La luz roja del semáforo suele ser una pausa obligatoria, un respiro en medio del caótico tráfico de la avenida España, en el corazón de Trujillo. Sin embargo, en la cuadra 21, se convirtió en la trampa perfecta de despiadadas mentes criminales.
El reloj de la violencia cronometró apenas ocho segundos para los pistoleros ejecuten un guion de terror que parecía sacado de una película de acción, pero que dejó huellas de sangre reales en el Hospital Belén. Dos camionetas blancas, una detrás de la otra. En la de adelante, la muerte coordinada; en la de atrás, de placa T8W-935, la vulnerabilidad de una familia y el milagro de una bebé de seis meses que salió completamente ilesa del fuego aquemarropa.
La modalidad, registrada por cámaras de seguridad de la Municipalidad Provincial de Trujillo, evidencia la frialdad del golpe. Cuatro hombres vestidos de negro, con las capuchas ceñidas para ocultar el rostro, bajaron del vehículo delantero en cuanto el semáforo detuvo la marcha. Lo que siguió fue una lluvia de proyectiles dirigida sin piedad hacia los ocupantes. El pánico se apoderó de la avenida: peatones corriendo por sus vidas y choferes petrificados detrás de sus volantes.
El horror empujó al límite a una de las víctimas que viajaba en el asiento del copiloto. Tras recibir los primeros impactos, abrió la puerta en un intento desesperado por burlar a la muerte, corriendo a contracorriente entre los autos detenidos. Tras el ataque, los sicarios treparon de vuelta a su unidad y huyeron con la misma velocidad con la que sembraron el caos.
Trujillo: tanta violencia
El balance de esos ocho segundos de furia es sombrío: Elizabeth Castro Gutiérrez y José Luis Martínez se encuentran hoy en estado crítico, mientras que Luis Enrique de Paz, yerno de la mujer, permanece internado con heridas de diversa consideración.
En el lugar del atentado, la Policía Nacional procesa una escena cercada por la incertidumbre, donde 23 casquillos de bala esparcidos por el suelo intentan explicar la ferocidad de un ataque que Trujillo contempla con creciente horror.

Hasta el cierre de esta nota, la policía liberteña guarda silencio sobre el posible móvil del ataque y sobre quiénes serían los autores. Fuentes extraoficiales aseguran que el hecho estaría ligado a una riña en el violento territorio de la minería ilegal.
BuenaPepa indagó en el portal de registro vehicular de la Sunarp y corroboró que la camioneta Ford Ranger, en donde se desplazaban las víctimas, pertenece a Adelmar Alejandro Ruiz Juarez.



