El calor tiene buena pepa

El calor tiene buena pepa porque forja al humano más feliz y activo. El calor es el equivalente a un sol radiante que nos proporciona vitamina D, la serotonina y, con ello, salud, felicidad y calma.

Cuando las temperaturas suben y el sol llega a su cumbre es bienvenido disfrutar de un buen helado o de una cerveza convertida en elíxer en el congelador. No tenemos que preocuparnos por llevar pilas de ropa puestas o sufrir la fatiga de  guardárlas con cada cambio de estación.

El calor tiene buena pepa porque el cebiche sabe mejor, el pisco sour es más refrescante, la cumbia se baila con ventaja. Es el clima ideal de las raspadillas, las cremoladas y los helados. También, de la chica del verano, un mítico personaje de la publicidad peruana.

El calor tiene buena pepa porque es el tiempo de las piscinas y de la playa. Es el momento ideal para disfrutar de aquel acto indescriptible de la felicidad: el hombre en contacto con el agua.

El calor es el que acompaña los buenos recuerdos. El amor en verano es, sencillamente, un asunto sin excusas; ya no se puede echar la culpa a la noche, a la playa o a la lluvia por cortesía de los Jackson 5 y Luis Miguel. Y aunque todos queremos un amor de verano, el romance no es tema de todos. Frente el frío incómodo de la duda, la prescripción es clara: si te quieres divertir, con encanto y con primor, sólo tienes que vivir un verano en Nueva York.

Adam Sandler opinaría exactamente lo mismo porque es imposible no ser como niños felices en un verano con amigos. El carlo y el verano es “el tiempo primero de la libertad y la vida”, escribió Bradbury en El vino del estío y es así porque en el calor somos libres de toda atadura terrenal como los encierros en casas, las responsabilidades del trabajo o del estudio y podemos disfrutar otra vez de ser niños sin preocupaciones.

El calor tiene buena pepa porque es el tiempo de las piscinas y de la playa. Es el momento ideal para disfrutar de aquel acto indescriptible de la felicidad: el hombre en contacto con el agua. Terminada la jornada, los atardeceres son más preciosos que en cualquier otra época del año y las mejores fotos del recuerdo podrán salir en la hora dorada.

El calor tiene buen pepa porque, en medio de ese ambiente, los sentimientos se exacerban y por consiguiente el amor llegará. Sentirás que todo va a salir bien y pensarás ¿Debo compararte con un día de verano? Pues el calor de aquella persona especial te hará sentir bien. Shakespeare nos miraría con mucho orgullo.

¿Qué pasa si todo sale mal? Si estás en medio de problemas y te toca escapar como si se tratase de una copia extraña de Muerte en Hawaii de Calle 13, no te preocupes, puedes salvar a ese amor de verano y defenderte. La inseguridad hoy en día ha llegado a tantos lugares que no sería raro que un desconocido se acerque a tu nido de amor con un cuchillo y el sol brillará tanto que te cegará.

Entonces recordarías a Camus, te librarías de aquel atacante sin ningún problema y, a pesar de que te lleven a algún juicio, donde te acusarán injustamente, recordarías que el tan confiable calor daría la vida por ti para asumir todos los cargos, pues tu abogado apelaría a “que había sido a causa del calor”.

De regreso a la libertad verías lo hermoso que es el cielo despejado y, aunque ha sido un día largo, todo salió bien gracias a que el calor tiene buena pepa y te acompañó en todo momento. Siempre estuvo ahí. El calor de las relaciones amicales, los brazos de un gran amor que se parece a «los patios de las casas tranquilas cuando llega el verano…».

El calor y el verano son efímeros, tendrán que acabar en algún momento, pero es eso lo que los hace especiales. Una vez que estemos listos, entonces, voltearemos a Vallejo y diremos “Verano, ya me voy. Allá en setiembre tengo una rosa que te encargo mucho”. Pegaremos la vuelta y esperaremos, otra vez, a esa sensación de calor con nuestros recuerdos entre las manos. (Una colaboración de Franklin Oblitas Terrones).

El calor no tiene buena pepa

El calor no tiene buena pepa porque es un impertinente. En Perú ya es mayo y parece febrero. En esta época, los pantalones cortos y polos sin mangas se acompañaban con naftalina y se guardaban en los cajones de al fondo. Sin embargo, siguen atestados en los percheros. 

Con el paso de los años ese ardor se vuelve más insoportable. Crecer es un oficio frío. En casa no hay nada más placentero que estar acostado, envuelto en frazadas, sin necesidad de un dispositivo eléctrico que regule la temperatura. Lo contrario pasa en esta época de acaloramiento, cuando urge conectar el ventilador o aire acondicionado para coquetear con la comodidad en un espacio cerrado.

El calor no tiene buena pepa porque es la estación, en la cual se consume más agua y más luz en un país, como el Perú, en el que 3 millones de personas viven sin acceso a los servicios básicos y más de un millón no cuentan con energía.

El calor no es buena pepa porque hasta Bad Bunny lo está exacerbando con su NUEVAYoL, una versión superempalagosa del clásico un Verano en Nueva York del Gran Combo de Puerto Rico.

El calor, en esta época del año, no tiene buena pepa porque todo lo que es anormal debería inquietarnos. «Todo tiene su orden», repetía el protagonista de Días de Santiago. El equilibrio es una regla elemental del universo. Si algo se altera, entonces hay consecuencias, machacaba Thanos en Avengers: Infinity War.

El intenso calor en mayo tiene mala pepa porque es el anuncio de una tragedia mayor: un meganiño o un Niño Godzilla, del que todo el mundo está hablando, menos en el Perú. Según estimaciones científicas, el fenómeno que se avecina se extenderá hasta finales del 2026.

Ni por asomo, el calor es buena pepa cuando uno se enferma. No tienes ganas de levantarte; y el hedor de tu cuerpo golpea tus narices y las ajenas. Sentir cómo te asfixias por la sensación de narinas tapadas, debido a la creciente mucosidad, no es nada agradable.

Incluso, este sofoco no tiene buena pepa porque es la temporada del zancudo transmisor del dengue. En lo que va del año, 15 000 peruanos han desarrollado la enfermedad, y 14 han muerto. Ni las figuras públicas se salvan de contraer este mal. Caso conocido fue el de Fernanfloo, quien quedó internado debido al contagio.

Menos aún es buena pepa porque esta sensación térmica no solo nos afecta a nosotros, el hombre, sino que también a esas bolitas de pelo que nos acompañan: las mascotas.

Pasearlas bajo la temperatura creciente genera preocupación por la deshidratación y golpes de calor. Ver sus jadeos, salivación excesiva y vómitos asustan. ¿Debería preocuparme por ese cuadro? Claro que sí, llevarlo a un centro veterinario es urgente porque puede traer secuelas permanentes.

Calor

Ni hablar de animes o mangas, donde el calor no es buena pepa porque se usa de excusa para sexualizar a sus personajes. Los famosos episodios de piscina o playa donde rebosa el fanservice, y en muchos casos rompe el hilo conductor de la historia, resultan irritantes.

El calor no es buena pepa porque hasta Bad Bunny lo está exacerbando con su NUEVAYoL, una versión superempalagosa del clásico un Verano en Nueva York del Gran Combo de Puerto Rico.

El calor no es buena pepa para los smartphone. Todos los integrantes de un hogar peruano llevan un teléfono inteligente, el cual sufre en exceso por las altas temperaturas: se sobrecalientan con gran facilidad y su rendimiento empeora.

¿En qué estación del año el calor cumple una función destacable?: en verano. Muchos romances surgen durante estas fechas; pero hay otros para quienes las tragedias se presentan durante la estación del calor. Como lo sufrió Yōzō Ōba, personaje del libro Indigno de ser humano, cuya esposa fue mancillada por un tendero. Ver cómo el protagonista había progresado y, luego del acontecimiento, recaído en viejos hábitos provoca disgusto por la época.

Asimismo, el verano es una fuente de recuerdos lacerantes, porque actúa como un agresor si lo comparamos con Una mujer de bandera, de Hombres G. El calor, al igual que ella, no es más que una violencia que te asfixia hasta noquearte. Solo bajo el delirio de un sol que te sancocha el cerebro se puede romantizar esa paliza. (Una colaboración de Gionvanni Castillo Arroyo).

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