No fue una tragedia de milagro. Una carga explosiva utilizada para la voladura de rocas en la minería ilegal fue lanzada en una vivienda de la urbanización California, en Trujillo, la madrugada del viernes 6 de febrero.
Fueron 80 cartuchos de emulsión o hidrogel encartuchado —EMULNOR 3000 de color rojo— un tipo especial de explosivo resistente al agua, empleado en explotaciones mineras para voladuras de rocas intermedias a duras.

Esa es la carga explosiva que dos delincuentes dejaron en la cuadra 1 de la calle Los Tilos, en California, frente a la puerta de salida del colegio Alfred Nobel y a menos de 500 metros de la Universidad César Vallejo (UCV).
Trujillo: viviendas de una manzana entera se salvaron de ser voladas
Las imágenes de las cámaras de seguridad captaron el momento en que ambos sujetos, a bordo de una motocicleta, peinan el lugar para asegurarse de que no hay ningún patrullero policial ni municipal; luego, regresan y estacionan la moto. Uno de ellos desciende con una bolsa roja que contiene los explosivos, enciende la mecha y la lanza a la casa del propietario cuya identidad se maneja en reserva.
Fueron 80 cartuchos de emulsión —EMULNOR 3000 de color rojo— un tipo de explosivo resistente al agua, empleado en explotaciones mineras para voladuras de rocas intermedias a duras.
La intención era volar la vivienda, pero, por la cantidad de carga explosiva de EMULNOR 3000, decenas de casas de toda la cuadra habrían resultado con daños materiales y hasta quizás se podrían haber presentado pérdidas humanas. Por suerte, la mecha se apagó antes de llegar al detonador.
A los pocos minutos, un trabajador de limpieza pública de la Municipalidad de Víctor Larco recogió el paquete pensando que se trataba de basura doméstica y lo colocó en el interior del vehículo recolector. Tras revisar el contenido y percatarse de los explosivos, los trabajadores dejaron la bolsa en la cuadra 17 de la avenida Larco y dieron aviso a la Central 105 de Emergencia.
«Se pudo frustrar una detonación gracias a los trabajadores de limpieza. Ya tenemos visibilizados a los autores que han ingresado a la escena del delito para dejar estos paquetes que no han detonado”, mencionó el general PNP Franco Moreno Panta.
El jefe de la Región Policial La Libertad habla de «estos paquetes que no han detonado» porque horas antes, en la noche del jueves 5 de febrero, también se frustró otro atentado con explosivos contra Dalí Disco, ubicada en la avenida Prolongación Fátima, al frente de Luxor Club, que también sufrió un atentado con explosivo eléctrico a fines de enero, en plena visita del ministro del Interior Vicente Tiburcio a Trujillo.

«Estamos desarrollando la investigación. Tenemos un equipo especial que se encarga de estos temas, elaborando una cronología para conocer los actos preparatorios de estas organizaciones, cómo obtuvieron las dinamitas, quién las acopia, quién las traslada”, precisó el general.
Trujillo: qué explosivos se usan en los atentados
En lo que va del año, se han presentado al menos 9 atentados de gran magnitud con explosivos en Trujillo y otros cinco que no se consumaron gracias al accionar de la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDEX) y la gracia divina.
«El daño hubiera sido fatal si detonaba la carga en la urbanización California, era más del doble de la carga colocada en el baño del mercado Los Portales. La onda expansiva hubiera afectado a toda la cuadra con bastante potencia. Son cartuchos de emulsión de color rojo de 3000”, declaró el exintegrante de la UDEX Trujillo, brigadier (r) Ángel Santoyo.

Según Santoyo, la carga explosiva no detonó porque no «hubo buena conexión entre el detonador y la mecha, por eso es que no se ha activado, sino hubiera sido fatal».
«Hubiera sido peor que los daños a la sede del Ministerio Público. El doble o más. Hubiera generado bastante daño. Son artefactos explosivos que usan los mineros para excavamiento de rocas. Son explosivos muy potentes resistentes al agua», dijo preocupado.

¿Quién está detrás de estos ataques con explosivos en Trujillo?
Ya no es un secreto a voces que organizaciones criminales como Los Pulpos, dirigida por Jhonsson Smit Cruz Torres, alias Jhonsson Pulpo, y la Nueva Jauría, de Jolín Bazán Valderrama —exlugarteniente de Jhonsson, hoy convertido en su enemigo acérrimo— están detrás de los atentados en Trujillo.
«El daño hubiera sido fatal si detonaba la carga en California, era más del doble de la carga colocada en el baño del mercado Los Portales. La onda expansiva hubiera afectado a toda la cuadra con bastante potencia.
El mismo general Franco Moreno lo confirmó. «Las organizaciones criminales toman todas las medidas de seguridad para que no sean detectados, pero la línea de trabajo nos lleva a Los Pulpos, que son los encargados de las detonaciones utilizando a otras pequeñas organizaciones criminales con la finalidad de que no sean detectados”.
Estas declaraciones las brindó el viernes 6 de febrero, luego de la captura de Jhon Esnaider Nureña Rojas (19), alias Jhon Jairo, en el aeropuerto internacional Jorge Chávez.

Jhon Jairo es acusado de ser el brazo armado de Los Pulpos y uno de los autores materiales de los atentados con explosivos a las discotecas Monasterio y Luxor, así como a dos sedes de la licorería Tabaco y Ron.

Pero, ¿cómo es que las bandas criminales tienen en su poder explosivos de uso exclusivo en minería y en obras de ingeniería civil?
Así llegan los explosivos a las bandas
«En Trujillo se empezó con el cartucho de dinamita, que es muy diferente al cartucho de emulsión, de ahí han empezado a poner cartuchos de emulsión de 3000 de color rojo, de 5000 que son de color amarillo, y también usan granada de guerra de uso militar”, explicó el brigadier (r) Ángel Santoyo.

Este material explosivo procede de la minería ilegal. Lo trafican en el mercado negro y de ahí llegan a las bandas que se dedican a la extorsión en zonas urbanas. Pero, ¿cómo los obtienen los mineros informales?
En el Perú existen nueve empresas que fabrican explosivos, de las cuales siete los exportan. La mayoría de los artefactos usados en la actividad minera y en obras de ingeniería civil los fabrica Famesa Explosivos S.A.C., empresa con 71 años en el rubro y que tiene cuatro plantas en Perú y una en Chile.

Los cartuchos de emulsión, que ahora usa el crimen organizado en Trujillo para extorsionar, son necesarios en la cadena de extracción y producción ilegal e informal de oro. Sin explosivos, no se podrían volar las rocas para extraer el mineral, por lo que una intervención en un socavón sería imposible.
Este material explosivo procede de la minería ilegal. Lo trafican en el mercado negro y de ahí llegan a las bandas que se dedican a la extorsión en zonas urbanas. Pero, ¿cómo los obtienen los mineros informales?
Una investigación de Connectas e IDL Reporteros reveló que toneladas de material explosivo son exportados a Bolivia de manera formal por siete de las nueve empresas que las fabrican en Perú y luego vuelven al país como contrabando por la frontera. Los grandes beneficiados son mineros ilegales que lo consiguen de manera sencilla para extraer oro.

El principal mercado de exportación de explosivos es Bolivia. La ruta que sigue el envío de estos artefactos se descubrió en 2015 y quedó registrada en el documento Desvío de explosivos de uso civil de la Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad, Armas, Municiones y Explosivos de Uso Civil (Sucamec), institución encargada de fiscalizar y autorizar la compra de estos insumos.
Toneladas de material explosivo son exportados a Bolivia de manera formal por siete de las nueve empresas que las fabrican en Perú y luego vuelven al país como contrabando por la frontera.
Una encuesta realizada por Sucamec a mineros reveló que los explosivos exportados legalmente vuelven a ingresar como contrabando por Desaguadero, en Puno, para despistar su origen.
La ruta que sigue el envío de explosivos desde Perú es el Callao, Ica, Nasca, Arequipa, Puno (Desaguadero) hasta llegar a La Paz (Bolivia).

El coronel Jorge Santiesteban, del Ejército boliviano y analista en seguridad, contó a Connectas que la falta de control permite el mercado negro. “Si un minero requiere 50 kilos por semana y emplea 20, el resto lo va almacenando o revende”.
En La Paz, estos artefactos se venden al margen de la ley en ferias. Los camuflan en productos de ropa, comida y hasta abarrotes.

Gran parte de esos explosivos que vuelven al Perú a través del mercado negro terminan en Pataz, en La Libertad, donde la minería ilegal la utiliza para la extracción de oro. Y como muchas de estas bandas reciben resguardo de las organizaciones criminales, también obtienen los cartuchos de emulsión que detonan en Trujillo a quienes se resisten a pagar cupos.
En La Paz, estos artefactos se venden al margen de la ley en ferias. Los camuflan en productos de ropa, comida y hasta abarrotes.
Explosivos de Famesa en manos de las bandas
En Trujillo como en La Paz, los explosivos de Famesa son incautados en operativos contra la minería ilegal. Jorge Santiesteban contó que entre el 2020 y 2023, el Ministerio de Defensa de Bolivia decomisó 1.300 kilogramos de nitrato de amonio (ANFO, por sus siglas en inglés) de la marca Famesa, un producto que, al combinarlo con combustible, se convierten en un detonador muy potente.

“Una minera tiene toda la documentación sobre sus explosivos. Todo explosivo tiene un código. La Sucamec tiene que fiscalizar de dónde provienen y así rastrear su procedencia. Un minero compra explosivos y ese lote sale con un código. Hasta ahora no se han sancionado a ningún minero por los explosivos que terminan en extorsión. Lo que vive Trujillo es terrorismo”, denunció el brigadier Ángel Santoyo, exintegrante de la UDEX Trujillo.

Los cartuchos de emulsión que se detonan en Trujillo generan riesgos físicos, así como para la salud y el medio ambiente. De acuerdo con la ficha de datos de seguridad de Famesa, estos explosivos ocasionan irritación cutánea y ocular, así como sensibilización respiratoria, síntomas de alergia o asma o dificultad si se inhala.
«Si la persona respira los gases tras la detonación debe buscar atención médica», se lee en el documento de Famesa.
“El EMULNOR debe ser almacenado en polvorines a temperaturas entre 5°C y 30°C, ubicados en zonas seguras, bien ventiladas, secas, protegidos de la lluvia y el calor. FAMESA EXPLOSIVOS S.A.C. tiene productos seguros, pero en manos inexpertas se constituye en elementos peligrosos”, culmina la empresa en su ficha técnica.

El REINFO dinamita la lucha contra el crimen
El Registro Integral de Formalización Minera (REINFO) nació en 2016 como un salvoconducto temporal hacia la formalización de pequeños y medianos mineros artesanales en el Perú.
Sin embargo, con el paso de los años, este mecanismo —según expertos, gremios y organismos internacionales— es un instrumento que perpetúa la minería ilegal en el país, con consecuencias graves para comunidades, medioambiente y la seguridad ciudadana.

Inicialmente, el REINFO debía permitir que los mineros en proceso de formalización cumplan con los requisitos técnicos, ambientales y legales necesarios para operar dentro de la ley. No obstante, en la práctica la historia fue distinta. El registro, cuya vigencia era solo temporal, ha sido ampliado múltiples veces por el Congreso y el Ejecutivo, extendiéndose por años sin que se cumpla el objetivo de formalización real.
Esta situación también facilita la compra de explosivos que son usados en los socavones donde se extrae oro y que también llegan a las bandas para extorsionar.

Tanto la Sucamec, como Sunat y la Fiscalía del Medioambiente no fiscalizan el uso de los explosivos en Pataz, Sánchez Carrión, Otuzco y otras provincias de La Libertad donde la minería ilegal opera a sus anchas.
Por si fuera poco, el gobierno central designó a Wilfredo Portilla Barrera, vinculado a la minería ilegal, como director general de la Dirección General de Formalización Minera del Ministerio de Energía y Minas (Minem). ¿Su misión? Trazar los lineamientos y políticas para «limpiar» el sector, proponer la normativa de la nueva Ley Minería Artesanal y de Pequeña Escala.
Juzguen ustedes mismos.
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