La Escuela Superior de Bellas Artes Macedonio de la Torre de Trujillo fue escenario de una velada donde el arte joven tomó forma y color. La exposición Kairos, presentada por los alumnos del VIII ciclo de Artes Plásticas y Visuales, se inauguró en el auditorio principal con una atmósfera de emoción y orgullo compartido.
Kairos, palabra griega que significa momento oportuno, se convirtió en el espacio donde el tiempo y la creatividad se encontraron. Un viaje a través de la pintura, la escultura, la cerámica y el grafito que invita a todos a detenerse, mirar y sentir.
El tiempo perfecto
La muestra, abierta al público todo el mes de noviembre, reúne obras que exploran la relación entre el ser y su entorno, entre lo real y lo imaginario. Los alumnos, desde su propio lenguaje plástico, logran capturar emociones, silencios y reflexiones en texturas, colores y formas.







“El arte es un concepto complejo y subjetivo, una habilidad que permite crear un orden singular y determinar un concepto personal sobre lo propuesto”, explicó Oswaldo Parimango, docente de la especialidad.
El docente recordó que los estudiantes llegan a este punto después de años de formación técnica, y que en este ciclo aprenden a dar el salto de lo académico a lo expresivo.
“Hasta el tercer año se aprende el oficio, pero aquí, en el cuarto, empieza el reto de expresar lo que uno siente, de crear desde adentro”, señaló el director de la escuela, Víctor Montenegro Burga.
Arte en Trujillo: diversas técnicas
La exposición incluye piezas en diferentes técnicas y estilos, pero con hilo común: la búsqueda interior. Mónica Cabieses, una de las artistas, presentó una pintura al óleo inspirada a la naturaleza. “Mi obra representa la importancia del descanso”, comentó.






De la misma manera, Aitana Díaz presentó cuatro obras de las cuales tres nacieron de experiencias personales y una nació de lo que se vive hoy en día en Perú, “me siento emocionada de poder seguir produciendo más obras en futuras exposiciones”, explicó.
El ambiente se llenó de diferentes matices. Incluso la música de un acordeonista se volvió parte de la experiencia, como si el sonido también formara parte de la muestra.



Entre los visitantes, Max Domínguez resumió el espíritu de la noche, “en un mundo donde la inteligencia artificial parece dominarlo todo, ver estas obras me recordó que el arte no es solo imagen, es emoción humana. Mientras haya personas con un corazón en una mano y un pincel en la otra, el arte no morirá jamás”.
Así, Kairos se vuelve una pausa en medio del ruido. Un recordatorio de que el arte no busca respuestas, sino preguntas. El tiempo puede detenerse cuando la inspiración llega.
La exposición permanecerá abierta en la Escuela Superior Bellas Artes Macedonio de la Torre durante las próximas semanas.
Texto y fotos: Yeremy Rimarachín Gonzales.


