Desde hace unas semanas podemos observar diversas «pintas» publicitando a tal o cual candidato para las futuras elecciones, sean en el 2026 o antes, y por diversos movimientos políticos.
El problema radica en que la oferta electoral se mueve alrededor de los mismos nombres, las mismas personas que alguna vez tuvieron algún cargo político y no hicieron absolutamente nada; pero ahora llenan su voz con discursos y consejos que ni ellos saben cómo ejecutar. Han pasado por diferentes tiendas políticas, adecuando su programa a los intereses del momento, mostrando un populismo y demagogia propias de un incapaz.

Elecciones: una oportunidad para enquistarse en el poder
Lamentablemente, hoy la política se ha convertido en un mercado al mejor postor, no importan los méritos, la capacidad, mucho menos los valores inherentes a cada persona, sólo importa quién ofrece más, quien tiene la capacidad de financiar una campaña o conseguir quién lo haga, para después pagar los favores.
Esta problemática va de la mano con la falta de partidos políticos con raigambre popular, con un plan de trabajo o ideología que defienda, sólo existen movimientos creados exclusivamente para colocar el mayor número de personas en los poderes del Estado, principalmente el Congreso de la República, y luego manejar los hilos del poder, para beneficio propio.

Aquí radica un malentendido concepto de democracia, donde no existen las oportunidades para todos en general, solo para aquellos que pueden financiar, de una forma u otra, una campaña electoral onerosa,
Los políticos hoy se reducen a mercachifles del poder. Esto, tarde o temprano, desembocará en un cataclismo nacional, en una dictadura o en una anarquía, como la que hoy ya empezamos a vivir, mientras nos pasamos la historia de tormenta en tormenta.

Nuestro sistema político requiere de profundas reformas y la creación de partidos políticos donde se promuevan a los más capaces y con méritos para ello –a la fecha existen 36 listas electorales para la próxima elección– caso contrario, veremos sentados la destrucción de nuestra sociedad en manos de facinerosos y fariseos, mientras tanto, nuestra democracia será, siempre, un futurible.
Carlos Talledo Manrique
Abogado constitucionalista



