Según lo definido por la mayoría de quienes analizan la conformación y comportamiento de los grupos etarios, la Generación Z está conformada por personas nacidas aproximadamente entre mediados de la década de 1990 y 2012. También se les conoce como centennials o zoomers, y son la primera generación de «nativos digitales»; es decir, son la primera generación que ha crecido completamente inmersa en un mundo digital con acceso a internet, smartphones y redes sociales desde muy temprana edad.
¿Qué busca la Generación Z?
Esta última característica es la más significativa y determinante para analizar su comportamiento frente a una realidad que dista enormemente de la virtualidad en la que viven sumergidos.

Por desgracia, diariamente, consumen de manera masiva imágenes y contenido que un algoritmo les muestra de acuerdo con sus últimas preferencias, sin necesidad de cuestionar si ello es real o posible o cierto o correcto, sin la necesidad de profundizar la información y el análisis de lo que en pocos caracteres o en videos de un minuto acaban de interiorizar.
Las redes sociales se han convertido en el medio ideal de adoctrinamiento y ensimismamiento de jóvenes que, por su propia edad, tienen el ímpetu e ideal de pretender cambiar el mundo, la energía y el tiempo para tomarlo como meta y la falta de preocupaciones que le permite creer que lo que ha leído o escuchado es cierto, aún no tienen el bagaje de vida que la experiencia nos otorga y los años calman.

Sin ánimos de generalizar, debemos ser honestos al decir que la gran mayoría repele la lectura, el esfuerzo, el pensamiento crítico y aquellos que luchan por la diversidad, la inclusión y la igualdad se convierten en los más intolerantes frente a un pensamiento distinto, no tiene la capacidad de debatir con fundamentos, sólo repiten discursos vacíos, dictados por influencers cuyo conocimiento es pobre o manipulado por el poder y el dinero.
Pero, su propio idealismo etario es entendible y comprensible, es parte de su edad y la ilusión de ser la generación que cambió el mundo, como las generaciones anteriores pretendieron también hacer posible, sólo que, con menos problemas graves, sin crisis reales, sin escasez ni inflaciones descontroladas, menos pobreza y hambre, con más oportunidades de trabajo comparadas con décadas anteriores, sin desmerecer los problemas actuales.

Sin embargo, la parte más grave del problema, el punto neurálgico, es el grupo que los dirige de un lado para el otro, como las olas del mar a un bote a la deriva. Los conducen por caminos sinuosos con la única finalidad de utilizar su tiempo, energía e idealismo para concretar no sus deseos, fines o ideales, sino, los de este grupo de fariseos que han coaptado instituciones educativas y gubernamentales desde hace un par de décadas y han tergiversado la historia y la realidad, manipulando a su antojo mediante las redes sociales, a una generación ansiosa por hacer algo, por sentirse útiles, por darle una chispa a sus vidas encapsuladas en la virtualidad.
Atrás de esta generación, se encuentran los ideólogos y financistas del socialismo del siglo XXI y sus nuevas recetas para estructurar socialmente desde el poder al hombre contemporáneo, al ser humano posmoderno, vacío, fatuo, sin raíces ni principios sólidos, sólo una materia maleable a su antojo.

En medio de estos dos grupos, un cúmulo de tontos útiles, actores, intelectualoides, prensa, entre otros, que sólo buscan jalar agua para su molino, llenos de frustración y fracasos, para calmar sus ansias de figuración tiktokera.
Finalmente, queda claro lo que dijera alguna vez Winston Churchill: «si a los 20 años no eres socialista no tienes corazón, si a los 40 aún eres socialista es porque no tienes cerebro».
Abogado Constitucionalista



