La congestión vehicular es, en Lima, una condición permanente. Una catástrofe cotidiana que millones padecen sin que nadie la resuelva. La Jauría de Riva Agüero la convirtió en método.
Operaban en la avenida Riva Agüero, en la intersección con Nicolás Ayllón, en Lima, en el corazón de un nudo de tráfico que paraliza camiones de carga, combis, autos particulares y motos lineales. Mientras el semáforo hacía su trabajo, ellos hacían el suyo.

Lima: así cayó La Jauría de Riva Agüero
Su esquema era simple y eficaz: aprovechar la inmovilidad de los vehículos para arrebatar lo que encontraran. Carteras, celulares, cascos. Lo que hubiera. Días antes de caer, dos integrantes de la banda ya habían sido capturados por agentes del Grupo Terna.
Pero la maquinaria siguió funcionando. Hasta que, el 15 de mayo de 2026, los agentes del Escuadrón Verde interceptaron un vehículo en la misma vía que la banda usaba.

Dentro del auto había cajas con productos médicos con destino a la Dirección de Salud de Lima Este. Pertenencias del conductor y el copiloto. Bienes robados que, ahora, tenían dueño y testigos. Lo que no calculó La Jauría es que los agentes ya los tenían en la mira.
Los primeros dos en caer, el 15 de mayo, fueron Carlos Humberto Huamán Sánchez, 28 años, alias Bobi, de nacionalidad venezolana y Diego Andrés Araujo Quintero, 26 años, alias Rata, peruano. Ambos fueron trasladados a la Depincri El Agustino.

«Robo por mi perrito»
Ante los agentes, cada uno ofreció su propia versión de los hechos. Diego Andrés Araujo Quintero, Rata, dijo que robaba porque su hija estaba enferma. «Yo robo por mis dos hijas y mi hijo, que tiene una pelota en el cuello», dijo.
Carlos Humberto Huamán Sánchez, Bobi, dijo que lo hacía porque su perrito estaba enfermo. «Robo por mi perrito porque está mal, necesita una operación», dijo.
La Jauría robó productos médicos con destino a hospitales públicos. Y sus integrantes alegaban urgencias médicas propias. La paradoja es tan perfecta que casi parece inventada. No lo es.
Tres días después, el 18 de mayo, cayeron Raúl Catalao Urresti, 18 años, alias Perro Flaco, y Carlos Moreno Carmen, 34 años, alias Laifun. Estos últimos fueron trasladados a la Comisaría San Cayetano.

Entre las especies incautadas figura un arma blanca. Entre las recuperadas, un celular, dos mochilas y una gran cantidad de productos médicos. Objetos que, en otro contexto, serían irrelevantes. En este, son el inventario de lo que Lima pierde cada día en un semáforo en rojo.
La operación estuvo a cargo del Escuadrón Verde de Lima, unidad de la Agencia de Inteligencia Táctica Operativa Terna (INTAO), Cercado de Lima. No hay héroes en esta historia, solo el trabajo metódico de agentes que siguieron una pista, esperaron el momento y actuaron. Y cuatro hombres que apostaron a que el tráfico seguiría protegiéndolos. Perdieron la apuesta.
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