El presidente interino José Jerí continúa cometiendo el mismo error que la expresidenta Dina Boluarte al afirmar que con las acciones adoptadas por su gestión se va a «combatir» la criminalidad.
Eso no es posible, las condiciones y los diversos factores en juego hacen imposible que esto pueda suceder. El problema de la delincuencia es estructural en nuestras sociedades latinoamericanas y no se puede combatir en un año o dos, ni siquiera en un solo periodo presidencial, se necesitan políticas de Estado transversales a mediano y largo plazo.

El crimen se desborda
Lo que en estos momentos de crisis de la seguridad ciudadana sí es posible evitar que el crimen siga creciendo y empezar a disminuir su accionar hasta alcanzar lo que se conoce como «cifras tolerables de inseguridad», un estándar internacional que es resultado del promedio de varios países y que no representa una amenaza para la economía, la estabilidad política ni la gobernabilidad, como sucede en estos instantes.
El crimen organizado que ataca la seguridad y la economía de los peruanos utiliza inteligencia. El gobierno debe entender que no sólo se trata de comprar patrulleros, uniformes, armamento, etc. Se necesita inteligencia, pero no para enfrentarse a los criminales, porque un efectivo policial sin el entrenamiento adecuado y sin el armamento ni las leyes que lo protejan tiene mayores probabilidades de caer.

Desde Aprosec queremos advertir que no se trata de exponer a la ciudadanía a una guerra urbana como recientemente ha sucedido en Río de Janeiro. La seguridad ciudadana debe ser preventiva y la inteligencia, la información, «el dato», debe ser utilizado para evitar la violencia y eludir el accionar del crimen.
En un país donde la inseguridad se ha convertido en un problema cotidiano, la inteligencia vecinal emerge como una de las herramientas más efectivas, inmediatas y humanas para prevenir el delito. No se trata de sustituir el trabajo policial, sino de complementarlo con organización, información y comunicación desde la base: los vecinos.

Calles, urbanizaciones, edificios y comunidades pueden convertirse en redes activas de vigilancia preventiva que desarticulen, desde el conocimiento del entorno, las oportunidades del crimen.
El concepto de inteligencia vecinal implica la observación sistemática y responsable del entorno, el registro de patrones sospechosos y el intercambio de información verificada entre vecinos y autoridades locales. La clave no está en el enfrentamiento con los delincuentes —que puede ser peligroso y contraproducente—, sino en reducir los espacios de acción de la criminalidad a través de la cooperación ciudadana.

En las últimas décadas, distintas ciudades del mundo han implementado programas similares con éxito. En Bogotá, los llamados frentes de seguridad han logrado disminuir la delincuencia en zonas de alta densidad urbana gracias a la coordinación entre la policía y grupos de vecinos organizados.
En Medellín, la estrategia de corresponsabilidad comunitaria fortaleció el tejido social en barrios históricamente golpeados por la violencia. Y en México, el modelo de vecinos vigilantes ha permitido crear canales directos entre los residentes y las comisarías locales, con resultados medibles en la reducción de robos domiciliarios.
En el contexto peruano, donde la sensación de inseguridad supera el 80 % según el INEI (2025), la aplicación de inteligencia vecinal puede representar una respuesta concreta ante la desconfianza en las instituciones.

Los vecinos son los que mejor conocen los movimientos cotidianos de su entorno: quiénes viven en la zona, qué vehículos son habituales, qué horarios son normales. Esa información —que la Policía no puede captar sola— es valiosa para anticipar hechos delictivos, identificar patrones y actuar antes de que ocurra un crimen.
Estrategias prácticas de inteligencia vecinal
Organización estructurada: formar comités o grupos vecinales con voceros definidos que mantengan contacto directo con la comisaría o serenazgo.
Comunicación rápida y segura: uso de aplicaciones de mensajería con grupos controlados (WhatsApp, Telegram) para compartir alertas, fotos o videos, siempre evitando difundir rumores o noticias falsas.
Registro de incidentes: anotar horarios, placas de vehículos, o comportamientos inusuales para informar a las autoridades.
Educación ciudadana: talleres con especialistas en seguridad, prevención de delitos y manejo de crisis, a fin de actuar con serenidad y prudencia.
Iluminación y vigilancia ambiental: promover entornos seguros con alumbrado, cámaras comunitarias y espacios limpios y transitables.
Coordinación institucional: articular la labor vecinal con la policía, el serenazgo y las municipalidades para fortalecer la respuesta ante emergencias.

El principio fundamental es claro: la información salva vidas. Un vecino atento, comunicado y organizado vale más que una patrulla improvisada. Pero esa atención debe ser ética, prudente y colectiva, no invasiva ni impulsiva. El objetivo no es perseguir, sino prevenir.
Desde una perspectiva sociológica, la inteligencia vecinal refuerza el capital social —la confianza y la cooperación entre miembros de una comunidad—, debilitado por años de aislamiento, individualismo y miedo. Cuando los vecinos se conocen, se cuidan. Cuando se comunican, se protegen. Y cuando se organizan, el delito pierde terreno.
El Estado, por su parte, debe reconocer y fortalecer estas iniciativas. Es imprescindible que los ministerios del Interior y las municipalidades implementen protocolos de participación ciudadana en seguridad, garantizando capacitación, protección de datos y seguimiento formal a las alertas vecinales.
La inteligencia ciudadana no reemplaza a la inteligencia policial, pero la complementa de forma estratégica: donde hay comunidad activa, hay menos crimen posible.
Finalmente, en un país donde las estadísticas de violencia urbana crecen cada año, el desafío es recuperar la confianza colectiva. Y la inteligencia vecinal puede ser la chispa que encienda esa red invisible de solidaridad, vigilancia y esperanza. La seguridad no empieza en los cuarteles ni en las comisarías, empieza en la puerta de casa.
Cesar Ortiz Anderson
Más noticias:
Un sistema político en crisis permanente, por César Ortiz Anderson
– Lee el artículo aquí.



