InicioFruta selectaArticulistasDecadencia social en modo Speed, por Carlos Talledo Manrique

Decadencia social en modo Speed, por Carlos Talledo Manrique

El controvertido y sensacional poeta norteamericano Charles Bukowski dijo alguna vez: «Nacimos aquí, donde las masas idolatran a los idiotas y los convierten en héroes ricos». Esta frase cobra relevancia en la actualidad, donde en la gran mayoría de contextos, la fama y el éxito económico pueden ser obtenidos no necesariamente por méritos intelectuales, éticos o por contribuciones significativas a la sociedad, sino por factores como la popularidad, la frivolidad, la lisonjería, el poder económico o la simple estupidez que embelesa a la muchedumbre, ávida de un circo que llenes su vidas exentas de contenido cultural.

Esto puede hacer referencia a la cultura del entretenimiento, redes sociales, o fenómenos de celebridad moderna, influencers, youtubers, artistas del espectáculo, etc, donde individuos que sin mayor talento o mérito cultural o intelectual se vuelven famosos e influyentes simplemente por su visibilidad o comportamiento polémico.

Speed y la decadencia moral

Como bien lo expresó nuestro premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, la civilización del espectáculo consiste en la constatación de cómo la industria cultural contemporánea (que, como un Midas mediático, transforma todo lo que toca en espectáculo) ha destruido la «alta cultura» (y de paso, otras manifestaciones humanas cruciales para una adecuada convivencia en sociedad como la política.

Así llegamos a lo que hace unos días causo gran sorpresa en mí al ver a un streamer autodenominado Speed pasearse en carruaje por la Plaza Mayor de Lima, siendo recibido, inclusive, por el alcalde de esa ciudad.

Tuve que investigar en el Internet sobre este personaje que no tiene más méritos que grabarse haciendo tontería y media, lo cual, por supuesto, convoca de manera virtual a millones de seguidores que llenan el sopor de su tiempo vacío mirando, en estado cerebral neutro, actitudes absurdas y desprovistas de esencia o, como decía el gran Marco Aurelio Denegri, de miga y sustancia.

Esto, por supuesto, ha redituado de manera generosa los bolsillos y las cuentas bancarias de este señor.

Coincido con Hildebrandt, lo cual no es muy usual, cuando indica que “Es el típico ejemplo de lo que somos a nivel planetario: miles de millones de monos en una jungla de internautas, moviendo los pulgares y entreteniéndonos con la basura que otros deciden que debemos ver”.

Esta decadencia es sintomática en todos los aspectos de nuestra sociedad, iniciando por la política, votando por los peores candidatos que presentan los partidos políticos del momento, sin miga ni sustancia, pero que con cualquier escándalo se posicionan en primer lugar, donde un mercachifle de la política utiliza su dinero para coaptar cuotas de poder y tener influencia, si no, pregunten a la SUNEDU, donde nos gobiernan un grupete de impresentables e ineficientes que nos están llevando, por caminos sinuosos, por trochas oscuros y peligrosos y que tarde o temprano pasarán su factura.

Nos hemos convertido en una masa que no piensa, razona, analiza y concluye, que no hace el esfuerzo de cuestionar el statu quo y rebelarse contra él, somos el hombre masa de Ortega y Gasset, adormecidos por el espectáculo, el circo y la incultura.

Más noticias:

🎁
×

¡Jo Jo Jo! 🎅

¡Gracias por visitarnos!

Mensaje navideño:

"Que esta Navidad te traiga alegría y buenas noticias."