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‘Mufasa: El rey león’: una gran historia que no convence

Tal vez, pensar que las secuelas son solo rellenos irrelevantes, sin más propósito que abultar las arcas de las casas productoras, sea un juicio apresurado. Por poco, esta cinta logra romper ese esquema.

Mufasa: El rey león (Barry Jenkins, 2024), la secuela de El rey león en su versión live-action, supera ampliamente a su antecesora en calidad técnica porque otorga mayor expresividad a los animales de la selva africana. Sin embargo, en cuanto a la historia, merece un análisis más profundo.

Desde su estructura narrativa, el recurso de contar la vida del abuelo a una pequeña niña conecta de manera efectiva con el público. Esta fórmula logra captar nuestra atención y genera simpatía por la forma en que se desarrolla la trama.

Además, el narrador enriquece el relato de manera acertada, lo cual se complementa con las interrupciones cómicas de Timón y Pumba, quienes aportan el toque de humor fresco.

No obstante, la cinta tarda en despegar. Es más allá del primer cuarto de hora cuando logra enganchar, gracias a la acción, los enfrentamientos y la travesía hacia un reino de fantasía.

Mufasa

La interacción entre los personajes, durante la primera parte y su transformación en un grupo variopinto, se siente natural. Los temas de lealtad, dudas y química entre ellos resultan creíbles.

Sin embargo, el protagonista está construido de forma excesivamente predecible como el héroe ideal: un líder carismático, que sabe escuchar y cuenta con habilidades destacadas. Esta sobreconstrucción le resta autenticidad y deja la impresión de que todo está diseñado únicamente para ensalzarlo.

La hermandad está plasmada de manera correcta, desde los gestos cariñosos y las travesuras hasta el cuidado mutuo y la defensa entre hermanos.

Sin embargo, este vínculo se quiebra de forma abrupta y poco convincente, impulsado únicamente por los celos.

Este giro resulta exagerado y casi irreal, presentando un conflicto forzado que busca desestabilizar una relación construida durante años.

Aunque la personalidad de Taka insinúa rasgos oscuros, su lado luminoso y amor fraternal siempre prevalecían, lo que hace que su transformación sea menos creíble.

La hermandad está plasmada de manera correcta, desde los gestos cariñosos y las travesuras hasta el cuidado mutuo y la defensa entre hermanos. Sin embargo, este vínculo se quiebra de forma abrupta y poco convincente, impulsado únicamente por los celos.

Por otro lado, los villanos, representados como una pandilla que arrasa con todo a su paso, se muestran hostiles y violentos, causando terror entre sus víctimas. Este aspecto está bien transmitido en el relato narrado por Rafiki, que aporta una atmósfera adecuada al cuento.

En el apartado técnico, casi todos los elementos —los animales de la selva, los paisajes, las texturas, los colores y demás aspectos artísticos— lucen sobresalientes.

Sin embargo, Timón y Pumba siguen viéndose tan poco logrados como en la primera entrega, lo que desentona con el resto de la producción.

En términos generales, la película resulta interesante y presenta una propuesta algo diferente, aunque no lo suficiente como para considerarla completamente novedosa.

Se siente como la continuación de un episodio de una serie de Disney: entretenida, pero lejos de ser extraordinaria.

Mufasa casi logra destacar como una secuela que rompe con lo convencional, pero pierde su rumbo y termina siendo algo más del montón.

Por ahí leí que los grandes estudios padecen una extraña enfermedad llamada ‘seculitis’, de la que no parecen querer curarse. Y somos los espectadores quienes pagamos el precio, deseosos de entretenimiento original, pero recibimos más de lo mismo.

Cuesta imaginar que algún día nos ofrecerán una película completamente nueva e interesante, creada sin la intención prioritaria de llenar sus bolsillos. Solo queda esperar que despierten y se atrevan a explorar otros tipos de contenidos.

Federico Sabana Vega
Federico Sabana Vega
(Chicama, 1980) Maestro en Educación, con estudios de Doctorado en Comunicación Social, docente universitario, cinéfilo en rehabilitación, seriéfilo por decisión, adicto a la cultura friki, promotor y realizador de eventos culturales. Organizador, gestor y promotor del Trujillo Cómic.
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