Los cientos de manos que aplaudieron al papa Francisco en la avenida Libertad, en Buenos Aires Norte, esta mañana soleada, hace un año luchaban contra el barro que los desbordes del Niño Costero llevaron hasta sus casas.
Esas manos sostienen globos, pancartas y se agitan para expresar su alegría. También secan sudores y lágrimas.
Un par de esas manos pertenecen a Cecilia Honorio Rodríguez, una abuela que vive con 15 personas, entre hijos y nietos, y que soportó la fiereza de la naturaleza en marzo del 2017.
“El agua en mi casa llegó hasta la cintura, señor. Sufrimos mucho. Fue toda una tragedia”, recuerda.
“Ahora nos sentimos bendecidos con la llegada del papa Francisco”, dice de inmediato y se seca el sudor.
Un par de esas manos pertenecen a Cecilia Honorio Rodríguez, una abuela que vive con 15 personas, entre hijos y nietos, y que soportó la fiereza de la naturaleza en marzo del 2017. “El agua en mi casa llegó hasta la cintura, señor. Sufrimos mucho. Fue toda una tragedia”, recuerda.
Metros más allá, sentada en una banca de plástico y protegida con un ancho sombrero, Graciela Castillo de Medina espera que Francisco “le eche la bendición a todo Buenos Aires, ya que hemos pasado un susto con los huaicos”.
Unidas por la tragedia
Cecilia Honorio y Graciela Castillo son dos de las tres mil personas damnificadas por los deslizamientos provocados por el Niño Costero.
En marzo del 2017, las aguas de la quebrada San Ildefonso llegaron hasta esta parte de la ciudad en busca del mar.
Una pared de rocas —instaladas con el fin de mitigar el impacto de la erosión costera—detuvo su paso. Entonces, ocurrió lo peor.
El agua se empozó e inundó unas 700 viviendas, según reportes de Defensa Civil.

El papa Francisco escogió recorrer esta parte de Trujillo para acercarse a las personas, víctimas de esa tragedia.
“Sé que en el momento de oscuridad, cuando sintieron el golpe de ‘El Niño’, estas tierras supieron ponerse en movimiento y tenían el aceite para ir corriendo y ayudarse como verdaderos hermanos. Estaba el aceite de la solidaridad, de la generosidad que los puso en movimiento y fueron al encuentro del Señor con innumerables gestos concretos de ayuda”, pronunció ayer durante su apoteósica misa en Huanchaco.
Papa Francisco: chullo peruano
Cuando el sumo pontífice llega a Buenos Aires, un grupo de niños se acerca y le entregan un chullo rojo. Francisco deja por un momento su solideo blanco y luce la prenda andina.
Sube al papamóvil y empieza a recorrer la avenida Libertad, que desde ahora llevará su nombre.
En medio de la multitud, Carolina Mendoza Ruiz de Castillo, aplaude y espera que la atención que recibe su barrio por estos días se mantenga hasta lograr que todos los que perdieron sus viviendas por los desbordes recuperen tranquilidad y sus bienes para que vivan mejor.
“Hemos sido bendecidos de que el papa venga a nuestro barrio, muy bendecidos; pero no se olviden de nosotros después», suplica.
Francisco ingresa a la plaza central de Víctor Larco minutos antes del mediodía. Gritos, silbidos y un aura especial inundan el lugar.

En una de las esquinas, una melodiosa marinera, interpretada por la gran Edelmira del Rosario y bailada por una pareja de niños, roba la mirada del religioso argentino. En el escenario, también, está el talentoso Guillermo Martínez.
El papamóvil sobrepara. Por un momento se piensa que romperá el protocolo y se detendrá; pero no lo hizo. Da la vuelta al parque y sigue su paso por la avenida Larco, rumbo al centro de Trujillo.
“Todo ha estado lindo. Hemos tenido la suerte de que haya venido a Buenos Aires. Ha sido muy intenso, hemos recibido su bendición”, cuenta pletórica Roselinda Córdova viuda de Villegas, quien le pidió en silencio al papa que interceda para que haya paz en todo el mundo.
Rosy Tarazona, como muchos victorlarquenses, pondera la gracia de que el representante de Dios en la tierra haya visitado su barrio.
“Ha sido un privilegio y satisfacción muy bonitos ver al papa por nuestro distrito. Ha sido todo muy hermoso”, cuenta emocionada.

Casa ocultas
La acción polémica de la visita del papa Francisco a Buenos Aires fue la que ordenaron las autoridades: cubrir con triplay y plástico varias viviendas destruidas debido al impacto de El niño Costero.La intención fue evitar que el sumo pontífice y, también los periodistas, en especial del extranjero, se encuentren con esa zona —jirón Herrera— aún devastada, un año después de los desbordes. El Niño Costero azotó esta parte del Perú en marzo del 2017. La municipalidad de Víctor Larco respondió que instalaron plástico y triplay porque en esa zona solo «existe un terreno baldío y casas a medio construir».
En nombre de los peruanos de la zona norte del país, el arzobispo de Trujillo, Miguel Cabrejos Vidarte, agradeció al papa Francisco por su preocupación luego de los difíciles momentos vividos ante la ocurrencia del fenómeno del Niño Costero en el 2017.
“Queremos decirle muchas gracias, querido papa Francisco, gracias por estar aquí, gracias por su cercanía, por su preocupación ante los terribles momentos vividos a causa del Niño costero”, manifestó.
Una madre con cáncer
La trujillana Ivón Vaca Olivera porta una cartulina con un mensaje para el papa. En él le pide su bendición para su madre Teresa Olivera de Vaca, quien sufre de cáncer al colón y que pronto será operada en el hospital Víctor Lazarte.
“Yo vivo en Argentina y he llegado ayer (viernes) para ver al papa y pedirle que nos ayude y bendiga a mi mamá que sufre de cáncer. Tenemos mucha fe en el papa”, reitera en medio de la multitud.
Así como ella, una mujer de unos 70 años, oriunda de Talara, vitorea en la plaza principal de Víctor Larco arengas religiosas a favor del sumo pontífice. “Todo es una bendición”, dice.
*Texto publicado en el Diario La Industria, el 21 de enero del 2018


