He podido ser tu hijo o hija, hermano o hermana, padre o madre, amigo, el amor, o simplemente un trujillano como tú, que esa noche quiso salir a pasear y comer y jugar y vivir, reír y conversar, como cualquier día, como en cualquier momento.
Sólo recuerdo el ruido, la oscuridad, los gritos, el miedo, mis lágrimas y un silencio absoluto, mi voz ya no se escuchaba, mis gritos se perdían en el infinito, mi ser volaba en el viento, hacia la eternidad.

Tragedia en Real Plaza: las preguntas que siguen sin respuestas
¿Por qué se cayó ese techo del Real Plaza, a esa hora, en ese momento? ¿Por qué nadie se preocupó por nosotros, por las personas que asistimos a ese centro comercial a pasar un buen rato y disfrutar de la vida? ¿Por qué no se hicieron los mantenimientos correspondientes, por qué no se reforzó la seguridad, por qué se escatima dinero para proteger la vida, la salud y la integridad de las personas?
¿Por qué las autoridades no cumplieron su función, por qué no controlaron mejor los estándares de calidad exigidos y los requisitos para albergar seres humanos que vivimos en esta ciudad y que asistimos a este lugar sin importar edad, religión, sexo, raza y/o condición social?

¿Por qué los políticos de siempre y de nunca aprovechan nuestro silencio para perorar sus discursos, utilizando lo ocurrido para aprovechar el momento y tomarse la foto de rigor, con palabrerías que ni ellos se las creen ni quienes los rodean ni absolutamente nadie, pero, según ellos, necesario para tranquilizar a la tribuna?
¿Por qué los incógnitos de las redes sociales despotrican su odio, generan rumores e inventan historias que afectan, a quienes hemos dejado aquí, para enfrentar el dolor de nuestro vuelo?
¿Por qué la impunidad, la corrupción, la desidia, las mentiras, la ambición, la estupidez permitieron este silencio, este dolor y esta indignación? ¿Qué más debe pasar para tomar conciencia y actuar conforme a principios básicos de convivencia, para que nuestras autoridades cumplan la función para la que fueron elegidos o designados, para que las entidades privadas cumplan con proteger a quienes son el fundamento de su existencia, de sus ganancias, del sistema en el que funcionan, que más debe pasar que tú cambies y cambie nuestro país?

¿Por qué me arrebataron la risa, la alegría, a mi familia, mi vida?
Tantas preguntas cuyas respuestas nunca escucharé, tantas cosas que nunca veré, tanto sufrimiento absurdo y esta frustración de no poder decir: ¡BASTA YA!
Espero que el grito de nuestro silencio permanezca en el tiempo, que no se cubra de olvido ni de lamentos ni de mentiras ni de politiquería barata, y sirva para que mi ciudad y mi país encuentren al camino correcto hacia la paz social y desaparezca la impunidad como modus vivendi, como la moneda corriente del día a día, como realidad, porque, finalmente, el silencio de los inocentes siempre es y será el grito más fuerte.
Carlos Talledo Manrique
Abogado Constitucionalista



