Con profunda tristeza, el mundo de las letras recibió la noticia del fallecimiento del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, ocurrido este martes 10 de marzo de 2026 en Lima a los 87 años.
Considerado una de las voces más originales y entrañables de la literatura en español, el autor de Un mundo para Julius deja un legado imborrable, y su partida ha desatado una ola de emotivas reacciones por parte de colegas y amigos que destacan tanto su genio narrativo como su inigualable calidez humana.
La noticia, confirmada por la Casa de la Literatura Peruana y la Cátedra Vargas Llosa, ha enlutado a Perú, que pierde a otro de sus gigantes literarios menos de un año después de la muerte de Mario Vargas Llosa.
Bryce, que en 2019 se había despedido de la escritura con Permiso para retirarme. Antimemorias 3, falleció tras una larga enfermedad, aunque de forma relativamente sorpresiva.

Su amigo, el también escritor Jorge Eduardo Benavides, reveló que habló con él solo dos días antes y que, a pesar de su delicada salud, «seguía haciendo planes para sus próximos viajes a España y Francia», lo que hace el desenlace aún más impactante.
Entre la gratitud y la melancolía
Las redes sociales se convirtieron en el epicentro de un duelo colectivo donde la figura de Bryce fue evocada con un cariño que trascendió lo meramente literario.
No solo se despedía al escritor, sino al amigo, al cómplice de «mil y quinientas» y al hombre que construyó un universo narrativo donde el humor, la ternura y la nostalgia se daban la mano.
Uno de los mensajes más sentidos fue el de Fernando Ampuero, quien capturó la esencia de la pérdida personal y artística con una mezcla de dolor y gratitud:
«Termina la vida, empiezan los recuerdos. Y la ausencia, la enorme ausencia, a partir de este momento, tiene el nombre de Alfredo Bryce Echenique. Ha partido un amigo que era un hermano, y, sobre todo, un escritor memorable. Quienes no han partido son Julius, Martín Romaña, Octavia de Cádiz, y todos los entrañables personajes de su brillante obra literaria. Mis condolencias a todos, pero en especial a sus lectores de ayer, hoy y mañana.»
Por su parte, Iván Thays ofreció un testimonio profundamente personal, al confesar la deuda vital que tenía con la obra de Bryce.
Para Thays, Bryce no solo fue un referente generacional junto a Vargas Llosa y Ribeyro, sino que sus libros se convirtieron en «experiencias de vida». Relató con especial emoción su vínculo con Tantas veces Pedro, una novela que el autor consideraba menor pero que para él fue una guía sentimental.
«Tuve la suerte de poder decirle a Bryce lo que su obra significaba para mí», confesó Thays, «y cuánto me identificaba con el personaje suyo que había inventado y era más real para mí que mucha gente real; él lo tomó como un cumplido y no como la confesión que era. Adiós, Alfredo, y gracias».

El crítico y novelista Gustavo Faverón Patriau lo colocó en el sitial que le corresponde: «Alfredo fue uno de los tres mayores novelistas peruanos en el gran medio siglo de la novela peruana, la segunda mitad del veinte, junto a Vargas Llosa y Arguedas».
Pero, como otros, Faverón rescató una anécdota personal que pinta de cuerpo entero el espíritu lúdico y la fina ironía de Bryce. Recordó una larga sobremesa en la que el autor le contó, una por una, las biografías de sus seis hermanos, para luego confesar que solo tenía cuatro.
«Nunca quiso aclararme cuáles eran los verdaderos y cuáles los ficticios», rememoró Faverón. «No sé cuáles de los reales lo sobreviven pero sé que todos sus seres ficticios estarán con nosotros para siempre».
Alfredo Bryce Echenique: el adiós de las letras
Finalmente, Jeremías Gamboa compartió una imagen que sintetiza la ilusión y la ternura que Bryce mantenía intactas. Relató su último encuentro, cuando el ya mayor y enfermo escritor pidió con urgencia que le alcanzaran un libro que Gamboa le había dedicado.
«Los recuerdo recibiéndolo, poniéndolo en su regazo y acariciándolo, incluso con la ilusión de un niño que se lleva un nuevo juguete», escribió Gamboa, reconociendo que su propia obra no hubiera sido posible sin esa tradición de ternura, cariño y humor que Bryce supo inaugurar.

Con la partida de Alfredo Bryce Echenique, Perú y el mundo pierden al cronista por excelencia de las clases altas limeñas y sus contradicciones, al creador de un estilo conversacional y único que algunos encuadraron en el post-boom, pero que, como él mismo dijo sobre el Boom, es un territorio donde «ni son todos los que están ni están todos los que son».
Lo que es seguro, como coinciden sus colegas, es que mientras haya lectores, Julius, Martín Romaña y tantos otros personajes seguirán vivos, «más reales que mucha gente real». Su obra, como sentenció Álvaro Vargas Llosa, «lo sobrevivirá sin duda alguna».


