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El geoglifo que el odio borró: la Triple Espiral y la herida irreparable de Trujillo

La Zona Arqueológica Quebrada Santo Domingo fue atacada días después de un operativo de recuperación estatal.

No fue el abandono del Estado que lo dejó expuesto durante años. Esta vez, la Triple Espiral fue eliminada con palanas y manos, como quien arranca una página de la historia. La secuencia de los hechos, sin embargo, apunta a un crimen de otro calibre: una represalia calculada contra activistas y autoridades por haber osado defender el patrimonio.

El geoglifo prehispánico conocido como Triple Espiral, ubicado en la Zona Arqueológica Quebrada Santo Domingo (distrito de Laredo, Trujillo), fue destruido en su totalidad entre el martes 9 y el sábado 13 de junio de 2026. Su desaparición no fue un accidente ni un daño colateral de una invasión. Fue un atentado directo contra la memoria.

«Es como si hubieran destruido el colibrí de Nazca, o como si hubieran entrado a Machu Picchu a demoler con una comba la Intihuatana. De ese nivel estamos hablando de destrucción».
— José Carlos Orrillo, director del proyecto Intangible.

La línea de tiempo es difícil de ignorar. El 9 de junio, el Ministerio de Cultura, la Municipalidad Distrital de Laredo y la Policía Nacional ejecutaron un operativo de recuperación extrajudicial en la zona intangible.

Se retiraron construcciones ilegales y se desalojó a ocupantes irregulares. La respuesta no se hizo esperar. Días después, la Triple Espiral —un geoglifo de líneas continuas de aproximadamente 15 metros de largo y más de mil años de antigüedad— había sido borrada del mapa.

Un campamento a 100 metros y un vehículo de alta gama

La hipótesis de la represalia no es una especulación. Durante la inspección posterior, las autoridades encontraron un campamento rústico a solo 100 metros del geoglifo destruido.

El lugar estaba equipado con estructuras de madera, colchones, cocina, balón de gas e incluso provisiones. Dos carpas y latas de pintura completaban el escenario de una ocupación clandestina que huyó minutos antes de la llegada de la policía.

La agencia Andina indició que la investigación también ha puesto el foco en Manuel Francisco Sánchez Ávalos, un hombre de 73 años que, después del primer desalojo, presentó una denuncia penal contra la Dirección Desconcentrada de Cultura por daños materiales.

Las autoridades lo consideran el principal sospechoso detrás de la destrucción manual de la Triple Espiral. Su caso no es un hecho aislado, sino una pieza más de un engranaje documentado: el de los traficantes de terrenos que falsifican certificados de posesión para apoderarse de áreas intangibles y venderlas mediante engaños.

La primera intervención también reveló otro detalle. Los invasores intentaron frenar el desalojo mostrando un presunto certificado de posesión emitido en 2005. Sin embargo, al mismo tiempo, la Policía intervino una camioneta de alta gama de propiedad de Cristian André Rejano Ayala. La imagen de invasores de escasos recursos se desvanece frente a la evidencia de una organización con recursos y respaldo legal aparente.

Un patrimonio de 11 000 años en la mira

La historia de la Quebrada Santo Domingo es una crónica de una desprotección anunciada. En el 2001, el entonces Instituto Nacional de Cultura declaró la zona como intangible.

Sin embargo, esta protección no impidió que en 2015 un grupo de invasores destruyera parcialmente el geoglifo con maquinaria pesada. El Estado invirtió cuantiosos recursos y convocó al reconocido restaurador de las Líneas de Nazca, Johnny Isla, para lograr su reconstrucción.

La Triple Espiral no era un simple dibujo en la tierra. Los especialistas sostienen que su forma de líneas continuas estaba asociada simbólicamente al agua y a sus diferentes estados: sólido, líquido y gaseoso, un conocimiento vital para las sociedades prehispánicas de la costa norte.

Seis años después de aquella restauración, la Triple Espiral ha sido destruida de nuevo. Esta vez, de forma manual y deliberada. La Zona Arqueológica XI Quebrada Santo Domingo, que comprende más de 1500 hectáreas, conserva evidencias de ocupación humana desde hace aproximadamente 11 000 años hasta el siglo XV d. C., incluyendo vestigios de las culturas Cupisnique, Moche y Chimú.

Geoglifo, triple espiral,

La Triple Espiral no era un simple dibujo en la tierra. Los especialistas sostienen que su forma de líneas continuas estaba asociada simbólicamente al agua y a sus diferentes estados: sólido, líquido y gaseoso, un conocimiento vital para las sociedades prehispánicas de la costa norte.

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El Ministerio de Cultura ha anunciado que impulsará acciones administrativas, civiles y penales para determinar responsabilidades. Sin embargo, el daño es irreparable. Como lo expresó el Ministerio: este atentado ha causado una «pérdida total» de una evidencia que no solo era patrimonio cultural, sino un testimonio del conocimiento ancestral.