InicioFruta de exportaciónEspecialesFernando Rospigliosi, un lengua suelta: sus polémicas expresiones que tensionan su liderazgo...

Fernando Rospigliosi, un lengua suelta: sus polémicas expresiones que tensionan su liderazgo en el Congreso

Desde que asumió como presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi ha proferido una seguidilla de insultos y expresiones despectivas que no solo laceran a sus víctimas, sino que evidencian la degradación de la solemnidad de las instituciones peruanas.

Rospigliosi, sociólogo de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), periodista y exministro del Interior durante el gobierno de Alejandro Toledo, práctica la violencia verbal a diestra y siniestra.

Su giro hacia posiciones más conservadoras y su acercamiento al fujimorismo generaron fuertes críticas. Llegó al parlamento en 2023 para reemplazar a Nano Guerra García, quien perdió la vida. En el 2025, asumió la presidencia del Congreso luego de que José Jerí se fue a la Casa de Pizarro.

Fernando Rospigliosi ha proferido una seguidilla de insultos y expresiones despectivas que no solo laceran a sus víctimas.

En la primera semana de diciembre, llamó “desquiciada” a la exfiscal Delia Espinoza. Este ataque es apenas un abreboca del bufé de insultos y hasta injurias que ha disparado el político de Fuerza Popular. Pero hay más, mucho más, y todo desde el cargo más alto del Poder Legislativo.

“Desquiciada”: la ofensa contra Delia Espinoza

Delia Espinoza presentó una querella por difamación y exige un millón de soles como reparación civil. Pretende que el congresista pague por su dignidad pisoteada.

Esta es la publicación que afecta la dignidad de la exmagistrada:

En anteriores oportunidades, Rospigliosi vinculó a Espinoza con el “terrorismo”, “economías ilegales” y cuestionó su historial profesional sin pruebas.

“Tuvimos que volver a mandar una segunda carta notarial porque primero me había tildado de aliada del terrorismo, y luego cuando me dijo por primera vez que era desquiciada. No se rectificó”, relató Espinoza.

También denunció el tono machista del agravio: “Que este señor aprenda a lavarse la boca antes de hablar de una dama”.

“Loquita”: burla contra Zaira Arias

Rospigliosi protagonizó otro episodio polémico. Esta vez, al burlarse de Zaira Arias —accesitaria del condenado excongresista Guillermo Bermejo— cuando ella exigió asumir su curul. Él afirmó que no le corresponde y la llamó “loquita”.

Cualquier duda sobre el tono se disipa con su frase a la prensa: “El Congreso no va a aceptar chantajes, ni pataletas, ni lloriqueos. Nadie le va a imponer al Congreso nada”.

Ese “lloriqueos” suena menos a argumento institucional y más a desdén.  Es un gesto que coloca al poder patriarcal por encima de la norma, desde la presidencia del Parlamento.

Menores asesinados vs. “sicarios”

Pero hay un episodio que toca lo más sensible: la memoria, vida y dolor de familias que han perdido hijos en la represión. Rospigliosi comparó menores de edad asesinados por policías o militares durante protestas con “desmanes”. El político insinuó responsabilidad de las propias víctimas.

Las madres de esos jóvenes respondieron con dolor y furia. “Ese señor es un miserable”, denunciaron. Su lucha no es solo por justicia, sino para impedir que borren la memoria de sus hijos o los conviertan en cifras y excusas.

“Terruco” y su carga histórica

Tras los disturbios del 15 de octubre, convocados por la llamada generación Z, el artista Eduardo Mauricio Ruiz Sáenz, más conocido como Truko, murió, luego de recibir un disparo de un policía.

Rospigliosi dijo lamentar la muerte, pero se refirió a la víctima como “este señor que se hacía llamar terruco”.

‘Terruco’ no es un insulto menor. Carga décadas de horror y persecución. Es una etiqueta que justificó abusos y sembró miedo en comunidades enteras.

Su argumento es que los manifestantes atentaron contra la Policía, que hubo violencia y que “no debe quedar impune”. Pero en su intento de justificar la respuesta represiva, cayó en el desprecio y la revictimización.

Rospigliosi: tiempos violentos

La política exige el acatamiento a la formalidad. Los cargos, en especial, aquellos que brotan del mandato popular —elecciones— obligan a quienes los reciben el más mínimo de los respetos hacia los ciudadanos.

Rospigliosi ha perdido el sentido del buen proceder. Él es el reflejo de las autoridades modernas, quienes han rebajado a la mínima expresión la discusión pública.

Laura Teruel Rodríguez, profesora de la Universidad de Málaga, recuerda que las ofensas y puyas no son recientes en la esfera política; pero se han modernizado con las nuevas generaciones y vuelto más frecuentes como técnica dialéctica.

Rospigliosi

La docente agrega que los insultos tienen una gran fuerza expresiva; implican agresividad e intencionalidad degradante contra el receptor. 

“No solo persiguen la descalificación del destinatario, sino que buscan su anulación o inhabilitación como contrincante político. Es decir, más allá del término en sí, denotan una falta de valoración no solo profesional, sino también personal contra el oponente”.

El único que puede ponerles bozal a los políticos es la ciudadanía. En la medida en que se castigue estas prácticas, estos señores las olvidarán y girarán hacia cumplimiento de las normas de cortesía institucional y el respeto democrático al adversario para dejar de utilizarlos.

Texto de Yeremy Rimarachín Gonzales.

🎁
×

¡Jo Jo Jo! 🎅

¡Gracias por visitarnos!

Mensaje navideño:

"Que esta Navidad te traiga alegría y buenas noticias."