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‘Así aprenderás’ en Netflix: la escuela como campo de batalla

La violencia en los colegios se combate con más violencia. ¿Se puede permitir esa fórmula?

La realidad que nos golpea al descubrir las atrocidades que suceden en nuestras escuelas no es solo un pesar nuestro. Al parecer, también ocurre en muchos lugares del mundo, incluso en aquellos donde podríamos pensar o intuir que este tipo de situaciones terribles no suceden.

Sin embargo, la realidad nos demuestra que eso no es cierto, y la ficción nos trae historias desde otras latitudes que, tal vez, resucitan aquello que hace años era casi un mantra: la letra con sangre.

Y, entonces, surge la duda: ¿debemos regresar a ese sistema en el que el dolor era la forma en que un niño debía aprender? ¿Somos o fuimos demasiado blandos? ¿Qué tendremos que esperar de nuestro futuro si estos niños, que parecen estar cada vez más cerca de convertirse en delincuentes, son quienes representan el futuro del Perú?

Los villanos de cada episodio llegan a ser realmente odiables, mientras que las víctimas tienen historias exageradamente tristes. Son las antípodas de todo y, a mi parecer, esto termina causando  daño a lo que se viene contando.

Así aprenderás (Hong Jong-chan, 2026), disponible en Netflix, cuenta cómo, en Corea del Sur, el ministro de Educación crea un escuadrón para luchar contra lo que ocurre en las escuelas primarias y secundarias: profesores tramposos y mafiosos, alumnos abusadores, tráfico de drogas y otros problemas que deben ser enfrentados mediante la violencia.

Y lo peor de todo es que, hasta cierto punto, llegamos a justificar estas acciones, pues parece que no encontramos otra forma de lidiar con el problema.

La serie parte de una realidad tan dolorosa que el tratamiento violento con el que se presenta desde el primer capítulo nos lleva, como espectadores, a intentar justificarlo.

La escuela no es una ficción

La historia ficcionada resulta creíble y podría replicarse en distintas realidades del mundo, incluida la de nuestro país. Sin embargo, a partir de ahí, la historia por momentos se aleja de esa realidad y entra en un juego donde la ficción o quizá lo excesivamente increíble, comienza a sentirse artificial por la manera en que se desarrollan algunos acontecimientos.

Pero esto ocurre solo por instantes, porque, capítulo tras capítulo, las historias vuelven a adquirir credibilidad y se elevan hasta estrellarse nuevamente con una realidad que, tal vez, es distinta a la que inicialmente nos plantearon.

Escuela, Netflix,

Los personajes son carismáticos y transitan de la seriedad a la hilaridad de manera natural y, sobre todo, refrescante. Todo parece tener una lógica dentro de lo que se viene construyendo para alcanzar esa tensión que se trabaja capítulo a capítulo.

Los villanos de cada episodio llegan a ser realmente odiables, mientras que las víctimas tienen historias exageradamente tristes. Son las antípodas de todo y, a mi parecer, esto termina causando  daño a lo que se viene contando.

Pero, ojo, eso no quita que la serie sea adictiva y que queramos saber qué otro tema se abordará y, sobre todo, cómo se irá planteando y resolviendo cada uno de esos problemas, así como la gran historia que se va tejiendo hasta llegar al final de esta temporada.

El dolor del protagonista al intentar superar la muerte de su pareja, asesinada por uno de sus estudiantes, se convierte en uno de los ejes de la historia. Lo mismo ocurre con el ministro, quien perdió a su hija, la profesora asesinada y pareja del protagonista, y que aparentemente termina emprendiendo esta batalla con el propósito de sanar el sistema educativo de su país.

Aunque el futuro parece decirnos que algo debemos hacer. Y si ese ‘algo’ implica recurrir a la violencia, ¿tendrá realmente un mejor efecto en estos jóvenes que esperamos se conviertan en el futuro del país?

Los personajes secundarios también resultan interesantes: una chica exmilitar que carga con un pasado tan doloroso como el de las propias víctimas, o el ‘cerebrito’ con cara de niño que maneja las computadoras y se infiltra en los colegios.

Su ingenuidad, incluso, deja entrever un carácter propenso a ser abusado, lo que añade otra dimensión a su personaje.

Esta serie se deja ver muy bien, entretiene y, sobre todo, nos hace reflexionar sobre si realmente debemos llegar a ese nivel en el que la violencia se combate con violencia. El sistema se ha vuelto tan hostil que parece necesitar ser enfrentado con ingenio, pero también con un carácter fuerte, firme y casi militarizado.

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De alguna manera, la serie termina planteando la violencia como una posible salida a nuestros problemas.

Parece ser el camino, pero espero que en verdad no lo sea, porque significaría retroceder como sociedad. Aunque el futuro parece decirnos que algo debemos hacer. Y si ese ‘algo’ implica recurrir a la violencia, ¿tendrá realmente un mejor efecto en estos jóvenes que esperamos se conviertan en el futuro del país?

Al final, todo esto luce como una ilusión de la que no podemos escapar sin despertar frente a una realidad igual de violenta. Entonces, ¿qué nos espera con nuestro sistema educativo? ¿O simplemente somos un caso perdido?

Federico Sabana Vega
Federico Sabana Vega
(Chicama, 1980) Maestro en Educación, con estudios de Doctorado en Comunicación Social, docente universitario, cinéfilo en rehabilitación, seriéfilo por decisión, adicto a la cultura friki, promotor y realizador de eventos culturales. Organizador, gestor y promotor del Trujillo Cómic.