En chicarrón, a la parrilla o adobo, la carne de cerdo es un manjar en las mesas peruanas. Se perfila como una de las más consumidas en las fiestas de fin de año, en especial Año Nuevo.
Según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), el consumo alcanzó, aproximadamente, 11 kilogramos por habitante, en 2025 y se pretende duplicar, en 2030.
Sin embargo, hay sombras y mal olor en la crianza de cerdos en Trujillo. En una visita conjunta, la Contraloría General de La República y la Oficina Desconcentrada de La Libertad del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) evidencian que decenas de porcinos son criados en pésimas condiciones sanitarias en corrales instalados en las inmediaciones de botadero de basura de El Milagro, en un sector conocido como el Rellenito.

Omisión de funciones y falta de control
Según el informe N.° 016-2025-OCI/4540-SOO, denominado “Vigilancia y control sanitario porcino en el botadero el Rellenito del distrito de Huanchaco, provincia de Trujillo, departamento de La Libertad”, los criaderos fueron inspeccionados del 21 de noviembre al 19 de diciembre.
La principal observación recae sobre la labor de la Dirección Ejecutiva La Libertad, del Servicio Nacional de Sanidad Agraria del Perú (Senasa).
En el lugar encontraron corrales de cerdos (adultos y lechones), gallinas y pollos; así como ganado vacuno. Al respecto, el personal de la Dirección Ejecutiva (DE) del Senasa informó que «los miércoles se acerca el personal designado para la vacunación -solamente- de los cerdos que pertenecen a las personas que se acercan al personal«. Luego de la vacunación se emite el certificado oficial de vacunación.
La DE del Senasa, también, indicó que el personal realiza, antes de la vacunación, una inspección que consiste en la evaluación del estado de salud de los animales para verificar signos como orejas caídas, diarrea, falta de energía, entre otros, basándose en su experiencia.
También señala que “el resultado de esta inspección no se encuentra registrado en ningún documento, y que la vacunación se lleva a cabo en función del resultado de dicha inspección visual”.
Además que “el último empadronamiento de productores porcinos fue realizado el año 2012 a nivel nacional«, cuando aún no existía la zona de crianza el Rellenito.
Según el informe de control, el Senasa también indicó que “a nivel de El Milagro, se vacunan alrededor de 7000 animales al año; de los cuales, aproximadamente, 450, por mes, corresponden a las jornadas de los miércoles”.
El personal de Senasa reportó una población aproximada de 43 a 44 productores en el área y enfatizó que, en zonas aledañas, en los años 2022, 2023 y 2024, se registraron casos de peste porcina clásica; sin embargo, los estudios de vigilancia para la detección de peste porcina africana, en la que se muestrearon 120 animales en la provincia de Trujillo, de los cuales 80 pertenecen a esta zona de crianza, dieron resultados negativos.

Alimentados con basura
Frente a esta realidad, la OEFA verificó que se estaría incumpliendo el Art. 46 del Decreto Supremo N.° 002-2010 AG1, que establece las zonas prohibidas para construcción y funcionamiento de granjas porcinas.
En el citado informe, señala que: “Durante la supervisión se constató que los residuos sólidos provenientes de los camiones compactadores serían utilizados para alimentar animales”.
Mediante el Informe N.° D000072-2025-MIDAGRI-SENASA-DELLB-ASA, del 21 de noviembre de 2025, el Director Ejecutivo Senasa La Libertad respondió indicando que «los establecimientos de crianza porcina ubicados en la zona denominada el Rellenito no cuentan con autorización sanitaria de funcionamiento de granja porcina al no contar las condiciones técnico-sanitarias».
Sin embargo, los productores se encuentran empadronados y registrados en el Sistema Integrado de Gestión de Sanidad Animal-SIGSA de Senasa como un predio de traspatio al cual se atiende con la prevención de la peste porcina clásica y vigilancia sanitaria.
El artículo 262 del precitado reglamento establece la obligatoriedad de los criadores de registrarse ante el Senasa, para el uso de residuos de alimentación humana en la crianza de cerdos, caso contrario la sanción es drástica.
“Por alimentar a cerdos con residuos de alimentación humana sin procesar infringiendo el artículo 26; será sancionado con el 60% de la UIT para el propietario de crianzas de traspatio o familiar”.
Además, el artículo 71 precisa que el incumplimiento del artículo 26, dará lugar a la clausura del establecimiento y el decomiso y destrucción de los cerdos por alto riesgo sanitario; la cual es ejecutada por el Senasa, con participación conjunta de representantes del Ministerio Público, Ministerio de Salud y la Policía Nacional. Pese a su rol sancionador, el SENASA no actúa.

Problema de larga data
El artículo 46 del Reglamento del Sistema Sanitario Porcino, precisa la prohibición del “funcionamiento de granjas porcinas a menos de tres kilómetros de otra explotación porcina y a menos de cinco kilómetros de cualquier otra explotación pecuaria, centros poblados, carreteras de elevado tráfico, desmontes u otras fuentes de infección potenciales para el establecimiento, incluyendo relleno sanitario o botaderos de basura»
Sin embargo, la crianza de cerdos en este sector de El Milagro es bastante conocida por las autoridades ediles y sanitarias.
La normativa de control y sanción asoman como letra muerta pese a que el incumplimiento de la implementación de las medidas sanitarias comprendidas en el Reglamento del Sistema Sanitario Porcino, atenta contra el objetivo de minimizar los riesgos de ocurrencia de las enfermedades.
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Sería alto «el costo que demandaría al Estado la atención de brotes y el control de la diseminación de la enfermedad en la población porcina, poniendo a su vez en alto riesgo sanitario a la población, por la transmisión de enfermedades por alimentos», advierte el informe de control..
La investigación «Situación actual de la crianza porcina en el centro poblado El Milagro», evaluó la situación de la crianza porcina en el El Milagro, en un contexto donde predomina la crianza tipo familiar e informal y con muchos limitantes.
Los resultados revelaron que el 93,1 % de productores destina parte de su producción al autoconsumo y el 87,1 % vende lechones.
La infraestructura de crianza es precaria, el 88,7 % alimenta a los animales con residuos de cocina y de alimentos, y solo el 22,6 % accede a asistencia técnica.
Concluye que los sistemas de producción porcícola cumplen una doble función, alimentaria y económica y enfrenta serias limitaciones técnicas, sanitarias, de organización y articulación institucional.
«La mejora del proceso productivo, la formalización de unidades productivas, la asistencia técnica y la implementación de políticas públicas con enfoque territorial son fundamentales para mejorar la productividad, sostenibilidad, rentabilidad y el impacto productivo del sector».


