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Sobre “Braulio”, mi primera incertidumbre narrativa

(Memoria de un cuento escrito hace muchos años)

Quiero empezar el año contando una necesaria anécdota sobre lo que fue para mí el primer acercamiento que tuve a la escritura de manera objetiva, mi primera incertidumbre narrativa si podemos decir. Siempre surgen preguntas del cuándo y el cómo, pues sirva esto como una respuesta, o un intento, o simplemente una historia por contar.

Fue allá por el 2006 que me aventuré a escribir un cuento propiamente dicho. Había visto la convocatoria para el Concurso Juvenil de Cuentos en Memoria de Germán Patrón Candela, y como la dirección de entrega era en Trujillo, me aventuré a la escritura.

Sinceramente, no tenía una idea clara de qué escribir, no solía escribir para concursos (y ahora menos), pero al revisar las bases con detenimiento, una cláusula me ayudó: pedían como tema hablar de alguna característica que resalte el lugar de procedencia del concursante.

Fue allá por el 2006 que me aventuré a escribir un cuento propiamente dicho. Había visto la convocatoria para el Concurso Juvenil de Cuentos en Memoria de Germán Patrón Candela, y como la dirección de entrega era en Trujillo, me aventuré a la escritura.

Por aquel tiempo, recuerdo, había realizado un viaje muy importante para mí: volver a Lima luego de quince años, quince largos años, y fue toda una experiencia, un volver al origen que me ayudó. Recuerdo.

Me fui/nos fuimos de Lima cuando tenía siete años. A mi padre lo habían cambiado a la ciudad de Trujillo luego de regresar de Ayacucho, de estar un año en zona de emergencia, en plena época de la guerra interna que tuvimos y de la cual aún no nos reponemos.

En Lima dejamos los principios, los primeros amigos, la primera vida, la Villa Militar de Las Palmas, el colegio José María Eguren, los paseos por Barranco, los helados y la mar, las primeras alegrías y al mismo tiempo algunas imágenes no muy gratas que regresan de cuando en cuando a la memoria.

En Lima dejamos el principio, luego partir al norte, a empezar todo, a reempezar todo, todo. Y fue en El Porvenir donde nos asentamos casi ocho años, en el rico Porvenir, para cerrar las mudanzas en Manuel Arévalo, lugar donde está definitiva la casa de mis padres, la casa familiar, el hogar en sí. Vuelvo a la imagen, vuelvo.

A Trujillo le debo todo lo que soy, todo lo que he logrado ser: una carrera profesional, los amigos que aún conservo (y que poco a poco van aumentando o disminuyendo, elija usted la opción), mis primeros libros, mi primer acercamiento a la literatura, los amores frustrados que ahora agradezco y aquellos fantasmas del pasado que siempre regresan, siempre.

Oscar Ramirez comparte detalles de la creación de su promer cuento. (Foto: César Clavijo Arraiza).

Pero el deseo de volver a Lima me visitaba muy seguido, como aquella imagen que aparece en las calles haciendo que retorne en las palabras un recuerdo por completar, algo así.

Y volver a Lima era una meta, un deseo, un camino necesario. Y lo hice: cuando cumplí veintidós, aun cuando en casa no se vio muy bien que digamos este viaje, tomé una mochila, algo de ropa, un poco de dinero y salí en bus para la capital, la gris, la del eterno retorno. Y ya.

Volver al origen no suele ser tan fácil. La imagen que tenía de la ciudad de mi infancia había desaparecido: ahora era reemplazada por un tráfico voraz, edificios que impedían mirar hacia adelante sino que ahora uno mira hacia arriba, un gris más opaco que humedece más los días, una llovizna semejante a la tristeza que nunca se va, y aquel andar apurado que se nota en los pasos, en las miradas, en el todo, en los todos, en los demás.

La imagen se dibujaba muy distinta, y eso fue un punto de partida. Deambulé por la ciudad, por el centro, la plaza, el Jirón de la Unión, Quilca, Camaná, las calles y las calles, las ferias, Amazonas, los semáforos y el tropel de las especies que divagan siempre de menos a más.

Sabía que debía volver a Barranco, volver a caminar por el pasado, recorrer las huellas nunca borradas en la memoria, respirar la melancolía de los días por venir, por llegar, por partir.

Así que tomé un bus y encaminé mi serenidad por allá. Fue ahí donde confirmé que volver al origen no suele ser fácil, no. Barranco no era las fotografías que almacenaba mi memoria, para nada: había cambiado, y mucho, mucho había cambiado. Y todo lo que ese cambio había generado en mi percepción de la realidad, no tuve mejor forma de reflejar que escribiendo, dejando que la incertidumbre de mis palabras tome la forma más certera de invención.

Cuando volví a Trujillo sentí que el viaje había hecho lo suyo, había hecho lo justo y necesario. Y volví a Trujillo, volví.

No recuerdo en cuanto tiempo escribí el texto, ni cuánto más demoré en corregirlo, solo recuerdo que lo tuve listo poco antes de que cerrara la convocatoria, acomodé todo como lo solicitaban las bases y lo fui a dejar en la dirección indicada.

Pasados los meses, no recuerdo si dos o tres, o solo semanas, al ir una tarde a una cabina de Internet (¡asu, todavía alquilaban cabinas!), vi un nuevo mensaje en mi bandeja de entrada.

Pero el deseo de volver a Lima me visitaba muy seguido, como aquella imagen que aparece en las calles haciendo que retorne en las palabras un recuerdo por completar, algo así.

El cuerpo del mensaje indicaba que se mencionaban a los ganadores del concurso. Al leer todo el contenido pude observar mi nombre en el primer lugar, en el primero, y con ello la alegría, el compartir, el sonreír, la felicidad.

Sí recuerdo que gasté buena parte del premio comprando libros, y que poco tiempo después, allá por el 2010, me desentendí completamente de los concursos o premios y durante mucho tiempo no volví a participar en uno, cosa que creo debe cambiar, participar un poco más, no sé. Veremos qué sale de todo ello.

“Braulio” fue mi primer cuento propiamente dicho, mi primera incertidumbre narrativa. Un tanto moralista o edificante, como quieran llamarlo, pero sé que es mi primera muestra, el primer camino narrativo que elaboré.

Lo he corregido un par de veces, he pulido algunas cosas en él, y cuando tuve la oportunidad de publicar un conjunto de cuentos en el cual lo incluí, no dudé en ponerlo como título del todo.

Y así ha viajado, y sigue viajando con algunas nuevas ediciones, con muchas más hojas que en la primera versión, muchos más cuentos, pero con aquella esencia de nostalgia y memoria que acompaña cada página, como en un principio, como en un jamás.

Permítanme iniciar el año contando esta historia, una historia que me invita a continuar. Punto.

Oscar Ramirez
Oscar Ramirez
Oscar Ramirez (Lima, 1984). Docente de Lengua y Literatura y promotor cultural. Viajero incansable, reside por largos periodos en Trujillo. Dirige Ediciones OREM. Ha publicado los poemarios "Arquitectura de un día común" (2009), "Cuarto vecino" (2010), "Ego" (2013) y "Exacta dimensión del olvido" (2019); y el libro de cuentos "Braulio" (2018). Finalista del Premio Copé de Poesía 2021.Contacto: oscarramirez23@gmail.com
Oscar Ramirez
Oscar Ramirez
Oscar Ramirez (Lima, 1984). Docente de Lengua y Literatura y promotor cultural. Viajero incansable, reside por largos periodos en Trujillo. Dirige Ediciones OREM. Ha publicado los poemarios "Arquitectura de un día común" (2009), "Cuarto vecino" (2010), "Ego" (2013) y "Exacta dimensión del olvido" (2019); y el libro de cuentos "Braulio" (2018). Finalista del Premio Copé de Poesía 2021.Contacto: oscarramirez23@gmail.com
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