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El hombre que encuentra animales y personas en las piedras

A cuarenta minutos de Trujillo, en plena carretera, a la altura de Shirán, Gabriel Flores crea y expone su obra. Cada una de ellas puede costar entre 150 a 10 mil soles.

Un elefante de dos metros, un león rugiente a tamaño real, dos toros en plena faena de arado, una gama de retratos, son solo algunas de las solemnes muestras del gran talento que posee Gabriel Flores Vargas, un escultor de 53 años, huamachuquino de nacimiento, que impresiona a propios y extraños con el arte de esculpir la piedra. Sus obras son las más buscadas en toda la región La Libertad y se encuentran en Shirán (kilómetro 31.5), caserío del distrito de Poroto, ubicado a 40 minutos de Trujillo. Los precios de cada una de sus figuras varían entre S/ 150 y S/10 mil soles.

La escultura es una antigua práctica en la historia humana. Este oficio, casi extinto en nuestro país, sobrevive de generación en generación. Esta fue la mejor herencia que recibió Gabriel Flores, quien lleva en su sangre el arte del esculpido gracias a sus padres. “Mi familia me inculcó este oficio. Lo empecé en donde nací, en el caserío Mallán, en Huamachuco, provincia de Sánchez Carrión. Con 24 años llegué a Huancayo, luego a Ayacucho y después a Huaraz, en el distrito de Jangas. Trabajé en cada uno de esos lugares donde, se podría decir, perfeccioné este arte”, relata el artesano.

Todo lo que Gabriel Flores toca lo convierte en oro. Construyó un majestuoso elefante de dos metros valorizado en 10 mil soles. (Foto: Facebook, Flores de las piedras “esculturas”).

Su oficina es toda de piedra. La encargada de dar la bienvenida a clientes y curiosos es su esposa, Enna Lara Saavedra (54). “Llevo 29 años en este trabajo. Acá llegué en el 2019 y es impresionante la visita que recibimos. Mi esposa, mi hija (Enna Trinidad, de 15 años) y algunos de mis trabajadores siempre atendemos amablemente a todos los que vienen”, expresa Gabriel Flores.

El arte de la perfección
En su larga trayectoria, el artesano huamachuquino ha construido tantas imágenes que no recuerda el número exacto. ¿Cuáles son las más difíciles? Asegura que los retratos suelen ser los más tediosos. “Acertar con las características del individuo es lo que más cuesta. Es por eso que realizar un retrato nos puede llevar a terminar la tarea a dos meses”, confiesa.

No existe piedra ni imagen que se le oponga. Cuando toma sus herramientas puede construir la octava maravilla. (Foto: Henry Chávez).

Los costos varían de acuerdo a lo solicitado. Un retrato a tamaño real puede valer 7 mil soles. “Hace poco hicimos un elefante. El costo fue de 10 mil soles. ¿Por qué tanto? Por lo difícil que es encontrar una piedra de ese tamaño y por lo complicado que armar esa figura con el esculpido. Demoramos poco más de dos meses en terminarlo. Luego están los retratos, que es lo más solicitado acá. El costo normal para ello es de 5 mil a 7 mil soles”, relata.

La materia prima está en la naturaleza. Sin embargo, no en todas las piedras se puede trabajar la escultura. “Las rocas las traemos de Shorey o Simbal. Ahí se puede encontrar la piedra ideal, la caliza o volcánica”, expresa. Para empezar y terminar la obra, Flores solo necesita amoladora, cinceles, un taladro, discos, brocas y combas. Con estas herramientas puede crear la octava maravilla mundial.

El gran talento de este huamachuquino ruge como un león. Si vas por Shirán debes hacer un parada en el kilómetro 31.5.

En honor a Lance
En todas partes del Perú hay una obra de Gabriel Flores. Ha despachado figuras a Cusco, Arequipa, Tacna, Lambayeque y otras ciudades. Entre los más emblemáticos está la campesina típica en el Parque Lítico de Huaraz o el Cantarito botando agua en Huamachuco. Otra majestuosa obra suya es la imagen del recordado ciclista Lance Ramírez Alva, destacado adolescente ciclista, quien falleció en enero 2019 a causa de un accidente de tránsito ocurrido en la Panamericana Norte (a 400 metros del óvalo de Puerto Morín).

También inmortalizó a Lance, una joven promesa del ciclismo liberteño que perdió la vida en 2019 por culpa de la imprudencia de los hombres del volante.

“Su padre (Luis Ramírez D’Angelo) fue quien me contactó. Mandó a realizar dos artes, la primera fue de su imagen sonriente; la segunda, su bicicleta. Ambos están en el lugar donde perdió la vida”, manifiesta Flores.  

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