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Saniel Lozano Alvarado: las virtudes de un amauta

El destacado profesor y escritor liberteño recibió las Palmas Magisteriales, un reconocimiento a su excelencia y contribución significativa a la educación del Perú.

Ahora que recibe todo tipo de muestras de cariño, ahora que vive una pulsación suigéneris porque recibió el máximo reconocimiento que el Estado peruano otorga a un profesor, Saniel Lozano Alvarado practica la mejor de las virtudes: la gratitud. 

Acaba de salir de clase y, sentado en una banca de la Universidad Privada Antenor Orrego, con esa voz tibia y agradable como «el color de los patios de las casas tranquilas cuando llega el verano…», evoca a sus maestros, aquellos que lo salvaron o lo remecieron o que lo transformaron.

Cuando estudiaba primaria en su natal Salpo, un pueblo encajado en la sierra de La Libertad, llegó Luis Bauer Miranda, profesor de día y virtuoso exponente del violín por las noches. Él le extendió su primer diploma: una cartulina corriente comprada en la tienda y llenada a puño y letra.

También, recuerda a un hacendado que lo premió con el equivalente actual de cien soles por sus buenas calificaciones.

Llegó Luis Bauer Miranda, profesor de día y virtuoso exponente del violín por las noches. Él le extendió su primer diploma: una cartulina corriente comprada en la tienda y llenada a puño y letra.

Luego, revive al español Antonio González Villaverde, un exiliado por la guerra civil de su país, que le enseñó en la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). «A veces, lo considero inimitable, inalcanzable», admite.

Valora a Eduardo Quirós Sánchez, docente, periodista, académico, quien le preguntó eso que se pregunta para abrir universos: «Tú, ¿por qué no escribes en el periódico?». Y así, Saniel Lozano se inició en la difusión del conocimiento.

También, aparece Héctor Luján Peralta, quien, cuando Lozano quedó huérfano por la muerte de su madre, le tendió una mano para que terminara la secundaria. Luego, fue fundamental para que ingresara a trabajar a la UNT.  

En seguida, en sus evocaciones, emerge la figura de su padre, y empieza a practicar otras de sus virtudes: el amor y el respeto.

Con mi padre empezó todo, acentúa.

Su vocación, pasión y compromiso con la literatura aparecieron cuando miraba a su papá —un obrero mil oficios y sin primaria completa— leer. A veces, lo sentaba en su regazo para que lo acompañara. Es un paisaje sepia y melodioso: en un pueblo de la sierra, un padre carga a su hijo y lee bajo la luz de las velas.

El profesor Saniel recuerda con precisión que su progenitor leía absorto y, a veces, en voz alta, la revista chilena Lea, la cual publicaba amplios reportajes sobre la guerra de las dos Coreas.

«Mire, como es la vida, debe haber algo de profecía», apuntala unos 70 años después, días previos, al 11 de setiembre, cuando recibirá las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta, honor que comparte con personajes de la talla de José María Arguedas, Julio Ramón Ribeyro, Jorge Basadre, Ricardo Palma, Julio C. Tello, entre otros.

El profesor Saniel recuerda con precisión que su progenitor leía absorto y, a veces, en voz alta, la revista chilena Lea, la cual publicaba amplios reportajes sobre la guerra de las dos Coreas.

Una profecía es un juicio que se forma de algo por las señales que se observan de ello. Saniel Lozano cree que esas lecturas de niño sobre los países de Oriente fueron el preámbulo de su estadía de 2 años —para dictar clases de castellano— en Corea del Sur.

Acto seguido, su permanencia en esa lejana nación, fue el prefacio para mudarse por un año a España y actuar como asesor de una tesis de doctorado de la prestigiosa Universidad Complutense de Madrid.

«Ninguno de los premios que he recibido me ha envanecido; pero, creo que tampoco son casualidades, sino el reconocimiento a una entrega, a una vocación, a un esfuerzo», enumera.

Leer y escribir, dice, son como respirar. «No me imagino en otra actividad que no sea la literatura; no hay día que no lea, que no escriba, aunque sean borradores».

Ha publicado numerosas obras, algunas de ellas fundamentales para entender la producción literaria infantil y juvenil, y otras que ayudan a usar la palabra para crear. Incursionó en el ensayo, la crítica, textos universitarios, narrativa, poesía y ha sido incluido en vigorosas antologías.   

Bruno Cépeda
Docente y escritor

El doctor Saniel Lozano Alvarado tiene un lugar preponderante en el Parnaso literario del Perú y de la región La Libertad, merced a la construcción de su portentosa narrativa, su dulce producción lírica, su pertinaz investigación lingüística y su aguda, pero certera, crítica literaria. Honor y gloria al maestro Saniel Lozano, ahora y para la eternidad Amauta de la educación peruana.

Pero no se jacta por lo que ha escrito, sino por lo que ha leído. «No sé cuántos libros tengo leídos. No sé cuántos miles», dice como si hubiera pecado.

Aparecen, de pronto, otras de sus virtudes: la generosidad, la cual materializó desde su niñez en una tarea, similar a la que el nobel Mario Vargas Llosa realizó cuando era cadete en el colegio militar: escribir cartas de amor a pedido de sus compañeros.

No hay gesto más bondadoso que el de unir corazones.  «A veces, las chinas (chicas), me pagaban con chancaquitas, con pastelitos para dar la respuesta a los muchachos», ríe.

Palmas Magisteriales: amauta Saniel Lozano

Instituida en 1949 durante el mandato del presidente Manuel A. Odría, la condecoración de las Palmas Magisteriales es una distinción estatal que honra a docentes e intelectuales peruanos cuya labor ha impulsado significativamente el progreso en los ámbitos de la educación, la ciencia, la cultura y la tecnología.

Juan José Bringas
Docente y periodista

El profesor Saniel Lozano ha sido para mí, maestro, referente y ahora entrañable colega. Su sabiduría y generosidad marcaron a generaciones de alumnos, dejando una huella imborrable en nuestra formación profesional y humana. Que reciba las Palmas Magisteriales como amauta es también un premio a nuestra gratitud y admiración eternas, un reconocimiento que dignifica la enseñanza y honra la pasión con que entregó siempre su vida al conocimiento.

La orden presenta tres categorías de reconocimiento: grado Amauta (el grado más alto, concedido a educadores o intelectuales con una trayectoria académica excepcional y reconocida en los campos de la educación, la ciencia o la cultura), grado Maestro (para profesionales que han ejercido la docencia con una trayectoria destacada) y grado Educador (para docentes que se distinguen por su excepcional calidad educativa).

A Saniel Lozano los postuló la Facultad de Educación y Humanidades de la UPAO, donde es un docente destacado.

«Yo elegí ser maestro», repite, y es evidente que su vida está signada por la sabiduría, esa virtud que se materializa en la capacidad de integrar el conocimiento y comprender profundamente las experiencias para tomar decisiones correctas.

Así, Saniel Lozano expone que el perfil del docente que necesita la sociedad está singularizado por su corrección moral y su permanente actualización: ser un estudioso. «En Corea del Sur aprendí, también, que el docente es padre de los alumnos».

Saniel Lozano, Palmas Magisteriales

Escribir es un don, postula, porque no basta con emplear bien el lenguaje, leer y escribir bien, sino con lo que viene por dentro, lo que da vida.

¿Qué vida se vive en estos tiempos podados por las tecnologías? Escucha una cita del mexicano Juan Villoro: «Ahora, debido a los sistemas de verificación, somos los humanos quienes tenemos que decirle a las máquinas que no somos robots».

Saniel Lozano, con ironía, apuntala: «Pero lo somos».

«Recién entiendo la diferencia entre persona e individuo. El individuo es todo miembro de su especie. Igual vivimos, igual comemos, igual nos divertimos, igual nos distraemos. Cuando el individuo se orienta por valores, aparece la persona, que es la encargada de encender los faros de la sociedad. Lamentablemente, faltan personas», dice el amauta.

César Clavijo Arraiza
César Clavijo Arraiza
Nació en un desierto frente al mar, donde solo crecen árboles de algarrobos. Dice que le gustan todas las frutas, pero en los últimos meses se ha decantado por el pepino, de origen andino; pero con una mala fama: se cree que si se consume después de beber licor puede causar la muerte. Periodista, escritor, docente, padre y esposo. Es torpe con la pelota, pero ama jugar fútbol. En el 2018 publicó "Tercera persona"; en el 2023, "No todo se queda en la cancha". Terminó un doctorado en comunicaciones.