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El último día de Francisco: reapareció en la Pascua, se despidió entre bendiciones y murió 24 horas después

Fue Domingo de Resurrección. La plaza estaba abarrotada por más de 50 000 personas que celebraban la Pascua. Nadie sabía que estaban siendo testigos del último acto público de Jorge Mario Bergoglio.

El papa Francisco, el pontífice que devolvió el rostro humano a la Iglesia, falleció este lunes a los 88 años en su residencia de la Casa Santa Marta, tras enfrentar complicaciones respiratorias que lo mantuvieron alejado de la vida pública en las últimas semanas. Sin embargo, su último día fue una estampa inolvidable de cercanía con los fieles: regresó a la plaza de San Pedro para bendecir a miles de personas desde el balcón papal y recorrer por última vez la explanada en su icónico papamóvil.

Fue Domingo de Resurrección. La plaza estaba abarrotada por más de 50 000 personas que celebraban la Pascua. Nadie sabía que estaban siendo testigos del último acto público de Jorge Mario Bergoglio, el primer papa latinoamericano de la historia, el pontífice que quiso una “Iglesia pobre para los pobres”.

El papa Francisco murió este lunes 21 a los 88 años.
Photo by Andreas SOLARO / AFP.

Con voz frágil, casi un susurro, Francisco saludó: «Queridos hermanos y hermanas, feliz Pascua”. Luego cedió la lectura del mensaje Urbi et Orbi a monseñor Diego Ravelli, maestro de ceremonias, que con solemnidad compartió las palabras del papa. Francisco escuchaba con atención, con la misma convicción de siempre, aunque con el cuerpo debilitado por la enfermedad.

Y cuando parecía que todo había terminado, el pontífice sorprendió a todos: volvió a subirse al papamóvil y recorrió lentamente la plaza, saludando a los fieles, bendiciendo a niños, conectando, una vez más, con esa Iglesia que camina, que toca, que abraza. Fue su última conexión con el pueblo de Dios, un gesto que hoy cobra un valor inmenso, casi profético.

Photo by Tiziana FABI / AFP.

Papa Francisco y una Pascua con señales

Francisco había reducido notablemente su participación en los actos de la Semana Santa. Desde su hospitalización, el pasado 14 de febrero, por una grave infección respiratoria, su presencia había sido intermitente. Tras 38 días de cuidados intensivos, recibió el alta el 23 de marzo, iniciando una convalecencia silenciosa y muy reservada.

No obstante, como en tantos momentos de su pontificado, sorprendió. Reapareció en la cárcel romana de Regina Coeli el Jueves Santo, fiel a su costumbre de visitar a los privados de libertad en esa fecha. Allí, aunque ya sin fuerzas para realizar el tradicional lavado de pies, conversó con 70 internos. Y al salir, dejó su última frase pública a la prensa: “Lo vivo como puedo”, refiriéndose a esta Pascua marcada por su frágil salud.

Photo by Andreas SOLARO / AFP.

El último visitante

En la mañana de ese mismo domingo, horas antes de su fallecimiento, Francisco recibió en audiencia privada al vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, un político católico convertido, en una breve pero significativa visita de Pascua. Fue su último encuentro oficial. Días antes también se había reunido con los reyes de Reino Unido, Carlos III y Camila.

Fiel a su estilo hasta el final, Francisco privilegió el contacto humano, incluso en medio de su convalecencia. Su forma de ejercer el papado, lejos del protocolo, cercana a las periferias, no se detuvo ni en los momentos más duros.

Un adiós entre campanas y silencio

Tras su muerte, las campanas de la Basílica de San Pedro comenzaron a sonar a duelo. Esta noche se realizará el rito de constatación de su fallecimiento en la capilla de la Casa Santa Marta, lugar que él mismo eligió para ser velado, rechazando el tradicional Palacio Apostólico.

Fotografía de una imagen del Papa Francisco durante una rueda de prensa este lunes, en la Conferencia Episcopal Boliviana en La Paz (Bolivia). EFE/ Luis Gandarillas

Aún no se han anunciado oficialmente los días para su funeral ni el inicio del cónclave que elegirá a su sucesor. Se espera que su cuerpo sea trasladado a la Basílica de San Pedro este miércoles 23 de abril, para que los fieles puedan despedirse de él.

Pero más allá de los rituales y del dolor, lo que queda es su legado: una Iglesia más humana, abierta, caminante. El papa que rompió moldes, que se arrodilló ante los descartados, que desafió a los poderosos con gestos de humildad, y que hasta su último día estuvo —literalmente— entre su gente.

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