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César Acuña en otra realidad: el incendiario que aspira a Palacio y deja a La Libertad desangrándose

Mientras la región esquiva balas y lidera los ‘ranking’ del crimen, su gobernador, César Acuña, esquiva la responsabilidad y salta a la carrera presidencial. Un análisis sobre el patrón de ambición que sacrifica la gestión pública por el ego, la influencia y la voracidad política.

¡No hay primera sin segunda ni segunda sin tercera ni tercera sin ambición! Con una puntualidad que ya huele a cinismo electoral, César Acuña Peralta, el político trujillano de origen chotano, volvió a hacerlo.

El 13 de octubre de 2025, dejó la gobernación regional de La Libertad para apuntar nuevamente al sillón presidencial en el 2026, cumpliendo así su tercera postulación y su segunda renuncia a un cargo ejecutivo regional con fines electorales.

Un detalle clave: el 13 de octubre era precisamente el último día del plazo legal para que gobernadores y alcaldes renunciaran si quisieran postular a la Presidencia. Es decir, Acuña esperó ‘decentemente’ hasta el límite para mantener el poder regional el máximo tiempo posible.

El timing es la navaja de la ironía. Mientras la gente corre por su vida, mientras La Libertad sangra y ‘respira’ la pólvora de las dinamitas por las extorsiones, el gobernador se acomoda en la silla calculando el salto. Si eso no es incendiar la casa para luego pretender alquilar otra; entonces, ¿qué es?

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La Libertad no atraviesa una crisis, sino una masacre institucional. Según el Sistema Informático Nacional de Defunciones, la estadística criminal revela un colapso sin precedentes: los homicidios pasaron de 69 a 280 entre 2017 y 2024, una magnitud que, por estándar internacional, representa una tasa crítica por cada 100 000 habitantes.

En este 2025 —hasta noviembre— se registran 208 víctimas. La violencia no se desacelera; se normaliza.

El ‘timing‘ es la navaja de la ironía. Mientras la gente corre por su vida, mientras La Libertad sangra y ‘respira’ la pólvora de las dinamitas por las extorsiones, el gobernador se acomoda en la silla calculando el salto.

La extorsión es el otro monstruo desatado: las denuncias se multiplicaron por cinco en ese mismo periodo, sumando más de 3900 casos en lo que va del 2025, indican las cifras del Sistema Informático de Registro de Denuncias Policiales. Esto catapulta a La Libertad como la segunda región con más denuncias de extorsión en el país, solo superada por Lima.

En Trujillo, el sonido de las dinamitas ya no sobresalta: es la banda sonora de una ciudad acostumbrada al miedo. La minería ilegal ha convertido a provincias como Pataz en zonas de guerra con un saldo de muertos brutal.

La justificación oficial de Acuña es tan vacía como previsible: “La seguridad es un problema nacional, yo solo soy el gobernador.”

César Acuña

La excusa suena a sketch de mal gusto, pero en la realidad genera frustración e indignación. Es como si Excelsa —sí, la trabajadora del hogar de La Familia P. Luche— dijera: “¿Y a mí por qué me piden hacer todo en la casa si yo solo soy la sirvienta?”.

A diferencia de un personaje cómico, Acuña no puede darse el lujo de ser un chiste ni de dejar la casa abandonada. Por ley, el gobernador preside el Comité Regional de Seguridad Ciudadana (Coresec). Maneja el presupuesto, coordina con la Policía y define prioridades. Cuando te ponen a sofocar el incendio, no te puedes ausentar. Hay responsabilidad política con vidas en juego.

Los datos lo avalan, y la calle lo grita: hasta octubre de 2024, La Libertad ejecutó apenas  79.5 soles por habitante en seguridad ciudadana, según datos del Ministerio de Economía y Finanzas y el Instituto Nacional de Estadística e Informática. ¿El promedio nacional? Cerca de 132 soles. Plata hubo. Lo que faltó fue voluntad, o prioridad, para usarla donde ardía.

El crimen organiza su festín a diestra y siniestra, surrándose y riéndose de las autoridades, desnudando la incompetente gestión. ¿Nos quieren florear que no es así? Por favor… a otro perro con ese hueso.

César Acuña: les dejó mi desprecio

Renunciar a la gobernación regional para postular a la presidencia no es ilegal. Pero abandonar el timón del barco en medio de la tormenta política y del crimen organizado tiene otro nombre: abandono institucional. Es un problema moral donde los intereses personales, el ego y el poder están por encima de la convicción política.

Este patrón de ‘dejar el cargo para postular’ no es nuevo en el currículum del político trujillano. Esta es, precisamente, la segunda vez que Acuña abandona el máximo cargo regional (la primera fue cuando renunció a la alcaldía de Trujillo en octubre de 2015) con el mismo propósito: la presidencia.

Acuña no puede darse el lujo de ser un chiste ni de dejar la casa abandonada. Por ley, el gobernador preside el Comité Regional de Seguridad Ciudadana (Coresec). Maneja el presupuesto, coordina con la Policía y define prioridades.

Para un hombre que ya es multimillonario, la meta no es el dinero; es el poder en su estado más puro. Él quiere la influencia y el control político que no compra con el dinero de sus universidades.

Pero la máxima expresión de este abandono se da en 2025, cuando tanto el gobernador de la región más violenta del país como el alcalde de la capital, Rafael López Aliaga, renuncian a sus mandatos ejecutivos para competir por el sillón presidencial. Acuña y López Aliaga confirman la regla: para ellos, los cargos públicos son simples trampolines y no un compromiso ejecutivo.

La ambición de Acuña no solo se mide en retiros, sino en inversión de campaña temprana. Acuña y su partido, Alianza Para el Progreso (APP), son el segundo mayor inversor en publicidad digital entre los posibles candidatos: mientras su competidor José Luna Gálvez (Podemos Perú) destinó S/ 1.7 millones en redes (Facebook e Instagram) entre 2024 y 2025, Acuña superó los S/ 370 000 en el mismo periodo.

Entre ambos concentran el 99 % del gasto total en publicidad digital de la precampaña. Este análisis fue realizado por el portal Ojo Público basados en reportes de Meta (la empresa matriz de Facebook e Instagram).

Acuña: el compadrazgo

Acuña y su partido sirvieron, además, de aliados clave al gobierno de Dina Boluarte. Esta alianza se tradujo en un blindaje legislativo rotundo: entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, APP votó a favor del Gobierno en el 85 % de las mociones de censura y procesos de fiscalización presentados en el Congreso.

Es decir, defendió a un gobierno de precaria aprobación y cuestionable gestión. Qué noble, democrática y transparente acción… si no fuera tan descaradamente conveniente.

Aquí es donde interviene la filosofía más cruda del poder, que desenmascara la ambición sin escrúpulos. Maquiavelo, el maestro de la realpolitik, dejó en claro que no se puede llamar virtud al asesinar ciudadanos, traicionar amigos o faltar a la palabra; si bien estos medios pueden hacer ganar poder, jamás conferirán gloria.

La acción de Acuña de dejar a una región en crisis se siente precisamente como esa ‘traición’ al mandato popular. El cargo fue solo una base de operaciones asegurada. Como recordaba el escritor florentino, la ambición siempre mira hacia arriba porque los hombres van de una a otra, primero buscando asegurarse y después atacando a otros para escalar.

Sí, hay precedentes, pero ninguno se fue con su región perfilada en el ranking del fuego real como la gestión de César Acuña. Él no es el culpable de la existencia de los delincuentes, pero sí es responsable de la ineficiente gestión para combatirlos.

Abandonar el barco hundido en sangre, porque aspiras a tomar uno más grande, obliga una pregunta con legítima ironía: si no pudo con La Libertad, ¿por qué sí podrá con el Perú?

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Esto no es un análisis de calidad humana, sino de irresponsabilidad política. Aquí no deben haber tintes de preferencias por intereses ni defender a nadie a capa y espada. No nos dejemos engañar por el clientelismo que cambia el criterio por un táper de comida, un trabajito o cualquier otra cosa que te supedite a ser uno de sus ‘chupamedias’ o ‘tontos útiles’.

Porque cuando la fachada brilla, la sangre no se maquilla. Y lo que se está jugando aquí no es la risa del auditorio, sino la vida del público que sangra afuera del escenario.

Favio Zerpa Novoa
Favio Zerpa Novoa
Comunicador egresado de la Universidad Privada Antenor Orrego, con experiencia en radio y televisión. Su periodismo es el resultado de la calle y la academia. Le aburre el lenguaje cuadrado y de pose. Su estilo es conocido por romper el discurso plano, mezclando análisis y crítica con elegancia, 'calle' y sin miedo a golpear con rigor. Sostiene que el periodismo debe ejercerse con independencia y libertad, cueste lo que cueste. Fuera del micrófono y los párrafos, es esposo y un amante empedernido del rock, el arte y el deporte, especialmente, del fútbol.