“Tierra de buenas uvas y de eximias brujas llamaban los antiguos limeños a la que, en este siglo, fue teatro de los milagros del venerable fray Ramón Rojas, generalmente conocido por el padre Guatemala, y sobre cuya canonización por Roma se trata con empeño. Yo no creo en más hechizos que en los que naturalmente tiene una cara de buena moza. Toda mujer bonita lleva en sus ojos un par de diablitos familiares, que a nosotros los varones nos hacen caer en más de una tentación y en renuncios de grueso calibre”.
Usted acaba de leer un fragmento de “Brujas de Ica”, uno de los relatos de la célebre obra Tradiciones Peruanas, de Ricardo Palma, quien sentenció: “Mis tradiciones, más que mías, son de ese cronista llamado pueblo”, pero el pueblo, parece, lo ha olvidado. El pueblo ya no lee libros físicos; simplemente, no lee.
Según la última Encuesta Nacional de Lectura, desarrollada en 2022, los formatos digitales, especialmente los libros electrónicos, ganan terreno entre las generaciones más jóvenes: el 82,7 % de la población lee contenido digital. Como en una obra de terror, los resultados arrojaron que el 47,3 % de peruanos lee menos de un libro al año.

Una feria contra el olvido y la desmotivación
“Leer un libro físico tiene muchas ventajas a nivel cognitivo”, dice una mujer quien, junto al amor de su vida, cruzó el atlántico – desde el viejo continente – para vacacionar en Perú. Busca un buen título entre pilas de libros gordos y flacos, de páginas blancas, amarillas (sentenciadas por el tiempo) y con olor añejo.
Los libros físicos parecen personajes de historias de ficción que luchan contra la modernidad y se resisten a ser olvidados por los formatos digitales. Parecen tesoros peligrosos como en “El nombre de la rosa”, de Humberto Eco; sus compradores parecen una extensión de la novela “La ladrona de libros”, de Markus Zusak.
Un «desalmado» lector que acaricia el tránsito entre la adolescencia y la juventud, comparte sus pensamientos perezosos, casi perversos frente al reportero de BuenaPepa. Sin silenciador dispara a quemarropa: “Le pediré al ChatGPT que me haga un resumen, para qué perder el tiempo leyendo decenas de páginas. No hay tiempo para eso”.
«Los jóvenes cada vez pierden el hábito de la lectura (…) es una batalla que navegamos contra la corriente porque, lamentablemente, las autoridades que nos han tocado no dan un apoyo a la lectura. Debería haber en Trujillo, como en New York o España, un mercado en donde encuentras libros los 365 días del año”, dice con nostalgia el cronista Christian Oliva Capuñay, quien ha escrito siete libros sobre Trujillo: la ciudad de la cultura que no lee.

“La lectura se ha perdido en Trujillo. No tenemos el equivalente nacional: no tenemos bienal, no tenemos el coro de Trujillo. No hay apoyo de las autoridades», dice Oliva, con pausa y contundencia, como quien saca la costra de la herida que dejó la fricción entre la Municipalidad Provincial de Trujillo y la Cámara de Libro de La Libertad, por la autorización de la III Feria Internacional de Libro de La Libertad.
No hay espacio ni tiempo determinado para leer un libro: de ficción o no ficción, de entretenimiento o con fines académicos. “Estar a solas con un buen libro es ser capaz de comprenderte más a ti mismo», reflexionó el crítico literario Harold Bloom. Y tú, ¿qué libro en físico lees?


