En medio del deterioro del patrimonio artístico de Trujillo, un grupo de estudiantes de Comunicación y Medios Digitales de la Universidad Privada Antenor Orrego (UPAO) decidió alzar la voz frente a una problemática: la desaparición del arte en Trujillo.
El proyecto, titulado Trujillo sin Arte, surge como una apuesta transmedia que combina periodismo investigativo, narrativas digitales y experiencias presenciales para revelar cómo la falta de políticas públicas y la circulación informal están afectando directamente la visibilidad y permanencia de artistas, obras y espacios culturales de la ciudad.
El trabajo no solo denuncia la falta de acción del Estado en la protección del arte trujillano, sino que documenta cómo ese vacío institucional permite que las piezas circulen sin registro, se vendan sin autorización e incluso sean falsificadas.

Apoyado en testimonios de expertos en arte, conservadores y actores culturales locales, el reportaje central El arte se pierde en Trujillo entre el abandono estatal y el mercado informal plantea una mirada crítica y necesaria sobre el presente del arte en la ciudad.
“No se trata solo de visibilizar obras olvidadas, sino de cuestionar por qué siguen en el abandono. Trujillo está lleno de arte que no circula, no porque no exista; sino porque el Estado y la ciudad han decidido ignorarlo», declaró Nikole Cabanillas Sevillano, integrante del equipo realizador.
El trabajo no solo denuncia la falta de acción del Estado en la protección del arte trujillano, sino que documenta cómo ese vacío institucional permite que las piezas circulen sin registro, se vendan sin autorización e incluso sean falsificadas.
Este proyecto busca dejar constancia de una realidad que suele pasar desapercibida: la fragilidad del ecosistema cultural local y la ausencia de políticas que garanticen su preservación.
Recorrido transmedia que activa la memoria
Trujillo sin Arte no es solo un reportaje, sino un universo narrativo que se expande por diversos canales: desde experiencias físicas como una exposición inmersiva en El Gran Café de Trujillo, hasta plataformas digitales que integran pódcast, redes sociales, un videojuego, piezas visuales, narrativas colaborativas y recursos interactivos como un quiz y mensajería directa.
“Trujillo sin Arte no es solo un reportaje, es una experiencia viva. Queríamos que la gente no solo leyera la historia, sino que la sintiera, la jugara y la escuchara. Por eso construimos un universo narrativo que cruza lo físico y lo digital», sostuvo Anghela Natividad Ruiz, coordinadora del equipo.





A través de múltiples plataformas y lenguajes, la propuesta busca generar una conexión emocional con el público, porque activa nuevas formas de comprensión y reflexión.
Trujillo: el arte también se vive
Aunque el componente digital del proyecto es potente, uno de sus pilares fundamentales es la experiencia física, donde el público podrá sumergirse en una muestra interactiva que reúne fragmentos del reportaje, obras rescatadas, instalaciones y actividades que buscan resignificar el rol del arte en la vida cotidiana.
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“Si no se cuenta, se olvida. Y si se olvida, se pierde. Por eso quisimos contar esta historia desde todos los frentes posibles”, señaló Sol Rubio Saavedra.
Este espacio busca reconectar a los ciudadanos con su patrimonio artístico a través de la memoria, la sensibilidad y la acción colectiva.


