Hay conversaciones que pueden llegar antes que una ambulancia. Empiezan con una pregunta breve —»¿estás pensando en hacerte daño?»— y continúan con algo que a veces resulta más difícil: quedarse, escuchar, no discutir con el dolor de la otra persona y buscar ayuda.
Este jueves 10 de setiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propone para 2026 el lema «Cambiar la narrativa sobre el suicidio», acompañado de una llamada a la acción: «Empezar la conversación».

La fecha fue establecida en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio y la OMS. El objetivo no es convertir una tragedia en espectáculo, sino desplazar el silencio, el estigma y los mitos hacia la prevención, la empatía y la atención oportuna.
En el Perú, las estadísticas dibujan una urgencia concentrada en edades tempranas. Entre enero y julio de este año, se registraron 2.457 intentos de suicidio, de acuerdo con cifras del Ministerio de Salud (Minsa).
De ese total, 1.210 correspondieron a personas de 18 a 29 años y 651 a adolescentes de 12 a 17 años. Juntos, ambos grupos suman cerca de siete de cada diez intentos notificados.

El aumento de los registros no significa, por sí solo, que los intentos hayan crecido en la misma proporción, pues también puede reflejar una mejor identificación y notificación por parte de los servicios de salud. Pero esa cautela estadística no reduce la urgencia clínica de cada caso. Un intento previo es, según la OMS, uno de los factores de riesgo más importantes para un suicidio posterior.
Suicidio en Perú: qué dicen los registros oficiales
El último consolidado anual publicado por el Minsa reportó 6.910 casos de envenenamiento o lesiones autoinfligidas intencionales atendidos durante 2024. El 73 % correspondió a mujeres y el 27 % a hombres. Por edad, el 35,9 % se presentó en adolescentes de 12 a 17 años y el 40,4 % —2.797 casos— en jóvenes de 18 a 29 años.
Ese mismo reporte indicó que el Sistema Informático Nacional de Defunciones registró 749 suicidios en 2024.
No hay una sola causa
Preguntar cuál fue la causa después de una muerte puede parecer una forma de ordenar los hechos. En salud pública, sin embargo, la respuesta rara vez cabe en una frase. La OMS describe el suicidio como un fenómeno multifactorial, en el que se cruzan condiciones sociales, culturales, biológicas, psicológicas y ambientales.
El Minsa señala que el 90 % de los casos de suicidio está relacionado con depresión, ansiedad u otros trastornos psiquiátricos, pero también subraya el peso de la violencia, el desempleo, la falta de apoyo y otros problemas sociales, familiares y personales.

La ideación suicida puede acumularse durante un periodo prolongado y, en una persona vulnerable, un acontecimiento específico puede actuar como detonante.
La OMS identifica como grupos especialmente vulnerables a personas refugiadas y migrantes, pueblos indígenas, población LGTBI y personas privadas de libertad, además de quienes han sufrido violencia, abuso, pérdidas o aislamiento.
Para el psicólogo David Llani Mosqueda Chota, coordinador de Servicios de Salud de la Universidad César Vallejo (UCV) en Trujillo, otro factor que debe observarse es la forma en que las personas viven una realidad percibida como cada vez más insegura.
Esa experiencia, sumada a vivencias previas y a la falta de apoyo, puede favorecer el desarrollo de problemas de salud mental. «Cada año aumentan por los diferentes motivos que atraviesan las personas”, sostiene el especialista, quien considera que las cifras muestran por qué el tema no debería seguir siendo un tabú.
Llani advierte también sobre el papel ambivalente de las redes sociales. Pueden servir para campañas preventivas porque permiten llegar a grandes audiencias, pero pueden agravar el malestar de quienes ya atraviesan pensamientos suicidas cuando se convierten en un escenario de comparación permanente.

Frente a imágenes de éxito, viajes y satisfacción, una persona frágil puede sentir que su propia vida queda rezagada. Por eso recomienda que madres, padres y cuidadores presten atención a lo que ven sus hijos y, sobre todo, a las emociones que esas publicaciones les provocan: no todo lo que aparece en internet muestra la vida real.
El especialista recuerda que algunos adolescentes pueden presentar pensamientos suicidas desde los 12 años. En esos casos, una idea que no encuentra escucha ni atención puede desarrollarse con el tiempo. La prevención, insiste, busca intervenir antes de que el sufrimiento se vuelva una emergencia.
Atento a estas señales
Ninguna señal permite predecir por sí sola un suicidio. Pero algunos cambios exigen conversación y atención, especialmente si aparecen de forma repentina, se intensifican o se combinan con un intento previo.
Entre las señales descritas por el Minsa se encuentran:
- Hablar de que la vida no tiene sentido, expresar desesperanza o decir que quisiera dormir y no despertar.
- Aislarse, despedirse, regalar pertenencias o preparar asuntos personales.
- Presentar cambios marcados en el sueño, la alimentación, el rendimiento escolar o laboral.
- Perder interés en actividades que antes disfrutaba y descuidar su apariencia personal.
- Mostrarse muy agitado, irritable, triste, ansioso o atrapado en un dolor emocional o físico.
- Buscar formas de hacerse daño, hablar de un plan o tener acceso a medios con los que podría lesionarse.
- Atravesar una crisis reciente, una ruptura, violencia, abuso, una pérdida, problemas económicos o consumo problemático de sustancias.
La primera señal, explica Llani Mosqueda , puede ser un cambio en el estado de ánimo: alguien alegre y sociable que deja de comportarse como antes. A ese cambio pueden sumarse el aislamiento, la pérdida de energía y una manera cada vez más derrotista de interpretar la realidad.
Frases como «la vida vale poco» o «¿para qué seguir viviendo si las cosas no van bien?» deben llamar la atención del círculo cercano, sobre todo cuando aparecen junto con otras señales.
Ante esas expresiones, el psicólogo recomienda no abrumar a la persona. Acompañar, dice, exige comprender antes de responder y medir el impacto de las palabras.
Comentarios aparentemente casuales sobre el cuerpo, la inteligencia o el valor de alguien pueden profundizar una herida en quien ya se encuentra en una situación de fragilidad. Escuchar sin juzgar no significa aprobar el sufrimiento, más bien, significa crear las condiciones para que la persona acepte ayuda.
Qué hacer ante una emergencia
Si alguien dice que quiere morir, tiene un plan, ha intentado hacerse daño o está en peligro inmediato, la prioridad es la seguridad física:
- Quédate con la persona y habla con voz calmada. Escucha más de lo que explicas.
- Pregunta directamente si piensa suicidarse y si está en peligro ahora. No discutas ni intentes convencerla con frases hechas.
- Aleja, si es posible sin ponerte en riesgo, los objetos o sustancias con los que podría hacerse daño.
- Avisa a un familiar, adulto responsable o persona de confianza. No cargues la situación en soledad.
- Busca atención urgente en el establecimiento de salud o servicio de emergencias más cercano. Si hubo una lesión o intoxicación, no esperes a que se le pase.
- Llama gratis al 113 y marca la opción 5, salud mental y psicología. La Línea 113 atiende las 24 horas, todos los días, desde teléfonos fijos o celulares en todo el país. También recibe mensajes por WhatsApp o Telegram en el 955 557 000 y el 952 842 623.
Para atención especializada, el Minsa cuenta con 306 Centros de Salud Mental Comunitaria. Ante conductas autolesivas o riesgo de suicidio, se puede acudir directamente al centro más cercano, sin referencia; el directorio oficial permite ubicar direcciones y teléfonos.
Este 10 de septiembre, la conversación no tiene que ser perfecta. Tiene que ser posible. A veces empieza con una pregunta. A veces, con una llamada al 113. Y a veces, con la decisión sencilla de no dejar a alguien solo frente a una emergencia que todavía puede cambiar de rumbo.
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