-¿Qué canción le ponemos a tu gol de tiro libre?
El partido acaba de terminar y el camarógrafo tiene al frente a la figura del partido; Gerald Martín Távara.
—¿Qué música quieres para tu gol?
Insiste el camarógrafo.
—Una de Armonía 10, cualquiera—, contesta la estrella, un piurano de pura cepa, quien en ese momento mira con ojos inflamados de tanto llorar.
Entonces, aparecen imágenes en cámara lenta del mediocampista componiendo su obra maestra, y suena Me emborracho por tu amor.
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Es común el apellido Távara en el norte del Perú; lo que no es común es que un chico de Mallaritos, un sector agrícola de Sullana, rompa su destino gracias al fútbol.
De familia de agricultores es casi seguro que si Cristal no lo retenía en Lima, su porvenir se circunscribía al campo, la chacra y los animales. BuenaPepa publicó, en marzo del 2024, declaraciones del abuelo del futbolista. “Él (Martin) paraba con su honda matando pájaros”, contó.
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Martín Távara es un jugador que se odia o ama. Es indiscutible su talento con el balón, como, también, sus debilidades lejos de él. La noche del 6 de diciembre del 2025, en casa ajena, protagonizó una de las jornadas más gloriosas de un futbolista en el campeonato peruano: hat trick y un tanto en definición de penales.

Fue un derroche de su talento de exportación. Un hipo de su jerarquía, porque sus goles sirvieron para remontar el marcador en el partido más importante del año de Cristal.
Es común el apellido Távara en el norte del Perú; lo que no es común es que un chico de Mallaritos, un sector agrícola de Sullana, rompa su destino gracias al fútbol.
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Nunca tanto el presente de un club tan bien representado por un pie izquierdo.
Noche gloriosa para Cristal. Noche espectacular para Távara. Cristal anda sedado, anda descerebrado como Távara. Un club con jerarquía que es usado como el juguete de Innova; un jugador con una zurda de ‘champions’ que vive como amateur. Sin embargo, el sábado por la noche encontraron la luz.


