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Messi: la final que no jugó, pero en la que se va como un dios

Argentina cayó sin atenuantes ante España, pero el capitán se llevó el adiós más humano de su carrera.

Argentina siempre jugó en el borde; y en el borde —escribió Piedad Bonnet— nunca estamos más solos, nunca somos más huérfanos. Jugó desamparado de fútbol y despojado de ese coraje que lo empujó para llegar hasta la final del mundial, que perdió sin discusión, frente a una España golosa con el balón y parca para llevar su dominio al marcador.

El 1-0 es poco para las ocasiones de peligro que forjó, pero es suficiente para consagrarse como la mejor selección de la competencia. Una campeona hecha y derecha.

Argentina también jugó abandonada, incluso por Lionel Messi, su todo. Habría que preguntarle, ¿qué pensó durante todo el partido?, ¿dónde estuvo su cuerpo y dónde, su mente? Lo primero, porque poco o nada corrió o ayudó cuando su equipo era asediado, lo segundo porque duele aceptar que en su último partido mundialista haya estado ausente.

Argentina también jugó desatendida de la buena fortuna. Sus dos defensas centrales titulares —Martínez y Romero— se lesionaron, y el mediocampista Enzo Fernández, el de los goles célebres, fue expulsado.

«Ausencia quiere decir olvido. Decir tinieblas», escribió Fernando Celada. Argentina sin su capitán es una «unánime noche» (dixi Borges), «el sol cae como muerto abandonado» (dixi Alejandra Pizarnik) y parafraseando a Fito Páez se declara una incompetente en todas las materias.

Excepto, en el arco.  

El Dibu Martínez fue un blindaje para resistir todos los disparos de España. A excepción del gol de Ferran Torres, en el cual, una vez más, Nahuel Molina no cerró bien su banda y permitió un pivoteo en el área. El guardavalla era la figura y estuvo a pocos minutos de llevar el encuentro al campo de batalla donde pulveriza a sus rivales: los penales.

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Alguna vez, Pep Guardiola describió que cuando Messi camina durante el partido, no está desconectado, sino que estudia el desarrollo del juego, escanea el campo a fin de identificar debilidades del rival para saber qué espacio atacar en el momento indicado. Por la televisión, más que un hombre trabajando con paciencia, se avistó a un jugador alejado y vacío de su plenitud.

Argentina también jugó desatendida de la buena fortuna. Sus dos defensas centrales titulares —Martínez y Romero— se lesionaron, y el mediocampista Enzo Fernández, el de los goles célebres, fue expulsado.

Messi: en ausencia de ti

Los primeros minutos fueron una demostración de credenciales. España engolosinada con la pelota y el equipo de Scaloni guarecido como una bestia, mordiendo y estudiando cómo salir de ese acoso. Sin encontrar el camino.

«El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo», aclara Albert Camus, quien cuando no escribía o filosofaba, se cuadraba en el arco para defender a su equipo. El éxito de Argentina esa primera parte fue terminar con su valla invicta. La desilusión para España fue no pescar nada a pesar de navegar por un mar favorable.  

Messi sí tiene derecho a jugar como jugó. En torno a él y esta selección argentina hay más orgullo que reproche. Más gratitud que enojo. El diario La Voz informa que ningún argentino se retiró de la tribunas del Estadio de Nueva Jersy hasta que su capitán se fue del campo.

El segundo tiempo ingresó Leandro Paredes, el de los cortes de precisión. Mejoró su selección, pero solo un momento. Argentina siempre tan arrogante, tan creída por ser la campeona del mundo, tan autosuficiente; pero el 19 de julio, una jornada después el Día de San Arnulfo, patrón de los cerveceros, anduvo embriagada por sus limitaciones. En el tiempo reglamentario, no disparó un solo tiro al arco.

En esas circunstancias, la victoria era una quimera. Más aún, cuando a poco de llegar al alargue, Enzo Fernández recibió la roja. Con un hombre menos,  un rival de alcurnia y Messi ausente, el bicampeonato era un sueño, un frenesí.

En el alargue Argentina seguía en el terrible borde resistiendo. Según los estoicos, resistir no significa pelear contra todo. Implica elegir cómo responder a los problemas. La clave está en aceptar lo que no puedes cambiar y enfocarte solo en tus propias acciones y pensamientos. Es usar la razón para mantener la calma frente al caos.

Los penales: lo más sensato para la selección sudamericana era llegar a esa  instancia. «Las historias de fútbol son siempre excesivas porque tienen que ver con la agonía y con los milagros», escribieron Luis García Montero y Jesús García Sánchez.  Sin embargo, todo se derrumbó, cuando España, en el inicio del segundo tiempo complementario anotó.

Messi: lo merece todo

Messi no jugó, pero hasta esa impertinencia se le disculpa al dios del fútbol. Y si ‘no’ jugó no debería ser nombrado, pero Jacques Lacan plantea la paradoja del lenguaje: nombrar algo requiere que esté ausente. Simone de Beauvoir señala que la ausencia es el precio de la libertad. «Al elegirnos nos hacemos ausentes para otros». Desde el existencialismo, Soren Kierkegaard sitúa a la ausencia en el tiempo, es decir, cuando el presente se escapa y el futuro nos abruma. El fútbol empieza a vivir sin el chico de Rosario de 39 años, el de los 21 goles en seis mundiales.

Messi sí tiene derecho a jugar como jugó. En torno a él y esta selección hay más orgullo que reproche. Más gratitud que enojo. El diario La Voz informa que ningún argentino se retiró de la tribunas del Estadio de Nueva Jersy hasta que su capitán se fue del campo. Abruma la certeza de que Messi y compañía lo dieron todo en este certamen. No fue una final soñada, pero nada anula lo vivido.  

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Las cámaras lo mostraban impertérrito, sereno antes de la premiación. Todo cambió cuando recibió la medalla de subcampeón. Su cuello sosteniendo la evidencia de que todo acabó y no fue lo deseado. Las imágenes revelan a  un dios en llanto. Las lágrimas avanzaban lentas por el borde de sus mejillas del futbolista que inspiró tanto:

  • “El mejor jugador del mundo es Messi y el segundo, Messi lesionado», Jorge Valdano.
  • «Comparar a Messi con el resto es como comparar a un buen policía con Batman», Jorge Sampaoli.
  • “Para mí ver jugar a Messi es como tener un orgasmo”, Figo.
  • «Messi es un jugador de Play Station», Arsène Wenger.
  • “Aunque quizás no sea humano, es bueno que Messi todavía piense que lo es», Javier Mascherano.
  • “Hace cosas que ni siquiera veía en Oliver y Benji, es un extraterrestre”, Luis Enrique.
  • “Messi juega como el mejor futbolista del mundo y vive como una más”, Tata Martino.

La tarde-noche en que jugó como uno más, Messi se retira como una deidad, para recordarnos que su ausencia es un dolor dos veces.   

César Clavijo Arraiza
César Clavijo Arraiza
Nació en un desierto frente al mar, donde solo crecen árboles de algarrobos. Dice que le gustan todas las frutas, pero en los últimos meses se ha decantado por el pepino, de origen andino; pero con una mala fama: se cree que si se consume después de beber licor puede causar la muerte. Periodista, escritor, docente, padre y esposo. Es torpe con la pelota, pero ama jugar fútbol. En el 2018 publicó "Tercera persona"; en el 2023, "No todo se queda en la cancha". Terminó un doctorado en comunicaciones.