Mientras muchas selecciones se enfocan únicamente en los entrenamientos y la logística deportiva, Noruega decidió llevar su preparación a otro nivel para el Mundial 2026.
La delegación escandinava arribó a Carolina del Norte con un cargamento que sorprendió a propios y extraños: 300 kilos de pescado rojo, 6 mil kilos de queso marrón (brunost) y 6 mil naranjas, además de otros productos tradicionales de su gastronomía.
El objetivo es claro: que figuras como Erling Haaland y Martin Odegaard mantengan los mismos hábitos alimenticios que han tenido durante toda su vida.

La dieta como parte del rendimiento
Detrás de esta peculiar estrategia existe una explicación deportiva. La Federación Noruega considera que la estabilidad alimentaria puede convertirse en una ventaja competitiva durante el torneo.

Para ello contrató a dos reconocidos cocineros: Aron Espeland, ganador de la Olimpiada Culinaria 2020, y Eirik Tufte, quienes serán responsables de preparar cuatro comidas diarias para toda la delegación.
Los futbolistas tendrán acceso a bufés con papas, pasta, pescado, pollo y otros alimentos habituales en su dieta. Incluso se contemplaron algunos permisos especiales con opciones como tacos para determinados días de descanso.
Un regreso esperado por casi tres décadas
La apuesta cobra aún más relevancia si se considera el momento histórico que vive la selección europea.

Noruega vuelve a disputar un Mundial después de 28 años, ya que su última participación fue en Francia 1998. Por ello, cada detalle ha sido cuidadosamente planificado para que el equipo llegue en las mejores condiciones posibles.
Con Haaland como principal estrella y una generación que ilusiona a todo el país, los noruegos buscarán comenzar con el pie derecho cuando enfrenten a Irak en su debut del próximo 16 de junio.


