, no solo de crudo. Lima puede ser el hub de derivados de petróleo para la región siempre que se invierta en logística y en estabilidad fiscal”, sostiene María Elena Vargas, experta en comercio exterior.
 
No obstante, el reto sigue siendo político y regulatorio. La incertidumbre sobre permisos, derechos y políticas ambientales ha frenado la inversión en el sector petrolero.
 
“El país tiene la capacidad de refinar y la posibilidad de exportar, pero falta un marco claro. Sin reglas transparentes, el riesgo es que el sector se quede en el limbo y el país pierda oportunidades de exportación”, concluye Luis Miranda.