Por primera vez en la historia del fútbol, un país anfitrión del Mundial recibe a una nación con la que está en guerra. La Copa del Mundo 2026, organizada conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá, presenta la anomalía de que Irán dispute sus partidos en suelo estadounidense mientras ambos países mantienen hostilidades militares activas tras los ataques conjuntos de febrero.
La rareza se extiende a lo logístico: el equipo iraní tuvo que reubicar su base en Tijuana, México, y solo se le permite ingresar a EE. UU. un día antes de cada partido, debiendo salir inmediatamente después.


