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¿Cuánto tiempo puede sobrevivir una persona bajo los escombros? Lo que el terremoto de Venezuela nos obliga a saber

Venezuela nos está mostrando lo que ocurre cuando la tierra se mueve. El tiempo que tienen las personas atrapadas bajo sus escombros es corto. Pero tampoco tanto como para rendirse. Y nosotros, desde acá, aún tenemos tiempo para prepararnos.

El miércoles 24 de junio, Venezuela fue sacudida por dos terremotos en 39 segundos. Más de 500 personas murieron. Cientos quedaron atrapadas. Y en Trujillo, en Lima, en todo el Perú, esa imagen debería hacernos una pregunta incómoda: ¿sabríamos qué hacer si nos pasara a nosotros?

El suelo de Venezuela tembló dos veces casi al mismo tiempo. El primer sismo fue de magnitud 7,2 y ocurrió a las 6 de la tarde hora local. Treinta y nueve segundos después llegó el segundo, de 7,5, con epicentro a 28 kilómetros al sureste de Yumare, en el estado de Yaracuy. En total, más de 580 personas murieron, alrededor de 4.300 resultaron heridas y cientos más se encuentran desaparecidas, en los mayores terremotos registrados en ese país en más de un siglo.

Foto: agencias.

Unas 250 edificaciones colapsaron o resultaron dañadas. El estado costero de La Guaira fue el más afectado y fue declarado zona de desastre. En los barrios de Caracas, familias suplicaban noticias de sus parientes atrapados bajo el concreto. Miles de residentes durmieron al aire libre o en sus autos, temerosos de las réplicas que siguieron sacudiendo la ciudad durante horas.

Foto: agencias.

La escena es conocida. Y para quienes vivimos en el Perú —uno de los países con mayor actividad sísmica del planeta, donde ciudades como Trujillo, Lima o Piura están sobre fallas activas— no debería ser solo una noticia lejana. Debería ser un ensayo mental.

Terremotos en Venezuela: las primeras 72 horas

Cuando un edificio colapsa, empieza una cuenta regresiva. Los equipos de rescate lo llaman la «ventana de oro» o el «período crítico». Especialistas en medicina de desastres coinciden en que las primeras 24 a 48 horas representan el período más crítico para encontrar personas con vida. Otros expertos amplían esa ventana hasta las primeras 72 horas, cuando las probabilidades de rescate siguen siendo significativamente mayores.

¿Por qué ese plazo? Porque el cuerpo humano tiene límites muy concretos. Los equipos de rescate trabajan con lo que llaman la «regla de los cuatro»: cuatro minutos sin aire, cuatro días sin agua y cuatro semanas sin comida. La deshidratación es el enemigo más inmediato después de las lesiones traumáticas directas.

El doctor Jarone Lee, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard y especialista en respuesta a desastres, señaló que después de cinco a siete días las posibilidades disminuyen considerablemente, aunque no desaparecen por completo.

para quienes vivimos en el Perú —uno de los países con mayor actividad sísmica del planeta, donde ciudades como Trujillo, Lima o Piura están sobre fallas activas— no debería ser solo una noticia lejana. Debería ser un ensayo mental.

En Venezuela, los equipos de rescate trabajan a contrarreloj para encontrar supervivientes antes de que se cierre ese período crucial. Según la cadena estatal venezolana, equipos de búsqueda procedentes de Chile, República Dominicana, El Salvador, México y Suiza llegaron al país.

No existe un límite exacto: los milagros también ocurren

Pero la biología humana puede sorprender. Existen casos documentados de personas rescatadas con vida después de más de una semana. Todo depende principalmente de la gravedad de las heridas, la disponibilidad de aire, de agua, la existencia de espacios protegidos entre los escombros y las condiciones ambientales.

Los ejemplos son reales y extraordinarios. Después del terremoto y tsunami de Japón de 2011, un adolescente y su abuela de 80 años fueron encontrados con vida después de nueve días atrapados. El año anterior, una joven haitiana de 16 años fue rescatada de los escombros del terremoto de Puerto Príncipe después de 15 días.

Cuando un edificio colapsa, empieza una cuenta regresiva. Los equipos de rescate lo llaman la «ventana de oro». Especialistas en medicina de desastres coinciden en que las primeras 24 a 48 horas representan el período más crítico para encontrar personas con vida.

Tras los terremotos de Turquía y Siria en 2023, dos hermanos fueron rescatados con vida aproximadamente ocho días después de haber quedado sepultados bajo los escombros.

En general, las autoridades sanitarias y de rescate consideran que el promedio de supervivencia de una persona atrapada es de entre tres y siete días. Pero ese promedio no es un techo. Es solo una guía para que los equipos de rescate prioricen recursos en los momentos más decisivos.

Hay un factor que casi nunca se menciona en los titulares: el estado mental también puede afectar la supervivencia. Las personas atrapadas junto a cadáveres, o que no tienen contacto con otros sobrevivientes o rescatistas, pueden perder la esperanza. La voluntad de sobrevivir no es metáfora —es medicina.

Los equipos de rescate trabajan con lo que llaman la «regla de los cuatro»: cuatro minutos sin aire, cuatro días sin agua y cuatro semanas sin comida. La deshidratación es el enemigo más inmediato después de las lesiones traumáticas directas.

¿Qué determina si alguien sobrevive?

No hay una respuesta única. Los especialistas identifican varios factores que marcan la diferencia entre vivir y morir bajo los escombros:

Si alguna vez quedas atrapado: lo que debes saber

Esto no es teoría. El Perú está sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico. Trujillo tiene fallas sísmicas activas en su entorno. La pregunta no es si habrá un sismo fuerte, sino cuándo. Y estas instrucciones pueden salvar tu vida o la de alguien que quieres.

No grites. Si te has quedado atrapado bajo objetos o escombros, lo primero que puedes tener la tentación de hacer es gritar, pero hacerlo puede provocar asfixia con el polvo.

Cúbrete la boca y la nariz. Usa la ropa que tengas a mano. El polvo de concreto puede dañar los pulmones en minutos.

Golpea, no grites. Usa un silbato o golpea con fuerza una pieza sólida del edificio tres veces cada pocos minutos. El personal de rescate escucha esos sonidos. Tres golpes rítmicos es la señal universal de socorro.

No te muevas más de lo necesario. Moverse sin visibilidad puede desestabilizar los escombros que te protegen. Conserva energía y oxígeno.

Si hay heridos, no los muevas. Si hay heridos graves, procura no moverlos hasta que lleguen los servicios sanitarios, a menos que corran un peligro inminente.

Usa el teléfono solo si es urgente. La señal puede ser escasa y la batería, tu único vínculo con el exterior.

Lo que puedes hacer hoy, antes de que tiemble

El terremoto de Venezuela es una oportunidad de aprender sin haber sufrido. Aquí, en el norte del Perú, esa oportunidad no debería desperdiciarse.

Arma una mochila de emergencia con agua (al menos tres litros por persona), comida no perecedera para tres días, linterna, botiquín básico, radio a pilas, silbato y documentos en una bolsa impermeable. Ten la mochila cerca de la puerta, es lo que recomienda el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI).

Identifica las zonas seguras dentro de tu casa: lejos de ventanas, bajo marcos estructurales sólidos, alejado de objetos que puedan caer.

Practica el protocolo «Cae, cúbrete y agárrate»: tirarse al piso, proteger la cabeza y el cuello con los brazos, y sostenerse de algo firme hasta que el temblor pase.

Y recuerda: como señalan los expertos, los terremotos no matan a la gente —lo que mata es el colapso de las infraestructuras. Pero la preparación puede cambiar esa ecuación.

Venezuela nos está mostrando lo que ocurre cuando la tierra decide moverse. El tiempo que tienen las personas atrapadas bajo sus escombros no es infinito. Pero tampoco es tan corto como para rendirse. Y nosotros, desde acá, aún tenemos tiempo para prepararnos.

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Ricardo Urquiaga
Ricardo Urquiaga
Es el segundo de tres hermanos y el más piña de los tres. Comparte lo que algunas personas meticulosas dicen sobre "usted es lo que usted come"; pero da más crédito a lo que la Biblia señala: usted es lo que usted piensa. Cree que con el tiempo la verdadera condición de corazón —o lo que es lo mismo, buenos o malos frutos— se manifiesta tanto en palabra como en acciones. Por eso es un convencido de que para cambiar el mundo se necesita producir buenos frutos.