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El Molino: el barrio de Trujillo donde el comercio crece y las bibliotecas desaparecen

Vecinos denuncian la falta de espacios de lectura en una zona dominada por el bullicio comercial.

En medio del bullicio y la densa actividad comercial de la urbanización El Molino, se esconde una carencia silenciosa, pero que genera mucho ruido: la ausencia de espacios públicos de lectura. Sin bibliotecas no hay progreso.

Esta realidad, que pasa desapercibida para muchos, tiene un impacto significativo en el acceso al conocimiento, la cultura y el desarrollo personal de sus vecinos, especialmente, de niños y jóvenes.

El Molino, ubicado en el lado noreste de Trujillo, conocido por sus calles a menudo congestionadas, es un centro diverso de actividades.

En esta parte de la ciudad funcionaba la antigua fábrica de cerveza Pilsen Trujillo, y en la actualidad desarrolla sus actividades la Universidad Privada del Norte, terminales de empresas de transporte y otras industrias.

Sin embargo, en contraste con la vitalidad comercial, la vida cultural y educativa está limitada por la falta de infraestructura.

Esta realidad, que pasa desapercibida para muchos, tiene un impacto significativo en el acceso al conocimiento, la cultura y el desarrollo personal de sus vecinos, especialmente, de niños y jóvenes.

«Aquí todo es negocio y movimiento, pero ¿dónde va un niño a sentarse a leer un libro con tranquilidad si en su casa no hay espacio o no cuenta con libros?», se pregunta Tatiana Meza, madre de familia.

«Mis hijos tienen que hacer sus tareas en el comedor con el ruido de la televisión. No hay un lugar donde puedan concentrarse o, simplemente, hojear un cuento por gusto», describe.

Bibliotecas, Trujillo

Luego recuerda: «Antes, cuando yo era niña, bastaba con ir a una biblioteca o sentarse en una banca tranquila para leer, pero ahora eso ya no existe por aquí. Todo está lleno de ruido, comercio y distracción».

Biblioteca, ¿dónde estás?

La falta de bibliotecas comunitarias no solo limita el acceso a material de lectura, sino que también priva a los vecinos de un espacio de encuentro y desarrollo integral.

Las bibliotecas, más allá de los libros, son centros que fomentan el aprendizaje, la creatividad y la interacción social.

«Recuerdo cuando era niño, en mi barrio de la sierra había una pequeña biblioteca. Era el lugar donde nos reuníamos después de la escuela, no solo para leer, sino para hacer trabajos en grupo, contarnos historias», recuerda Daniel Ortecho, otro residente de la urbanización.

«Aquí no tenemos nada de eso. Los chicos terminan el colegio y se la pasan en la calle o frente a la pantalla. Es una pena», lamenta.

Biblioteca: el poder ausente

Para Irene Vallejo, autora de El Infinito en un junco, las bibliotecas son mucho más que simples depósitos de obras, sino espacios democráticos, lugares de encuentro y aprendizaje, y herramientas esenciales para la igualdad social.

Las bibliotecas ofrecen acceso gratuito a recursos que de otra forma serían inalcanzables para muchas familias.

Ana Paredes, estudiante de la UPN, apunta que es fundamental que la comunidad tenga un lugar donde puedan acceder a libros, internet para investigar o, incluso, recibir talleres de lectura o escritura.

Cuenta que antes contaba con la Biblioteca Comunitaria Rosa María Peláez de Meléndez, una opción ideal porque en casa siempre había bastante ruido.

«Pero desde que cerró, tuve que empezar a ir hasta mi universidad, que está a más de media hora de mi casa, y eso se volvió bastante complicado», lamenta.

La biblioteca Rosa María Peláez está ubicada en la urbanización Miraflores, vecina de El Molino.

Para Irene Vallejo, autora de El Infinito en un junco, las bibliotecas son mucho más que simples depósitos de obras, sino espacios democráticos, lugares de encuentro y aprendizaje, y herramientas esenciales para la igualdad social.

 Ana Paredes considera que es importante tener un espacio accesible a la lectura cercano para todos, «donde podamos investigar, estudiar o simplemente crecer a través del conocimiento».

La UPN, que cuenta con un campus en El Molino, alberga recursos bibliográficos, pero es de uso exclusivo para sus estudiantes. Si bien contribuye al ambiente educativo, no suple la necesidad de una biblioteca de acceso público que sirva a todos.

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La implementación de bibliotecas comunitarias en El Molino no es solo una cuestión de acceso a libros; sino una inversión en el futuro de sus habitantes.

Serían pilares para fomentar el hábito lector, reducir la desigualdad educativa y ofrecer un espacio seguro para el encuentro, el aprendizaje y el crecimiento personal en un barrio que, a pesar de su dinamismo, clama por un rincón de saber y tranquilidad.