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¿Qué pasa tras la muerte del papa? 5 pepas que tienes que saber sobre la elección del sucesor de Francisco

Conoce cómo se desarrolla la elección del sucesor de San Pedro.

La muerte del papa Francisco no solo representa un momento de duelo para millones de católicos en el mundo, también activa de inmediato un ritual antiguo, solemne y milimétricamente regulado: la elección del nuevo sucesor.

Este proceso, que tiene siglos de historia, mezcla tradición, fe y reglas estrictas que han evolucionado a lo largo del tiempo para garantizar transparencia y aislamiento. ¿Qué sucede exactamente en esos días sin pontífice? ¿Cómo se elige al nuevo líder de la Iglesia católica?

En Buenapepa lo explicamos en forma de preguntas y respuestas.

1. ¿Qué sucede después de la muerte del papa Francisco?

Con la muerte del pontífice se inicia el periodo conocido como Sede Vacante, durante el cual el gobierno de la Iglesia pasa al Colegio de Cardenales, pero con facultades limitadas. La norma que rige este período se llama “nihil innovetur”, es decir, «que no haya innovaciones«: ninguna decisión de fondo o doctrinal puede tomarse sin un papa en funciones.
Los cardenales se encargan de preparar el terreno para el cónclave: desde aspectos logísticos hasta medidas de seguridad que garanticen la privacidad absoluta del proceso electoral.

2. ¿Quién elige al nuevo papa y cuándo empieza el cónclave?

La elección está a cargo del Colegio de Cardenales compuesto por los que tienen menos de 80 años al momento de la muerte del papa. Aunque tradicionalmente el cónclave comienza 15 días después del fallecimiento, se puede postergar unos días más (hasta un máximo de 20), especialmente si hay cardenales que deben viajar desde otras partes del mundo.

Actualmente hay 252 cardenales católicos, de los cuales 135 pueden votar por el nuevo papa. El resto son mayores de 80 años, lo que significa que no pueden participar en la elección.

Los cardenales se alojan en la residencia Domus Sanctae Marthae dentro del Vaticano y solo se desplazan entre ella y la Capilla Sixtina, donde se llevan a cabo las votaciones. Desde que se inicia el cónclave, están totalmente aislados del mundo exterior, sin acceso a teléfonos, internet o medios de comunicación.

3. ¿Cómo es la elección?

El proceso arranca con una misa solemne en San Pedro y luego los cardenales se trasladan a la Capilla Sixtina. Allí, tras el tradicional “Extra omnes” («todos fuera”), queda cerrado el recinto y comienza la votación secreta.

Cada cardenal escribe en su boleta el nombre de su elegido bajo la frase latina: «Eligo in Summum Pontificem» (Elijo como Sumo Pontífice).
Luego, en orden, se acercan al altar y colocan sus papeletas en una urna, proclamando que lo hacen «según Dios».

os votos se cuentan en voz alta, se registran y se queman. Si no hay consenso, se repite el proceso dos veces por la mañana y dos por la tarde, hasta alcanzar la mayoría requerida.

4. ¿Cuántos votos se necesitan para elegir al papa?

Se requiere una mayoría de dos tercios. Esta norma fue reinstaurada por Benedicto XVI en 2007, luego de que Juan Pablo II autorizara el cambio a mayoría absoluta después de varios días sin acuerdo. Cada tres días sin éxito, los cardenales tienen una jornada de oración y reflexión.

En promedio, un cónclave puede durar desde uno hasta varios días. El más corto en tiempos modernos fue el de 2005, que eligió a Benedicto XVI en menos de 24 horas.

5. ¿Cómo se entera el mundo de que hay un nuevo papa?

El anuncio más esperado llega desde la chimenea de la Capilla Sixtina. Si el humo es negro, no hay elección. Si es blanco, el mundo tiene nuevo pontífice. Además, las campanas de San Pedro repican para confirmar la buena nueva.

Después, el cardenal decano pregunta al elegido si acepta el cargo. En caso afirmativo, el nuevo papa elige el nombre que usará y se prepara para salir al balcón central de la Basílica de San Pedro.

Entonces, el protodiácono pronuncia la famosa frase: «Habemus Papam» («Tenemos Papa»)
Y aparece ante la multitud para impartir su primera bendición apostólica “Urbi et Orbi”, a la ciudad y al mundo.

El proceso, tan antiguo como la historia de la Iglesia, ha sido adaptado a los tiempos modernos, sin perder su ritual solemne ni su espíritu de aislamiento y oración. Cada elección papal tiene sus anécdotas: desde humos grises por fallas técnicas hasta frases legendarias de cardenales que no se sentían dignos del cargo. Pero el secreto se mantiene: lo que ocurre en el cónclave, se queda en el cónclave del Vaticano.

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